Al Cielo por la belleza

Barbara nació en una familia de origen luterano y recorrió su camino hacia la Iglesia católica a través de la belleza de la música y de la naturaleza.

Para encontrarse con Barbara y Arne, es preciso dejar atrás el bullicio de los bares, los centros comerciales y las famosas playas de Marbella, y ascender, ascender, hacia la quietud y el silencio. Buscar horizontes infinitos en los que es fácil la contemplación, el diálogo con la belleza, la percepción de lo trascendente.

“No podría vivir en un mundo sin belleza”, dice esta soprano de origen sueco que nació en una familia luterana no practicante, y que intuyó la grandeza del catolicismo desde niña, en las pequeñas celebraciones navideñas o estivales de la escuela.

Más tarde, en la música de Bach y Händel y después en la majestad de las montañas gigantescas de Austria, Baviera y Suiza que Arne, su marido, y ella solían recorrer durante los veranos.

Barbara y Arne en Roma

Todo ello y muy especialmente la música sacra le llegaba al fondo del corazón. Pero solo 20 años más tarde reconoció que este “algo” que intuía era Dios “y su forma de abrir mi corazón a la fe”.

De las altas cumbres al desierto de Rub al-Jali, en Dubai. Durante algunos años Arne desempeñó su trabajo como cirujano en un hospital situado en uno de los mayores desiertos de arena del mundo. Y allí, en 2006, fueron recibidos a la plena comunión en la Iglesia católica. Fue en la parroquia de St. Francis of Assissi, con el acompañamiento de un fraile capuchino italiano que llevaba más de 60 años en los países árabes.


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Precedió su conversión el descubrimiento accidental de la EWTN, cadena de televisión fundada por la Madre Angélica en Estados Unidos. Y a partir de ahí, el deslumbramiento ante la historia de la Iglesia, las vidas de los santos, el catecismo, el magisterio de Benedicto XVI… “Sería imposible hablar de nuestra conversión sin hablar de él y su influencia en nuestras vidas como católicos”, asegura Barbara.

La reflexión ante la realidad más inmediata le ha llevado muchas veces, desde joven, a volver la mirada hacia el catolicismo y sus dogmas. Por ejemplo, hacia la presencia y veneración de la Virgen María: “Estoy totalmente convencida, más que nunca, que la falta de esa veneración a la Virgen en la Iglesia protestante ha llevado consigo una lamentable falta de respeto por la mujer en general; que esa ausencia ha conducido en gran parte al desarrollo desafortunado del feminismo agresivo”.

Barbara y Arne con el prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz

El Opus Dei llegó algo más tarde y fue la respuesta a la necesidad de seguir recibiendo formación, de disfrutar de un ámbito de dirección personal, íntima, y de experimentar el regalo de la amistad, que para Barbara “siempre, desde mucho antes de mi conversión, ha sido algo santo”.