“La aventura del matrimonio” (III): Buscando un faro

En el matrimonio, el camino cristiano se recorre en dos. Pero, ¿cómo se hace para meter a Jesús en la propia casa?

Series monográficas

A continuación, te proponemos preguntas y textos para reflexionar. Pueden servir para aprovechar este video personalmente, en reuniones con tus amigos, en tu escuela o en tu parroquia.

Preguntas para el diálogo

— Ante la situación de crisis matrimonial, ¿qué tipo de búsqueda emprende Sole?

— ¿Cuál dirías que fue el principal descubrimiento que Sole hace en la experiencia del retiro?

— ¿Qué actitud asume Juampi ante el acercamiento de Sole a la fe?

— ¿Qué prácticas cotidianas incorporaron a la vida de su familia? ¿Qué respuesta obtuvieron de los hijos?

— ¿A qué se refiere cuando ella dice: “Necesito ir”? ¿Y él cuando dice: "Yo experimenté la gracia"?

— ¿A qué se refiere Juanmpi con “estar en paz con uno mismo”? ¿Qué consecuencia atribuye Sole al acercamiento de los dos a la vida espiritual?

Propuestas de acción

— Buscar la manera de que cada uno en su matrimonio dé un paso para crecer en vida espiritual: hacer un retiro espiritual, frecuentar la confesión y la comunión, comenzar a recibir dirección espiritual, respetar y valorar los distintos modos en que cada uno procura crecer en su vida de fe…

—Ubicar un lugar en casa y un momento concreto (diario o semanal) para rezar. Ir construyuendo una pequeña biblioteca de textos sobre la vida cristiana y de espiritualidad, para el uso de toda la familia.

— Aprovechar y generar oportunidades para compartir con tus amigos y compañeros de trabajo tu experiencia de “traer a Jesús a casa”.

Meditar con la Sagrada Escritura

— Te desposaré conmigo para siempre; sí, te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en misericordia y en compasión; te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás al Señor (Oseas 2, 19-20).

— No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los corroen y donde los ladrones socavan y los roban. Amontonad en cambio tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre corroen, y donde los ladrones no socavan ni roban. Porque donde está tu tesoro allí estará tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Por eso, si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado. Pero si tu ojo es malicioso, todo tu cuerpo estará en tinieblas, ¡qué grande será la oscuridad!Nadie puede servir a dos señores, porque tendrá odio a uno y amor al otro, o prestará su adhesión al primero y menospreciará al segundo: no podéis servir a Dios y a las riquezas. Por eso os digo: no estéis preocupados por vuestra vida: que vais a comer; o por vuestro cuerpo: con quéos vais a vestir. ¿Es que no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni ciegan, ni almacenan en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Es que no valéis vosotros mucho más que ellas? (Mateo 6, 19-27).

— Entonces unos hombres que traían en una camilla a un paralítico intentaban meterlo dentro y colocarlo delante de Jesús… al ver Jesús la fe de ellos, dijo: tus pecados te son perdonados (Lucas 5, 17-26).

— Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y se compadeció. Y corriendo a su encuentro se le echó al cuello y lo cubrió de besos (Lucas 15, 11-32).

Meditar con el Papa Francisco

— La historia de una familia está surcada por crisis de todo tipo, que también son parte de su dramática belleza. Hay que ayudar a descubrir que una crisis superada no lleva a una relación con menor intensidad sino a mejorar, asentar y madurar el vino de la unión (Amoris Laetitia, 232).

— El vínculo encuentra nuevas modalidades y exige la decisión de volver a amasarlo una y otra vez. Pero no sólo para conservarlo, sino para desarrollarlo. Es el camino de construirse día a día. Pero nada de esto es posible si no se invoca al Espíritu Santo, si no se clama cada día pidiendo su gracia, si no se busca su fuerza sobrenatural, si no se le reclama con deseo que derrame su fuego sobre nuestro amor para fortalecerlo, orientarlo y transformarlo en cada nueva situación (Amoris Laetitia, 164).

— El tiempo de la familia, lo sabemos bien, es un tiempo complicado y lleno de asuntos, ocupado y preocupado. Es siempre poco, nunca es suficiente, hay tantas cosas por hacer. Quien tiene una familia aprende rápido a resolver una ecuación que ni siquiera los grandes matemáticos saben resolver: hacer que veinticuatro horas rindan el doble. El espíritu de oración restituye el tiempo a Dios, sale de la obsesión de una vida a la que siempre le falta el tiempo, vuelve a encontrar la paz de las cosas necesarias y descubre la alegría de los dones inesperados (Audiencia, 26 agosto 2015).

— Cada familia cristiana —como hicieron María y José—, ante todo, puede acoger a Jesús, escucharlo, hablar con Él, custodiarlo, protegerlo, crecer con Él; y así mejorar el mundo. Hagamos espacio al Señor en nuestro corazón y en nuestras jornadas. Así hicieron también María y José, y no fue fácil: ¡cuántas dificultades tuvieron que superar! No era una familia artificial, no era unafamilia irreal. La familia de Nazaret nos compromete a redescubrir la vocación y la misión de la familia, de cada familia (Audiencia, 17 diciembre 2014).

Meditar con san Josemaría

— El Matrimonio es un sacramento santo. A su tiempo cuando hayas de recibirlo, que te aconseje tu director o tu confesor la lectura de algún libro provechoso. Y te dispondrás mejor a llevar dignamente las cargas del hogar (Camino, 26).

— Te ríes porque te digo que tienes "vocación matrimonial"?— Pues la tienes: asi, vocación. Encomiéndate a San Rafael, para que te conduzca castamente hasta el fin del camino, como a Tobías (Camino, 27).

— Hija mía, que has constituido un hogar, me gusta recordarte que las mujeres —¡bien lo sabes!— tenéis mucha fortaleza, que sabéis envolver en una dulzura especial, para que no se note. Y, con esa fortaleza, podéis hacer del marido y de los hijos instrumentos de Dios o diablos.Tú los harás siempre instrumentos de Dios: el Señor cuenta con tu ayuda (Forja, 690).

— Cada hogar cristiano debería ser un remanso de serenidad, en el que, por encima de las pequeñas contradicciones diarias, se percibiera un cariño hondo y sincero, una tranquilidad profunda, fruto de una fe real y vivida (Homilía “El Matrimonio, vocación cristiana” en Es Cristo que pasa, 22)

Textos y enlaces para seguir reflexionando

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