Entre los pinos

“Tiempo de caminar”, libro de Ana Sastre sobre el fundador del Opus Dei.

Molinoviejo, con sus pinos y chopos, clavado frente al aire de la sierra segoviana, está funcionando con las viejas instalaciones y sirve, como ventana abierta a la montaña, para mejorar física y espiritualmente a quienes pasan por allí con motivo de un Curso de formación, un retiro espiritual o una circunstancia profesional. De estos primeros años datan los nombres que delimitan las diferentes partes de la finca: la ermita, el camino, el pinar, la campa, la fuente, etc. Cuando el Padre viaja a España y se acerca a Molinoviejo , la alegría es desbordante. Se prolongan las tertulias de la noche, junto a los pinos, con el techo infinito de las estrellas, a veces combatiendo el frío que empieza a bajar de la montaña con algunas mantas. Se ríe, se canta... Y se proyectan múltiples tareas más allá de todas las fronteras.

En 1948 se llevan a cabo adaptaciones para mejorar la casa.

Ya hay luz eléctrica, y los pasillos y habitaciones dejan atrás el ambiente primitivo, cuando alumbraba sólo el resplandor de los candiles. Molinoviejo se prepara para acoger, por primera vez, miembros de la Obra que pertenecen a distintos países del mundo: Portugal, Italia, España, Irlanda... El ingeniero encargado de las obras es Fernando Delapuente, y cada día se encara con una lista interminable de cuestiones para resolver.

Una zona independiente sirve ya para alojar a las mujeres de la Obra que se ocupan de la Administración doméstica: Encarnita Ortega, que ha venido de Roma, Nisa González Guzmán, Rosario Orbegozo, Mary Rivero, María Jesús López Areal y Paula Gómez. Desde el primer momento, el Padre les habla de los trabajos necesarios para atender los Centros de la Obra. Es la tarea más importante que les confía, aunque espera de sus hijas una extensa actividad en todos los campos del quehacer humano.

Insiste, desde los comienzos, en el cuidado exquisito de cuanto se refiere a los oratorios. La casa cuenta con instalaciones muy antiguas y son difíciles los abastecimientos diarios. Les transmite su preocupación por alguno que está enfermo, por los que vienen de otras partes del mundo. Y les anima a planificar algunos menús que puedan ayudarles a recordar su país y el entorno familiar que han dejado atrás para llegar hasta Molinoviejo.

El Fundador multiplica su actividad, ya que las dos Secciones, la de mujeres y la de hombres, tienen sus clases de formación y los medios de atención espiritual de modo independiente. Tanto la Residencia como los locales destinados a las personas que se ocupan de administrar la casa, son autónomos. Comparten el mismo espíritu, pero en su vida y quehacer se mantienen apartados como si mediaran kilómetros de distancia.

Con frecuencia, dirige la meditación en la pequeña ermita que se levanta en medio de la finca. Escoltada por una fila de lanceros verdes -los álamos-, que parecen rendir armas a la estrella de la tarde, les habla de fidelidad y fortaleza, de cariño apasionado a la Virgen. A esta Virgen de Molinoviejo que preside tantos acontecimientos del Opus Dei desde su refugio en los pinares de Segovia.

Algunos miembros de la Obra están cumpliendo el servicio militar en La Granja, pueblo muy cercano. El Padre acude a verles siempre que encuentra tiempo libre, y prepara la visita con cariño. Reclama la ayuda de la Administración para llevarles unos bocadillos, dulces... que contribuyan a pasar un rato agradable.

El ambiente de alegría en Molinoviejo queda reflejado en un comentario del Fundador:

«Que estén tristes los que no son hijos de Dios»(2). Y en otro momento:

«Hacemos un buen cambio de moneda: cambiamos fidelidad por felicidad»(3).

La respuesta generosa a una llamada de Dios, transforma la vida entera y da un sentido positivo, iluminado por la fe, a todos los acontecimientos. Esta situación del alma no tiene más remedio que transformarse en alegría. De ahí la moneda de cambio de que habla el Padre, haciendo un juego de palabras.

Junto a la montaña y el aire limpio de la sierra, Monseñor Escrivá de Balaguer pasea con los mayores de la Obra: proyectan, hacen planes apostólicos. El mundo se queda chico para los deseos de su corazón.