Argentina: suelo fértil

“Tiempo de caminar”, libro de Ana Sastre sobre el fundador del Opus Dei.

La terraza del aeropuerto internacional de Ezeiza está materialmente llena de un público heterogéneo. Todos los que se han citado en estas horas del mediodía otean el horizonte tratando de descubrir la proximidad de un avión. El tema de conversación es uniforme: el Padre está a punto de llegar, por primera vez, a la Argentina. Hace veinticuatro años, en marzo de 1950, que los primeros miembros de la Obra trajeron a esta tierra su espíritu. Desde entonces, miles de personas se han acercado a la amistad del Opus Dei. Muchos centenares de vocaciones subrayan la protección de la Virgen sobre las tareas emprendidas a este lado del Atlántico.

A la una de la tarde del 7 de junio de 1974, un pequeño punto blanco empieza a precisarse sobre el cielo. Es el esperado Jet en el que viaja el Fundador. El avión rueda por una pista lejana y se acerca lentamente a la zona central del aeropuerto.

Tres semanas durará la estancia de Monseñor Escrivá de Balaguer en Argentina. Durante este tiempo hablará con multitud de personas. El Centro de Congresos General San Martín, el Colegio de Escribanos y el Teatro Coliseo serán el escenario de encuentros -tertulias- muy numerosos. La Chacra, La Ciudadela, Los Arrayanes y Los Aleros ofrecerán un ambiente más íntimo para las reuniones sucesivas y continuas con otros pequeños grupos de Cooperadores y amigos del Opus Dei.

« ¡Estoy en Buenos Aires y no me lo creo! Sois iguales que vuestros hermanos de todos los países, aunque el color y la lengua sea distinta... Pero tienen vuestra mirada, la alegría que se refleja en vuestra cara, la limpieza; este no sé qué, que yo sé lo que es: el Amor de Dios, que se manifiesta en obras» ..(20).

En La Chacra volcará un profundo cariño sobre sus hijos: los que no le ven desde hace años y aquellos que acaban de conocerle.

«Os recordaremos muchas veces, cuando estemos con vuestros hermanos por ahí. Y sentiremos esa Comunión de los Santos (...). Es una bendita cosa: esparcidos por todo el mundo con un solo corazón y una sola alma, queriéndonos como los primeros fieles. Porque es verdad: pueden decir de nosotros como de los primeros cristianos: ¡ved cómo se aman! Y los que hay alrededor de la Obra, también: ¡cómo se quieren!... »(21).

Les hablará repetidamente de la sobrenaturalidad de la Obra, de su profunda humanidad, del milagro de esta multiplicación a través de todo el mundo, de la felicidad de la vocación a la que han sido llamados como lo fue él desde su juventud.

«He tenido vuestra edad. Fui a la Universidad. Antes hice el bachillerato -el Instituto, se decía en mi tiempo-, la segunda enseñanza. Bien. Pues a veces me encuentro por ahí a mis compañeros de clase -pocos ya, porque van desapareciendo- y nunca he visto a ninguno que haya sido más feliz que yo. ¡Nunca! »(22).

El 12 de junio suena el mejor repique de campanas en el carrillón de Luján. El Padre acude al Santuario de la Patrona de Argentina, Paraguay y Uruguay. El coche ha hecho con rapidez los sesenta kilómetros que le separan de Buenos Aires.

Monseñor Escrivá de Balaguer, don Alvaro y don Javier se arrodillan para rezar el Santo Rosario. Desde las naves, centenares de personas contestan a una sola voz. Se han reunido hoy los que desde la primera hora vinieron a esta siembra de trabajo y esperanza; también, los que han respondido a la llamada de Cristo a través del espíritu de la Obra en Argentina. Y muchos amigos que les acompañan en esta visita a la Señora de Luján.

Después de firmar en el libro de visitantes de honor, pasan al camarín de la Virgen por detrás del Altar Mayor. También está repleto de gente. Un sacerdote de la Basílica se aproxima al Padre. Se pone a su disposición para cualquier cosa que desee. No tiene más que pedir.

El Fundador le da un abrazo y, mirando hacia arriba, donde está la imagen de la Virgen, expresa su única petición: -«Dígale que la quiere mucho» (23).

En Buenos Aires, todos esperan poder ver y oír al Padre en alguna de las grandes reuniones que se han concertado. No resultó fácil encontrar locales adecuados. Gentes de toda condición desbordaron los cálculos previstos: profesores, cirujanos, amas de casa, empleados, futbolistas, artistas, repartidores de periódicos, empleadas del hogar, estudiantes... Cada uno preguntará, desde su lugar de oficio, las cuestiones cruciales del cristianismo en la sociedad actual. Nadie escuchará una respuesta complicada o teórica. Todos reciben ese aliento de vida cotidiano, de simplicidad maestra, que el Padre sabe impartir.

«Quiero comenzar diciéndoos que sois muy oportunos. Habéis traído a Escrivá de Balaguer a hablar a la sede de los escribanos».

El Padre hace un juego de palabras con su apellido -Escriváy el nombre de la Sala donde habla hoy, el Colegio de Escribanos.

«Y yo aprovecho para recordaros que cada uno de vosotros -yo también- hemos de levantar un acta. Un acta sobre algo que los cristianos debíamos saber, y practicar, y tener en cuenta constantemente, y que olvidamos: que Dios Nuestro Señor no está lejos de nosotros; está junto a nosotros y en nosotros» (24).

El sábado 15 de junio comienzan las reuniones generales en el Centro Cultural San Martín:

-«Cuando usted se vaya, Padre, ¿qué quiere dejarnos en el corazón a todos sus hijos sudamericanos?».

-«Que sembréis la paz y la alegría por todos lados; que no digáis ninguna palabra molesta para nadie; que sepáis ir del brazo de los que no piensan como vosotros. Que no os maltratéis jamás; que seáis hermanos de todas las criaturas, sembradores de paz y alegría, y que les deis esta inquietud de acción de gracias que tú me has dado con tus palabras»(25).

El domingo 16 dirige la segunda tertulia:

«¡Llenad de Amor esta tierra! ¡Que los argentinos se quieran. ¡Que no haya nunca odios! ¡Que se comprendan, que sean generosos unos con otros! Que esta nación tan grande y abundante (...) que abre los brazos y el pecho, como una madre que tiene muchos hijos, ¡que no sufra ya! Y eso depende en parte de vosotros y de mí; de que le pidamos a Nuestra Madre de Luján que bendiga a Argentina»(26).

En estos momentos, Argentina está pasando por un momento político delicado, con cambios de gobierno y una tensión que inquieta a todos los estamentos sociales del país.

Otra vez, de nuevo en el Colegio de Escribanos, a un grupo que impulsa las tareas de la Obra, les deja unas palabras de agradecimiento que son, también, acción de gracias a Dios:

Con el Fundador del Opus Dei en el Teatro Coliseo de Buenos Aires. Argentina, 19741

«Gracias a todos vosotros que hacéis posible que la Obra de Dios haga su Obra de Dios: con vuestra oración, con vuestra simpatía, con vuestros pequeños o grandes sacrificios, con el calor de vuestro cariño, con vuestra piedad, con vuestro trabajo (...) y con vuestras aportaciones. ¡Que Dios os bendiga! Sin vosotros, no podríamos hacer nada. Sois los que dais empuje, eficacia; los que hacéis realidad esta labor apostólica en el ambiente de todas las clases sociales. Por eso os doy las gracias»(27).

Más tarde, reunido con sus hijos en La Chacra -Casa de Retiros cerca de Buenos Aires-, les hará notar la realidad sobrenatural de esta afluencia de las gentes hacia el espíritu del Opus Dei:

«No es razonable. La reacción de la gente en todos los sitios -porque no es sólo en Buenos Aires- no es lógica. La reacción natural de la gente debería ser: ¿y este cura, a qué viene aquí? (...). ¿Por qué? Porque está Dios. Y lo pasan bien, y sacan propósitos de ser mejores. También yo los hago, oyéndoles a ellos. ¡Está Dios en medio de nosotros! Ha estado tantas veces de otras maneras; pero, de manera ordinaria, se encuentra constantemente... »(28).

Y reitera el propósito total de su viaje por estas tierras de América:

«Toda la Obra es una gran catequesis y ¿qué intenta la catequesis? Dar a conocer a Dios, para que se practique la religión verdadera. Religión viene de religare o relígere , que significa ligar el alma con Dios, o elegir Dios a las almas para que le traten a,El. Nosotros intentamos llevar a las almas a Dios, pero no como de cumplido, como una visita que se hace una vez al año, sino con intimidad. Queremos llegar al trato con el Señor, con su Madre, con San José -a quien no separo nunca de Jesús y de María-. Y si hablamos de Jesús, hablamos del Padre, y del Espíritu Santo, porque no hay más que un Dios. Es inefable, no hay palabras para explicar el misterio de la Trinidad, en el que creemos firmemente » (29).

A lo largo de estos días, también Argentina será foco para multitud de temas que surgen en diálogo espontáneo y familiar, lo mismo en pequeñas reuniones que en los llenos impresionantes del Centro de Congresos General San Martín.

En un momento dado habla de la pobreza y sobriedad de la vida en el Opus Dei, que no se ve, no se pregona, pero se practica.

«Tú sabes que nuestro servicio es servicio sobrenatural a Dios y a las criaturas; trabajamos con hombres y con mujeres, no trabajamos con ángeles, y por lo tanto necesitamos medios también humanos, no sólo los medios sobrenaturales de la oración, del sacrificio y de la mortificación; necesitamos de la ciencia, del estudio, del trabajo de las manos»(30).

En el Centro de Congresos General San Martín, que la gente ha llenado a oleadas, habla de la doctrina católica intangible:

« ¡No la toca nadie, no puede tocarla nadie! Hoy es la misma que explicaba, por tierras de Galilea, Jesucristo Señor Nuestro; y dentro de veinte siglos será la misma»(31)

Un clima afectuoso recorre la sala cuando, confiada y familiarmente, surgen preguntas sobre vocación, problemas de trabajo, dolor, alegría y muerte. Todas las coordenadas de la existencia humana a través de la fe.

En el Colegio de Escribanos, el 21 de junio, vuelven a salir los temas esenciales: Sacramentos, ambiente laicista, dificultades para el apostolado. De pronto, una intervención femenina, clara, se hace portavoz del mundo del arte escénico. La respuesta del Padre es inmediata:

«Si os empeñáis unos cuantos, con los medios de los cristianos -y tú eres cristiana y cristiana de punta-, rezando, negándote a lo que no puede hacer, ni decir, ni representar un cristiano, saldréis adelante, estoy seguro. Además te miran todos con simpatía. ¿Por qué no decís esto a voz en grito en la prensa, o desde el mismo teatro? ¿Por qué no buscáis autores que lo repitan?; de modo que, con los medios de tu oficio, estás haciendo un servicio a Dios y una oración»(32).

La última gran reunión en Argentina. De nuevo las preguntas cruzan la sala en todas las direcciones. Desde la enfermedad, hasta el apostolado de un vendedor de revistas; el trabajo del hogar y su repercusión social; la llamada universal a la santidad en el trabajo cotidiano; y el agradecimiento a Dios por esta gran respuesta al espíritu de la Obra en todo el mundo. La Comunión de los Santos que les mantendrá unidos, incluso después de su marcha, por encima de distancias y fronteras.

Argentina recibe su mejor deseo, su más honda bendición este 26 de junio en el Teatro Coliseo:

«Para toda la tierra argentina, para aquellos bosques maravillosos del Paraguay, para aquella tierra del otro lado del Plata, para vuestros hogares, para vuestros hijos, para las guitarras de vuestros hijos, y para la alegría de vuestros corazones: la bendición de Dios Omnipotente, la protección de la Madre del Cielo, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (33)

El viernes 28 de junio, a las 12,14 de la mañana, el Padre toma el avión con rumbo a Chile. La siembra de su cariño, de su fe entusiasta, está echada. Ahora, sobre su palabra, el trabajo y la esperanza de sus hijos.