Encontrar la fe en Kazajstán

Juan Pablo vive en Kazajstán. Desde joven había despreciado a las religiones. Pero, gracias a un partido de fútbol, conoció a un amigo que le habló de su fe. Ese día, reconoce, su vida cambió para siempre.

¿Que es la fe para mí? Es algo que ha pasado a ser un pieza fundamental de mi vida! Hasta hace unos meses, nunca tuve una idea muy clara de lo que era Dios. De las religiones tenía una visión muy negativa y crítica, por lo tanto, nunca imaginé que la fe pasara a abrirme un horizonte tan amplio en la vida.

Aunque mi abuela materna –super devota y muy piadosa– nos hablaba de Dios, sus palabras nunca arraigaban. Pero Dios tiene sus tiempos... Yo cada vez tenía más críticas hacia la religión, críticas que luego he descubierto que eran sólo ignorancia mía.

Juan Pablo continúa jugando a fútbol (en la foto, con medias rojas).

Todo cambió cuando me invitaron a jugar un partido de fútbol. El organizador era un chico argentino. Poco después supe que era del Opus Dei. Jugábamos todos las semanas, y así entre balón y balón comenzó a nacer mi fe.

Con el tiempo estos continuos encuentros con el balón, se fueron transformando en acaloradas tertulias de amigos y el fútbol pasó a ser una mera excusa, donde lo importante era tomarse un café e ir aclarando todas mis dudas relacionadas con Dios.

"Recuerdo otro momento clave durante una excursión por las montañas cercanas a Almaty. Allí una conversación con un sacerdote de la Obra me aclaró las dudas que todavía eran un obstáculo..."

También recuerdo otro momento clave durante una excursión por las montañas cercanas a Almaty. Allí una conversación con un sacerdote de la Obra me aclaró las dudas que todavía eran un obstáculo grande para creer. 

Comprendí la diferencia entre vivir con fe y sin ella, lo importante que es recibirla y cultivarla con la formación catequética, que es posible vivirla en la vida de todos los días, que me ayudaría a comenzar y recomenzar en mi camino...

Aun así, las preguntas nunca cesaron. Cada vez aparecen más y más. Pero ya no tengo miedo: paradójicamente, las dudas y preguntas que siguen surgiendo me acercan mucho más a Dios, porque me obligan a encontrar una respuesta y eso me hace crecer.

En Almaty, patinando sobre hielo.

Por último la fe me abrió los ojos a las cosas que realmente importan en esta vida, y a valorar los hechos (buenos o malos) bajo un prisma y un sentido completamente diferentes.

En definitiva, he entendido que es necesario “creer para ver”. Hay que “decidirse” cada día, a luchar alegre y positivamente por ser mejores con uno mismo y con los demás. Así, y aunque a veces cuesta, la vida se transforma en un camino claro, que borra la monotonía y la rutina, y da paso a una infinita y deliciosa aventura.