La cifra exacta no se conoce, pero en el mundo se han repartido millones de estampas para la devoción privada de San Josemaría. Están traducidas a más de 80 idiomas y, en cada país donde hay labor del Opus Dei —como Colombia— existen oficinas que reciben los testimonios de agradecimiento por los favores que muchos atribuyen a su intercesión; posteriormente, todos estos se recopilan en una sede central en Roma. A simple vista son apenas una imagen acompañada de una breve oración, pero en la práctica se han convertido en una de las formas más sencillas, cercanas y universales de transmitir una devoción que no deja de crecer.

Ese crecimiento tiene también una historia muy concreta en Colombia, donde estas estampas han encontrado un camino silencioso pero constante. Cada tres años se imprimen alrededor de 150 mil ejemplares en distintos formatos: algunos pensados para niños, otros tipo tarjeta de crédito —con solo la fotografía y la oración— y el formato tradicional, que incluye además una breve biografía al respaldo.
Aunque su distribución comienza principalmente en ciudades donde hay presencia del Opus Dei, rápidamente desbordan ese ámbito: llegan pedidos desde lugares tan diversos como Leticia, San Andrés, la Sierra Nevada de Santa Marta, Tasajera, Zipaquirá o Garzón, en el Huila. En muchos casos, basta con que una persona escriba a la oficina de información para que reciba por correo un pequeño paquete destinado a la oración en familia.

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Es muy común, además, que estas estampas circulen en momentos de necesidad. Cuando alguien atraviesa dificultades —de trabajo, salud o cualquier otra circunstancia— suele pedir a familiares y amigos que le ayuden a rezar a San Josemaría, y muchas veces reparte estampas para unir esa intención. Así, la petición se vuelve compartida, casi comunitaria: una cadena de personas que, cada una desde su realidad cotidiana, se encomienda con la misma oración. De este modo, lo que empieza como una situación personal termina convirtiéndose también en una experiencia de fe vivida en compañía.

La historia de estas estampas se remonta a 1975, pocos meses después del fallecimiento de San Josemaría, ocurrido el 26 de junio en Roma. En ese momento, miles de personas solicitaron iniciar su causa de canonización y enviaron testimonios de favores que atribuían a su intercesión. Entre diversas iniciativas propuestas por amigos y fieles, surgió una idea sencilla y eficaz: una tarjeta con su imagen, una oración y una breve biografía. Así nacieron las primeras estampas, encabezadas entonces como “Siervo de Dios Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei”.
El contexto no era menor: ese mismo año se cumplían también 50 años de su ordenación sacerdotal, y él mismo, décadas atrás, había mandado imprimir unas pequeñas estampas como recuerdo de su primera misa. Sin embargo, lo que ahora comenzaba era distinto: ya no se trataba de un recuerdo personal, sino de una respuesta espontánea de miles de personas agradecidas por su mensaje, centrado en amar a Dios en lo ordinario, en el trabajo, en la vida diaria.
Antes de su difusión, las estampas recibieron la aprobación de la Iglesia, y la oración fue cuidadosamente redactada para recoger la esencia de su enseñanza: encontrar a Dios en el ejercicio del trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes cristianos. Desde entonces, esa oración prácticamente no ha cambiado. De hecho, la Iglesia diseña estos textos con precisión teológica para evitar modificaciones doctrinales, de modo que las únicas variaciones reales a lo largo del tiempo han sido los títulos —Siervo de Dios, Beato, Santo— y las fórmulas jurídicas correspondientes.

Entre 1975 y 1992, las estampas se difundieron bajo el título de Siervo de Dios e incluían una nota legal, derivada del Decreto de Urbano VIII, que aclaraba que no se trataba de culto público. Tras la beatificación de san Josemaría por Juan Pablo II en 1992, el encabezado se actualizó a “Beato Josemaría Escrivá de Balaguer” y se eliminó esa cláusula. Finalmente, con su canonización el 6 de octubre de 2002, el título pasó a ser el definitivo: “San Josemaría Escrivá de Balaguer”, con culto universal, y la oración quedó establecida en la forma que hoy se conoce.
Con el paso del tiempo, estas estampas no solo se han traducido a múltiples idiomas, sino que también han adoptado distintos formatos. En Colombia, por ejemplo, además de las versiones tradicionales, se han producido estampas en forma de imán para la nevera, ediciones conmemorativas por aniversarios del Opus Dei y una especial por el centenario de la ordenación sacerdotal de San Josemaría en 2025. Sin embargo, más allá del diseño, lo que realmente llama la atención es su forma de circular: aparecen en taxis, en centros médicos, en oficinas, en parroquias, en mochilas escolares o guardadas en una billetera.

Casi siempre llegan de la misma manera: alguien decide regalarla.
No hay detrás una gran estrategia, sino una suma de gestos personales: alguien que la entrega en un bus, otro que la ofrece después de una misa, alguien que la incluye en un sobre o la deja sobre una mesa. Ese intercambio discreto ha dado lugar a innumerables historias. Una de las más conocidas es la del médico Manuel Nevado Rey, cuya curación fue reconocida como milagro en el proceso de canonización de San Josemaría. Él conoció su figura precisamente porque alguien le regaló una estampa al notar la grave enfermedad que padecía en las manos. Tiempo después, al no encontrar tratamiento y acudir con sencillez a su intercesión, experimentó una recuperación completa e inexplicable desde el punto de vista médico. Como enseña la tradición cristiana, los milagros los hace Dios, pero los fieles acuden a quienes consideran cercanos a Él para pedir ayuda.
En Colombia, esta costumbre de regalar estampas tiene momentos especialmente intensos. Cada 26 de junio, día en que se celebra la fiesta de San Josemaría, aumenta significativamente su distribución. También ocurre en temporadas de primeras comuniones y bautizos, en las que muchas familias las solicitan para entregarlas como recuerdo. Así, las estampas siguen pasando de mano en mano, de celebración en celebración, de familia en familia.
A lo largo de estos cincuenta años, muchas personas han conocido el Opus Dei o se han acercado a la fe precisamente por ese gesto mínimo: recibir una estampa en un avión, en una cafetería, en una iglesia o en una conversación casual. En un mundo marcado por la inmediatez digital, resulta llamativo que un objeto tan simple conserve su fuerza.
Quizá la clave esté precisamente ahí. En que no pretende imponerse, sino acompañar. En que cabe en cualquier lugar. En que se puede guardar sin esfuerzo y volver a encontrar en el momento menos pensado.
Y así, mientras millones de ellas siguen circulando por el mundo, en Colombia continúan su recorrido silencioso: cruzan ciudades, ríos y montañas, llegan a islas, selvas y pueblos apartados, y siguen recordando, en pocas palabras, una idea que no cambia con el tiempo: que es posible encontrar a Dios en lo ordinario de cada día.
📂Descarga la novena en formato PDF: Novena a san Josemaría Escrivá de Balaguer.
• Primer día. La santificación del trabajo
• Segundo día. Santificación del hogar y la familia
• Tercer día. Santificación del mundo
• Cuarto día. Nuestro fundamento: somos hijos de Dios
• Quinto día. La unidad de vida
• Sexto día. Progresar en virtudes
• Séptimo día. Enseñar la doctrina cristiana
• Octavo día. Medios para ser fieles
• Noveno día. Cristo, María y la Iglesia

