«La pandemia nos ha ayudado a esperar, a aceptar la voluntad de Dios» Roberto Vera

Roberto Vera es uno de los tres mexicanos que el próximo 5 de septiembre serán ordenados sacerdotes. Aquí encontrarás una breve entrevista en donde nos cuenta un poco de él y sus aspiraciones como sacerdote en un mundo como el de hoy.

El Opus Dei en México
Opus Dei - «La pandemia nos ha ayudado a esperar, a aceptar la voluntad de Dios» Roberto Vera

«Me llamo Roberto Vera Aguilar, soy de la Ciudad de México, aunque crecí en el Estado de México, casi en el límite entra Atizapán y Cuautitlán. Estudié en el colegio Cedros Norte, primero, después en un colegio salesiano. En la UNAM estudié la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas. Estuve trabajando como profesor en dos colegios, y después llegué a Roma para hacer el Doctorado en Teología Bíblica.

Estuve estudiando en Roma tres años el bachillerato en Teología, y después empecé a hacer compatibles los estudios con el trabajo en la Oficina de Comunicación del Opus Dei, y durante algún tiempo me dediqué exclusivamente al trabajo, ahora estoy de nuevo metido en los estudios, haciendo la tesis doctoral».

¿Qué fue lo que más aprendiste y lo que más te gustó de trabajar en la Oficina de Comunicación del Opus Dei?

«Fue darme cuenta de cómo el mensaje del Opus Dei llega a los distintos países del mundo. Que el mensaje de san Josemaría: ser santos en nuestro trabajo, en nuestras circunstancias, se encarna en personas concretas. Y luego, ver que tantas personas en el mundo, tienen el deseo de hacer conocer a Cristo en sus ambientes. Hay países donde son la mayoría católicos, y otros donde son una minoría pequeñísima, y en todos tienen el mismo deseo de hacer conocer a Jesús».

El sacerdote, como todos los cristianos, está llamado a hacer ver cuál es el núcleo del cristianismo. Hacer ver que una vida vivida cerca de Jesús es apasionante, es una grandísima alegría.

¿Cómo conociste el Opus Dei?

«El Opus Dei lo conocí en mi casa, porque mis papás son supernumerarios, aunque yo no lo hice consciente hasta que estaba en la adolescencia. A san Josemaría lo conocía a través del libro, “Historia de un sí”, que estaba en mi casa. Y la institución como tal la conocía a los 12 años, cuando un profesor de la escuela en la que estudiaba me invitó a algunas actividades del club Almenar, en Satélite, en el norte de la Ciudad de México».

En tu opinión, ¿qué es lo que caracteriza a un buen sacerdote?

«Es lograr ver a Jesús en las personas que tienen alrededor, hacerles sentir próximo a Jesús, a todos los que se encuentra, ya sea que estén lejos o cerca de la Iglesia. El sacerdocio configura a la persona que es ordenada, con Jesucristo, que es el cabeza de la Iglesia, pastor de la Iglesia, yo creo que esa es la misión del sacerdote. Desaparecer un poco para hacer ver a Jesús».

En tu opinión, ¿qué implica ser sacerdote en estos tiempos de incertidumbre y desconfianza?

«El sacerdote, como todos los cristianos, está llamado a hacer ver cuál es el núcleo del cristianismo. Hacer ver que una vida vivida cerca de Jesús es apasionante, es una grandísima alegría.

Pienso que el sacerdote, y todos los cristianos también, estamos llamados a rezar por la Iglesia, y una forma es rezar por el Papa, que tantas veces nos lo pide expresamente, y a hacer ver a los demás que, vivir cerca de Jesús nos llena de alegría y de felicidad, y a vivir con optimismo, a pesar de que siempre habrá dificultades. Es importante también, vivir con humildad, sabiendo que nos podemos equivocar, y a veces ofendemos a las personas, y luego saber pedir perdón a las personas que han sido heridas por eclesiásticos o en ambientes de la iglesia. Pedir perdón cuando a veces ofendemos nosotros, o cuando no nos portamos como seguidores de Jesús. Pero en el fondo, mucha alegría, mucho entusiasmo, que es no nos puede echar para atrás. Digo, reconocemos, pero no nos puede echar para atrás».

Desde que comenzó la crisis del coronavirus la vida ha cambiado para todo el mundo, ¿cómo ha cambiado tu vida estas circunstancias y los planes que tenía a corto o mediano plazo?

«La llegada del coronavirus, lo primero que hizo fue cambiar la fecha de la ordenación, iba a ser el 23 de mayo, y se ha retrasado hasta el próximo 5 de septiembre. También cambian las circunstancias en las que se va a celebrar la ordenación. Muchos de los que nos ordenamos, teníamos la ilusión de ver a nuestras familias en la ceremonia, de poder celebrar la primera misa con ellos, pero esto no podrá ser para la mayoría, sobre todo para todos los que somos originarios de países fuera de Europa.

La pandemia nos ha ayudado a esperar, a aceptar la voluntad de Dios, aunque a veces nos cuesta un poquito. También nos ha ayudado a valorar lo ordinario, tantas cosas que tenemos, tantas cosas que hacíamos, como sin mirar mucho a Dios a veces, o sin agradecerle lo suficiente, y que ahora, con el Covid 19, nos hemos dado cuenta que también son un regalo. Esto es parte del aprendizaje que he tenido con toda esta situación. Mis planes a largo plazo no cambian de momento porque haremos lo que Dios quiera, donde Él quiera».

Ahora que te vas a ordenar como sacerdote, ¿qué es lo que esperas de ti mismo como sacerdote?

«Ante la cercanía de la ordenación, lo que le pido a Dios es que no me acostumbre a ser un instrumento suyo, un instrumento, un canal de la gracia. Que no me acostumbre a celebrar la misa, que no me acostumbre a confesar a las personas, que no me acostumbre a hacerles sentir la proximidad de Jesús. Le pido que me conserve alegre, aunque a los sacerdotes toca escuchar también las dificultades de la gente, pero también regala muchísimas alegrías. Yo le pido eso, no acostumbrarme, y que mantenga ese espíritu deportivo».

¿Qué consejo le darías a los jóvenes que tienen miedo de decir que sí a Dios?

«A los jóvenes que tiene miedo de decir que sí a Dios los animaría que se pregunten ¿por qué le tengo miedo a lo que Dios me está pidiendo? ¿a qué cosa concreta? A bajar a los detalles, ¿a qué cosas de las que me pide Dios le tengo miedo? Y luego a ver esas cuestiones, esa dificultad, en su presencia, en la oración, ante Jesús en la Eucaristía si es posible, y luego con un director espiritual, con un sacerdote o con una persona que esté cerca de Dios, que tenga experiencia en orientar la vida espiritual de las personas, para así tener la luz de Dios.

Y luego los animaría también a gustar de la aventura. Cuantas veces, cuando queremos una aventura, un viaje, un lugar desconocido, siempre hay factores que no conocemos, y con Dios pasa lo mismo. A veces nos pide una cosa, y no podemos controlar todas las variables, pero si las analizamos y vemos que tienen una lógica, que no nos pide un imposible, no nos pide algo antinatural, contando con Él nos podemos lanzar, y los jóvenes eso hacen.

Tuve una experiencia aquí en Roma que fue participar en la reunión pre sinodal del Sínodo de los jóvenes, y ahí conocí a muchísimos jóvenes de distintas partes del mundo, que siguen a Jesús de muy distintas maneras, algunos en matrimonio, algunos en la pastoral juvenil, algunos como religiosos, o eran seminaristas, sacerdotes jóvenes, y en todos vi esa alegría en sus caras, esa alegría de estar con Jesús, de sentir que Él no nos quita nada y nos da muchísimo, pero hay que dejarse sorprender por Él».

Para seguir la ordenación de estos nuevos sacerdotes: Sábado 5 de septiembre: el cardenal Parolin ordenará a 29 sacerdotes del Opus Dei