La editorial Minerva

La editorial Minerva (1943-1946) fue la primera iniciativa cultural, con afán evangelizador, de los fieles del Opus Dei en todo el mundo. Se puso en marcha con mucha ilusión, bajo un impulso directo de san Josemaría. La investigadora Mercedes Montero conoce bien el origen y la evolución de aquel proyecto.

La historia de los hombres y de las instituciones se compone de luces y sombras, de alegrías y penas, de cosas que salen bien… y cosas que salen mal. Pero con la perspectiva de los años, y más desde una perspectiva cristiana, esos aparentes fracasos no siempre tienen la última palabra. Hoy vamos a hablar de una de esas cosas que salió mal; una iniciativa de las personas del Opus Dei que no dudaríamos en calificar de fallida.

La editorial Minerva fue la primera iniciativa cultural con afán evangelizador de los fieles del Opus Dei en todo el mundo. Se puso en marcha en 1943 con mucha ilusión y bajo un impulso muy directo de san Josemaría. Pero en muy poco tiempo se tuvo que cerrar.

Sin embargo, no fue un esfuerzo en vano, porque de esta primera editorial piloto y con la experiencia acumulada, surgieron más adelante la editorial Rialp y tantas otras iniciativas que las personas del Opus Dei han ido poniendo en marcha en todo el mundo, y que gracias a Dios sí que han salido bien.

La historiadora Mercedes Montero es la persona que más ha investigado sobre Minerva y también es autora de un documentado artículo sobre ella, publicado en la revista Studia et Documenta.

¿Cómo explicas en qué consistió el proyecto Minerva?

Fue una iniciativa que pusieron en marcha las mujeres del Opus Dei entre los años 1943 y 1946. El fundador del Opus Dei siempre había tenido mucho interés en que hubiera buenos libros, de espiritualidad y de otros géneros, que sirvieran para elevar a las personas, para conocer mejor el mundo, etcétera.

Esta idea no pudo realizarse antes de la Guerra Civil. Después, seguía con ella en la cabeza y la persona que encontró que podía llevar a cabo una editorial de este tipo de libros fue María Natividad Jiménez Salas, una chica ya mayor, licenciada en Filosofía y Letras, que trabajaba en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y que nunca fue del Opus Dei. A ella le ayudaron dos mujeres del Opus Dei, Encarnación Ortega y Guadalupe Ortiz de Landázuri. Todas ayudaban, pero ellas eran las dos personas que estaban al cargo.

¿De dónde crees que surge esta idea del fundador del Opus Dei?

En aquella época no existía Internet, ni la televisión. La radio estaba casi recién inventada. Nos puede parecer todo esto muy raro, pero era así y la gente leía bastante. Por lo tanto, había muchas editoriales antes de la guerra, algunas bastante consolidadas y otras muchas que no eran tan importantes.

Después de la guerra este sector, como todos los demás, quedó arrasado. Sin embargo, llama muchísimo la atención cómo en los años 40 nacieron en España numerosas editoriales, muchas de ellas pequeñas y a nombre de un editor. La verdad es que publicaron muchísimos libros. Por ejemplo, una editorial famosa de esta época era Gredos que nació más o menos al tiempo que Minerva y que fue una gran editorial. Plaza y Janés nació también más o menos en esta época, heredando todo lo que había dejado José Janés, editor que falleció. Otra editorial importante de esta época fue Lumen.


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Hay una cosa que llama la atención, porque tú dices que este proyecto lo pusieron en marcha las mujeres del Opus Dei. Sin embargo, el editor que aparecía oficialmente era Álvaro del Portillo. ¿Por qué era eso?

Yo creo que se puede deber a varios motivos, porque tampoco he encontrado un motivo que digas es éste o que en la documentación esté claramente explicado. En primer lugar, porque está editorial nació vinculada al Opus Dei, al fundador, como una manera de evangelización. Y era algo en el que también participaron de alguna manera algunos hombres. Era una iniciativa en la que el fundador puso muchísima ilusión por eso tiene sentido que Álvaro del Portillo, que era su máximo colaborador, fuera el editor.

Luego, las mujeres en aquella época no podían hacer nada. Eso se nos olvida, pero después de la Guerra Civil, el régimen de Franco hizo de la mujer una menor de edad. No podía hacer nada si no era con el permiso de su padre o de su marido. Ella pasaba de la obediencia al padre a la obediencia al marido. Una mujer no podía tener, por ejemplo, acciones, a no ser que su marido se lo permitiera, incluso si las acciones las tenía de antes porque se las habían dado en su familia, o si la familia tenía un negocio. Cuando una mujer se separaba, era llevada a la casa paterna y los hijos quedaban siempre con el padre. Este es el Código Civil del siglo XIX, al que se volvió. Luego es muy probable que ninguna de las mujeres que estaban en Minerva pudiera ser editora de Minerva.

Por otra parte, mujeres del Opus Dei en aquellos momentos había muy pocas. María Jiménez tenía muy buena voluntad y además era una persona muy capaz, pero no era del Opus Dei. Por eso pienso que la solución de don Álvaro era la más adecuada.

Volvemos un poco al inicio del proyecto, en 1943, cuando comienza todo. ¿Qué tipo de contenidos o qué planteamiento tenían los promotores de Minerva?

Bueno, las promotoras de Minerva tenían unos planteamientos de una mentalidad amplísima. Ellas pensaban básicamente en tres tipos de libros o tres tipos de colecciones.

La primera se llamaba Neblí y era una editorial de clásicos espirituales españoles del Siglo de Oro. Neblí sacó su primer libro, que fue Victoria del amor. La segunda colección que tenían pensada era una colección que a mí me encanta decir que era de mujeres y para mujeres, porque era una colección en la que sólo iban a escribir mujeres que en aquellos años que estaban dando sus primeros pasos en literatura. Por ejemplo, Josefina de la Maza. Para la época, tener mujeres a las que se les daba la primera oportunidad de escribir no era ninguna tontería.

Y después pensaban publicar libros de mujeres importantes que habían estado a lo mejor ocultas en la historia. O no tan ocultas, pero no se les había dado la misma importancia que a los hombres. Se pensaba traducir Madame Savigny, Madame de Estel, la baronesa de Orsi, que es la autora de La Pimpinela Escarlata. Después también personas que habían sido premio Nobel, o que estaban propuestas al Premio Nobel: Concha Espina, Gabriela Mistral y una italiana llamada Ada Negri, que acaba de ser publicada ahora. El otro día vi su primer libro. También Matilde Cerrao. Otra importante escritora naturalista italiana… Después, María de Zayas, una escritora que la condena a la Inquisición en el siglo XVIII y desde entonces nadie supo nada de ella. Rosario de Madariaga… Quiero decir que ahí había un montón de mujeres españolas y extranjeras muy interesantes.

Estaba también dirigida exclusivamente a las mujeres, porque era el sector que estaba, digamos, culturalmente más desprotegido en todos los sentidos, desde las clases altas hasta las clases humildes. Se pensó en una guía de lecturas con todo lo que iba saliendo. Con una crítica, las edades para las que era conveniente y por supuesto, hay que tener en cuenta la época, si eran novelas convenientes desde el punto de vista cristiano o no. Bueno, hay que tener en cuenta la época y hay que tener en cuenta que al Opus Dei le interesaba publicar cosas que fueran cristianas.

Sin embargo, aunque Minerva era un proyecto que tenía como muchos horizontes, la realidad de la vida es que sólo funcionó durante tres años. ¿Por qué crees que fue así? Porque proyecto ya se ve que sí que tenían.

Sí tenían proyecto, pero lo que no tenían era sentido de la realidad. Las mujeres del Opus Dei no sabían nada de editoriales. María Jiménez Salas trabajaba en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Ella veía sacar libros, me imagino, pero eran libros de investigación que dependían del Estado.

Las editoriales en aquellos momentos duraban poco. Por ejemplo, Lara, que luego fue el gran patriarca de Planeta, empezó con una pequeña editorial que se hundió y luego empezó con otra que salió adelante, que fue creciendo y que al cabo del tiempo se convirtió en lo que ahora es Planeta. Pero antes de llegar a esto, quebró muchas veces.

Las editoriales quebraban mucho porque la gente tenía mucho afán de sacar libros, pero les fallaba la parte económica y comercial. No se hacían una idea de lo que esto costaba. España estaba en la posguerra. Imprentas: pocas, caras, no muy buenas y sin material. No se podía conseguir buen papel. Era carísimo porque había Guerra Mundial y no se podía conseguir papel en los países escandinavos, solo en Canadá, con lo cual todo era de fabricación nacional. Pero el país estaba totalmente asolado y el papel que se fabricaba era impresentable. He visto libros publicados en los años 40 y el papel es tremendamente malo, incluso en libros de una editorial de prestigio, como la Biblioteca de Autores Cristianos.

Ellas no pensaban en esto. El primer libro que sacaron, que se llamó Victoria del amor -que era en realidad el libro del padre Osuna, una parte del tercer abecedario espiritual-, les costó muchísimo y fue una debacle en ventas, aunque tuvo buenas críticas. Por eso, el fundador del Opus Dei les dio su libro Camino, que ya estaba en la tercera edición. Camino era entonces un libro grande. La segunda edición la había editado la editorial Luz, que entonces era un editorial muy importante, y se había agotado en un año. Le pidieron volver a editarlo de nuevo y san Josemaría se lo dio a las de Minerva, que prepararon la tercera edición (la cuarta edición de Camino es ya de Rialp).

Camino quedó un libro magnífico porque estas chicas trabajaban de forma totalmente manual, pero muy bien. Y creo que eso supuso -a mi modo de ver, porque no hay nada escrito sobre ello- una manera de recuperarse de Victoria, del amor.

El tercer libro que publicó Minerva fue otro de San Josemaría, la primera edición de Santo Rosario. Fue una edición que costó sangre hacer porque había que combinar dibujos y texto, y había que hacerlo a mano, cortando y pegando, e incluyendo luego los dibujos, hasta conseguir que coincidieran con el texto de forma equilibrada. Eso les llevó muchísimo tiempo a Guadalupe y a María Jiménez. Fueron meses y meses, y a veces el fundador tenía que añadir más cosas, más texto. Hasta que por fin el libro quedó perfecto y la edición fue sencillamente preciosa.

El libro tenía un papel bueno, no tan bueno me parece a mí, como el de Victoria del amor, pero un papel ahuesado, muy elegante, que entonces era muy difícil conseguir. Y los dibujos de Borobio eran piadosos, sencillos y a la vez unos muy originales, porque todas las cenefas que inventó eran muy bonitas y estaban impresas en tinta verde y en tinta roja, aparte de la tinta negra. Al final de cada misterio había un símbolo cristiano: una espiga, un pez... Y solían estar a dos tintas. Este libro fue el último libro de Minerva, que también se vendió bien.

Pero ellas estaban ya llevando el Opus Dei a otros lugares de España. Por ejemplo, viajaban mucho a ciudades donde había mujeres que tenían intención de ser de la Obra o habían oído hablar de ella. Porque en 1944, las ordenaciones de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, que eran ingenieros, tuvo mucho eco en la opinión pública. También la muerte de Isidoro Zorzano y su apertura de su proceso de beatificación.

Ambas cosas hicieron que mucha gente conociera el Opus Dei y, de repente, salían muchas chicas, en León y en Vigo… En lugares insólitos, porque los chicos salían en lugares donde había universidad, pero las chicas salían de todos sitios. Y las mujeres del Opus Dei empezaron a viajar en tren a todos estos lugares para conocerlas.

Es decir, que eran pocas, tenían que viajar y no podían sacar adelante Minerva. Además, Minerva seguía sin recuperarse del tema de Victoria del amor y María Jiménez Salas se metió cada vez más en su trabajo, que era el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Por lo tanto, Minerva tuvo que pasar a otras manos. Y esas manos fueron concretamente las de Florentino Pérez-Embid, que junto con algún otro, puso en marcha Rialp.

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Hoy en día, más de 70 años después, la editorial Rialp sigue funcionando, en parte gracias a la experiencia de Minerva. Seguro que más de uno, escuchando a Mercedes, ha recordado aquello que decía san Josemaría sobre el fracaso: “No has fracasado, has adquirido experiencia”. Desde esta perspectiva, Minerva no fue un fracaso, fue una primera piedra.