La Obra en Fundación, Magdalena, está de fiesta

Sus comienzos se remontan a los primeros meses de 2001, cuando Gustavo Otero sostenía conversaciones frecuentes con el padre Álvaro Gómez, entonces párroco de María Auxiliadora en la ciudad. Fue él quien, con sencillez y convicción, le propuso a Gustavo conocer el Opus Dei como un camino concreto de santificación en medio de la vida ordinaria.

En Fundación, ciudad situada en el departamento del Magdalena, en plena costa Caribe colombiana —allí donde el calor abraza con intensidad y el viento arrastra el aroma de los cultivos y de la tierra fértil—, se levanta un enclave dinámico que ha sabido conjugar tradición y progreso. A unos 130 kilómetros de Barranquilla, conectada por carreteras que atraviesan extensas sabanas y zonas agrícolas, Fundación se distingue como un importante núcleo comercial, agrícola y ganadero, favorecido por su ubicación estratégica y por una infraestructura que, aunque modesta en algunos aspectos, resulta vital para la vida económica de la región.

Conocida por la calidez de su gente, su hospitalidad sincera y su profundo arraigo cultural —visible en sus festividades, en su música y en sus tradiciones—, esta ciudad ha sido, desde hace veinticinco años, escenario del crecimiento silencioso pero fecundo de la labor del Opus Dei.

Sus comienzos se remontan a los primeros meses de 2001, cuando Gustavo Otero sostenía conversaciones frecuentes con el padre Álvaro Gómez, entonces párroco de María Auxiliadora en la ciudad. Fue él quien, con sencillez y convicción, le propuso a Gustavo conocer el Opus Dei como un camino concreto de santificación en medio de la vida ordinaria. Sin haberlo previsto, el padre Álvaro se convirtió en el inspirador de una labor que hoy celebra sus primeros veinticinco años y que ha dado ya más de treinta frutos vocacionales.

Los primeros contactos

En abril de 2001, movido por esa inquietud naciente, Gustavo emprendió viaje hacia el municipio de El Retén, atravesando caminos calurosos y polvorientos, en busca de un sacerdote diocesano que pertenecía al Opus Dei y que entonces era párroco de aquella localidad. Lo acompañaba un amigo que compartía sus mismas inquietudes espirituales.

Fueron recibidos por el padre Jovani Restrepo, sacerdote de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, quien, con la alegría y el entusiasmo que lo caracterizan, no solo acogió sus preguntas, sino que se ofreció generosamente a darles a conocer el espíritu del Opus Dei y la doctrina cristiana.

Así, casi sin ruido, el Señor comenzaba a tejer su obra en aquella ciudad.

El 25 de abril de 2001, en el salón del Club Rotario de Fundación —un espacio civil que reflejaba el carácter abierto e inserto en el mundo de la Obra—, se iniciaron los primeros medios de formación. El padre Jovani quiso evitar espacios eclesiásticos tradicionales, como salones parroquiales o templos, con el propósito de subrayar desde el principio la grandeza de la vida ordinaria como camino de encuentro con Dios.

Desde entonces, miércoles tras miércoles, perseveraron en esa cita formativa. Apenas unos meses después, el 12 de agosto de ese mismo año, en Medellín, el padre Jovani tuvo la oportunidad de comentar brevemente esta incipiente labor a monseñor Javier Echevarría, entonces prelado del Opus Dei.

La respuesta de don Javier quedó grabada como un verdadero impulso fundacional:

“En Fundación, ¡una fundación!”

Con esa expresión —sencilla y profética— nacía formalmente esta labor en un lugar que no figuraba inicialmente en los planes ni en los mapas apostólicos de la Prelatura.

A partir de 2003, una delegación creciente de participantes comenzó a asistir al curso de retiro de Semana Santa en Bonga, casa de retiros del Opus Dei en el Caribe colombiano, tradición que, con perseverancia, se ha mantenido hasta hoy.

En 2004 dieron un paso importante al alquilar la primera casa destinada exclusivamente a acoger las actividades y los medios de formación en Fundación.

Los primeros ajustes

Dado que se trataba de una iniciativa surgida de manera espontánea —impulsada por un sacerdote diocesano y por fieles entusiastas de la región—, el desarrollo inicial de las actividades tuvo un carácter marcadamente intuitivo.

Además, no resultaba sencillo asegurar la continuidad de la atención espiritual en una ciudad situada a considerable distancia de Barranquilla, el centro más cercano del Opus Dei. El trayecto, que exigía varias horas de desplazamiento bajo el intenso clima caribeño, representaba un desafío logístico significativo.

En esos primeros tiempos, las actividades se desarrollaban de manera integrada entre hombres, mujeres y jóvenes. Dos sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz acompañaban espiritualmente al grupo. Sin embargo, a comienzos de 2007, conforme a las normas diocesanas sobre permanencia parroquial, el padre Jovani y el padre Fernando fueron trasladados a otras zonas.

Ante esta circunstancia, los propios asistentes asumieron con generosidad la continuidad de la formación: recopilaban materiales, artículos y notas disponibles en la página web del Opus Dei, preparaban guiones y transmitían entre sí las enseñanzas recibidas, dando origen a las primeras catequesis sostenidas por iniciativa local.

El “Plan de vida”

Plan de vida (extracto de la homilía, El trato con Dios, pronunciada por san Josemaría el 5 de abril de 1964).

Plan de vida (Voz del diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer).

El «plan de vida» en las enseñanzas del Beato Josemaría.


La insistencia de Gustavo, del padre Jovani y de muchos otros dio fruto: comenzaron a llegar los primeros sacerdotes de la Prelatura, como Javier Abad y Juan de Dios Hoyos, provenientes del centro Astilleros de Barranquilla. Junto a ellos, fieles laicos de Barranquilla y Bogotá iniciaron visitas periódicas —primero esporádicas, luego mensuales— para fortalecer la formación y transmitir el espíritu del Opus Dei.

En medio de este crecimiento surgió una dificultad significativa: la imposibilidad de mantener la casa alquilada por falta de recursos. Esto obligó a trasladar las reuniones de un lugar a otro, encontrando acogida en distintos hogares: el de Manira, el de la familia Belmonte, el de Luisa, el de Rosa y el de otros tantos que abrieron sus puertas con generosidad.

Una nueva etapa: Casa Linda

La segunda etapa de esta historia se abre gracias a Guillermo y Linda, quienes ofrecieron su hogar como lugar estable para el desarrollo de la labor. Así, el 13 de marzo de 2013, nació lo que hoy se conoce como Casa Linda, un espacio que con el tiempo se consolidó como centro neurálgico de las actividades, y en cuyo oratorio se reserva el Santísimo las veinticuatro horas.

En 2014, el padre Javier Abad, ya nuevamente establecido en Barranquilla, decidió visitar Fundación para conocer el estado de aquella pequeña iniciativa que había visto nacer años atrás. Su sorpresa fue profunda: según sus propias palabras, encontró allí “toda una Obra de Dios”.

Desde entonces, sus visitas se hicieron cada vez más frecuentes: de mensuales pasaron a quincenales e, incluso, en ocasiones, semanales, fortaleciendo significativamente la vida espiritual de los participantes de la labor.

En 2015, año en que don Javier Echevarría regresó a Colombia —el mismo que años antes había alentado: “En Fundación, ¡una fundación!”—, surgieron las primeras vocaciones de supernumerarios, lo que garantizó una presencia más estable y comprometida de la Obra en la región.

A partir de 2017 se sumó también Germán, quien desde Bogotá ha contribuido con viajes frecuentes, integrándose activamente a la vida de esta familia espiritual.

La fuerza silenciosa de muchas personas

La labor de las mujeres ha sido, y sigue siendo, fundamental. Sin su entrega constante, esta historia no habría sido posible. Nombres como Luisa, Jackelin, Rosa, Sandy, las dos Lauras, María Elena y Mary —entre muchas otras— representan ese servicio silencioso y eficaz que ha sostenido las múltiples actividades a lo largo del tiempo.

El 21 de diciembre de 2019 fue bendecido el oratorio de Casa Linda, consolidando definitivamente el lugar como centro de formación espiritual para fieles, cooperadores y amigos.

Desde 2018, Fundación ha extendido su influencia apostólica hacia otros lugares, acompañando la labor en Valledupar y llegando a poblaciones cercanas como Bosconia y Aracataca, e incluso a localidades más retiradas como Pivijay, donde también han surgido nuevas vocaciones.

Un presente fecundo y un futuro esperanzador

Hoy, desde Fundación —esa ciudad cálida, trabajadora y profundamente humana— celebran también los 75 años del Opus Dei en Colombia, que se conmemoran el próximo 13 de octubre.

Y lo hacen con la mirada puesta en el futuro, soñando con muchos aniversarios más de esta labor vibrante, discreta y profundamente transformadora, que ha echado raíces en medio del calor caribeño, de las distancias desafiantes y de una comunidad que ha sabido responder con generosidad y fe.