Nuevas miradas, nuevos horizontes, nuevos amigos

A raíz de una exposición en el Colegio Mayor Belagua de Pamplona en la que se aproximaba a la mirada de Jesucristo, el artista Antonio Oteiza ha descubierto dos figuras que están centrando su atención y parte de su obra en los últimos meses: san Josemaría y la beata Guadalupe.

Hace siete años, el Colegio Mayor Belagua de la Universidad de Navarra comenzó un pequeño espacio de arte que, poco a poco, ha encontrado un hueco en la vida cultural de la capital navarra; se llama La Puerta Gótica, pues así se denomina la entrada del colegio mayor que da acceso a esta galería. En este tiempo se han organizado en 30 exposiciones y ha pasado por ella un público numeroso y experto, como han reflejado las abundantes reseñas de la prensa local sobre esta iniciativa.

Antonio Oteiza junto a varios estudiantes en Torreciudad

El año pasado, José Rodríguez, alumno de Arquitectura y responsable de La Puerta Gótica, recibió una propuesta algo novedosa para él: una persona inmersa en el mundo del arte le planteó la posibilidad de exponer la obra de Oteiza. Este apellido, muy conocido en Navarra, le llamó la atención. Le aclararon que el pintor en cuestión no era Jorge Oteiza (fallecido en 2003) sino su hermano Antonio, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos de 92 años. A través de una breve tarea de documentación, comprobó que se trata de una figura de referencia en el arte sacro de la segunda mitad del siglo XX.

La mirada de Cristo

La obra de Antonio Oteiza impresionó a José y, de acuerdo con otros colegiales de Belagua, puso los medios para exponer sus obras en La Puerta Gótica en enero de este año. El pintor, al que no conocían personalmente, propuso organizar una muestra con una serie que llevaba por título Miradas y representaba once miradas de Cristo hacia el espectador de las obras.

Como ha reconocido después, Antonio Oteiza no conocía apenas el Opus Dei. Había oído hablar de san Josemaría, pero con escaso detalle. Llegó al colegio mayor el día anterior a la inauguración de Miradas. La primera impresión fue para él decisiva. Comprendió que poco de lo que había escuchado sobre el Opus Dei era cierto. Se encontró con “una casa limpia, llena de luz, espacios claros y abiertos y, sobre todo, un grupo de jóvenes alegres” que escuchaba con atención sus explicaciones.

El día de la presentación Antonio Oteiza compartió almuerzo y tertulia con los universitarios. La inauguración, con un coloquio previo sobre arte sacro, resultó muy bien. Al terminar, Antonio, que estaba impactado por su experiencia en el colegio mayor y por lo que le iban contando sobre san Josemaría, pidió que le llevaran a Logroño para ver las “huellas en la nieve”. Antes de marcharse le entregaron obras del santo que, como él mismo ha dicho, “leyó con atención y admiración”. Con la lectura comprendió que el mensaje del Opus Dei es “algo sencillo y a la vez original: ser santo todos los días y con las obras de todos los días. ¡Pero si eso era el evangelio! Sí, pero había que acentuarlo y Escrivá puso el acento”.

El asunto no quedó ahí. Un mes y medio después, María Isaba, comisaria de las obras de Antonio Oteiza, se puso en contacto con el colegio mayor para comunicar que el artista había realizado una serie de trabajos inspirados en la figura de san Josemaría y que las regalaba a Belagua. Un grupo de colegiales fue a Madrid para visitarle en su convento de El Pardo y agradecerle este gesto extraordinario con Belagua. El pintor dejaba de ser “un artista” para los estudiantes y pasaba a ser su amigo Antonio.

Unos meses más tarde se elaboró un catálogo con las siete obras regaladas por el pintor

Unos meses más tarde se elaboró un catálogo con las siete obras regaladas por el pintor y que representan, junto a un retrato del santo, escenas de su vida y rasgos de su espiritualidad, como las huellas en la nieve que vio en Logroño y le hicieron plantearse su vocación, la fundación del Opus Dei o el taller de san José. El catálogo incluye, junto a unas palabras del pintor, una presentación escrita por Ricardo Piñero, catedrático de Estética de la Universidad de Navarra. En ella, Piñero recoge así sus impresiones sobre las obras de Oteiza:

“Arte sacro no es solo pintar historia sagrada, es reconocer la presencia de lo sagrado a cada momento de la propia vida, la de uno y la de los demás que viven con uno. Cuando Oteiza visitó el Colegio Mayor Belagua no dejó de ver ese torrente de vida buena que hay en cada pasillo, en cada sala, en cada patio; ese torrente de gracia que no está solo en el oratorio, sino incluso en esos espacios arquitectónicos que acogen el ir y venir de estudiantes y profesores universitarios. Las formas, los colores, los espacios del Mayor hicieron ver a Oteiza que la Obra de san Josemaría no era solo una inspiración espiritual, sino también una forma de vida que se hace realidad entre piedras y árboles, entre jóvenes estudiantes y edificios que levantan, más que un campus universitario, un modo de entender el amor de Dios”.

Antonio Oteiza durante su intervención en las Jornadas Universitarias de los Pirineos

Otro descubrimiento: Torreciudad

La relación de Oteiza y Belagua continuó. En verano, varios colegios mayores organizan las Jornadas Universitarias de los Pirineos (JUP) en el Somontano, junto al Santuario de Torreciudad. Ilusionados con dar a conocer la nueva serie de Antonio sobre san Josemaría, los responsables de La Puerta Gótica propusieron al santuario exponer las obras.

Al mismo tiempo, como complemento, el pintor preparó otra serie sobre la Anunciación. Al comenzar las JUP se inauguraron ambas muestras. La primera en Torreciudad y la segunda en el Museo Diocesano de Barbastro. En el museo tuvo lugar una mesa redonda sobre arte sacro en la que participó Antonio Oteiza.

En esos días, Oteiza visitó el santuario y se sorprendió de la arquitectura y el entorno natural en el que se encuentra. Durante la presentación de la exposición calificó al santuario de espacio “seráfico”, adjetivo utilizado por san Francisco de Asís para referirse a la actitud contemplativa de la naturaleza, y explicó que entre las obras se encontraba un retrato de san Josemaría en el que “se ve el alma, la esencia, el espíritu” puesto que busca ser “un retrato espiritual”.

En este viaje a Torreciudad, contó que estaba muy impresionado con la nueva beata Guadalupe Ortiz de Landázuri. Había comprado cuatro libros sobre ella y dio particular valor a que fuera la primera persona laica de la que la Iglesia reconocía públicamente que había encarnado el espíritu de Josemaría Escrivá. Según explicó el artista, su atracción por Guadalupe proviene, además, del hecho de ser en buena medida contemporáneos, de “haber vivido aquella posguerra, aquel Madrid”.

Clase de formación de Guadalupe Ortiz de Landázuri. Obra de Antonio Oteiza

Con el deseo de difundir el conocimiento de la figura de Guadalupe y su devoción, Antonio Oteiza ha elaborado una serie de obras sobre ella. Una nueva sorpresa, cuya futura exposición está por concretar.