“Para romper los estereotipos, hay que romper las barreras físicas”

Entrevista a Josep Masabeu, impulsor de Braval, un proyecto de solidaridad que se consolidó en 2002 con ocasión del centenario de san Josemaría, con el objetivo de promover la cohesión social y luchar contra la marginación.

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  • El presidente de Braval publica un libro recopilando testimonios de este centro del Opus Dei en el Raval barcelonés que cumple dos décadas
  • Deporte y refuerzo escolar son los dos pilares sobre los que descansa este proyecto solidario, explica el pedagogo catalán.

El título de su libro, ‘20 historias de superación en el Raval’, lo dice todo. Es la forma de celebrar los 20 años que cumple el proyecto Braval, una iniciativa del Opus Dei en el céntrico barrio barcelonés donde viven casi 50.000 personas en apenas un kilómetro cuadro, la mitad de ellas extranjeras.

¿En qué consiste este proyecto?

Braval es un centro socio-educativo que ofrece distintas actividades, especialmente deporte y refuerzo escolar. Tenemos actualmente seis equipos de baloncesto y otros seis de fútbol, donde juegan todos mezclados; en total, son unos 250 chavales de entre 8 y 18 años, y juegan en la liga general de Barcelona con los otros equipos de la ciudad. Como son de muchos países, los mezclamos para que no se separen por nacionalidades. Lo del deporte viene muy bien, porque la alternativa es que se pasen el día en la calle.

El refuerzo escolar es para ayudarles en los estudios y que, de esa forma, tengan mayores oportunidades de futuro. Ellos lo recomiendan a sus amigos como “una biblioteca en la que te ayudan”. Les procuramos enseñar valores como la sinceridad, el trabajo bien hecho, la amistad…, para que el día de mañana puedan desarrollar una vida normal en la sociedad.

¿Cómo funciona el centro?

Se hace exclusivamente a través de voluntarios de varios tipos. Hay 80 estudiantes, 55 profesionales y 25 jubilados. Cada uno ayuda en lo que sabe: unos coordinan el deporte y otros las clases de refuerzo. Lo de los jubilados es muy interesante, porque funcionan como abuelos de algunos de los chavales, que a lo mejor los han perdido; o ayudan a sus familias en lo que necesiten. Así que son muy buenos, especialmente con los pequeños. Hay que darse cuenta de que las personas no solamente tienen carencias materiales, sino también afectivas, y eso se soluciona con relaciones personales, por eso el voluntariado es un factor genial.

Los voluntarios, además, sirven para transmitir generosidad. Vienen a ayudar en lugar, de quedarse viendo la tele, y eso hace que los chavales cuando ya salen del centro y siguen con sus vidas vuelvan a ser voluntarios, a devolver lo que han recibido.

En un mismo equipo

¿Por qué a través del deporte?

En todos lados hay estereotipos, igual que entre provincias dentro de España con el resto de países. Y la forma de romper esa barrera mental es romper primero la física; cuando estás con un pakistaní en un ‘castell’ o jugando al fútbol, no piensas si es de un sitio o de otro, está en tu equipo, se rompen las barreras. Estas barreras son muy curiosas. Por ejemplo, en Barcelona hay doce mil pakistaníes, y la mitad de ellos son socios de la red de bibliotecas, muchos tenían estudios en su país y aquí trabajan en lo que pueden. Pero si no te acercas a ellos, si no les tocas, no te enteras. Por eso, lo primero es romper la barrera física, y el deporte es una forma tan buena como otra cualquiera de hacerlo.

¿Qué se busca en un voluntario?

Nada concreto, un tío que te da horas ya tiene una gran cualidad. Si le das clases de qué tiene que hacer, se puede hartar e irse. Tienes todo ganado con la generosidad que muestran. También hay voluntarios que han pasado primero por el centro y ahora tienen una carrera, y esos digamos que tienen más autoridad. Porque cuando los chavales ven a un tío que ha estado en su mismo lugar y ahora tiene una carrera dicen: “Esto lo puedo hacer yo también”. Además, al mostrar que todos podemos ayudar, acabamos con el sentimiento de “no ayudo porque no puedo hacerlo, así que dame las cosas hechas”. También es verdad que los inmigrantes suelen ser más fuertes, porque vienen de otro país y sus padres han luchado para salir adelante, así que en casa maman la superación. Los locales a veces maman el fracaso por una cosa o por otra, y hay que sacarlos de eso.

No deja de ser un proyecto del Opus Dei ¿Se habla también de religión?

Tenemos personas de nueve religiones distintas, y es un factor muy estabilizador. Se preguntan unos a otros: “Oye, ¿por qué no coméis esto? ¿Por qué ahora los viernes no coméis carne?”. Cosas así. Sienten mucha curiosidad y hablan mucho de ello.

Nosotros aparte ofrecemos catequesis los martes –que no hay entrenamientos– de bautismo y confirmación en la parroquia. Pero no obligamos a nadie, el que quiera ya sabe que puede cogerla. Hemos tenido bautizos, comuniones…, incluso alguna confirmación.