La historia del Rector-Comisario del franquismo que no era franquista

El sobrino de Alfonso Balcells habla del profundo carácter demócrata de su tío, durante su etapa como Rector de la Universidad de Salamanca entre 1960 y 1968.

Opus Dei - La historia del Rector-Comisario del franquismo que no era franquista

El Día de Salamanca La historia del Rector-Comisario del franquismo que no era franquista (PDF)

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Quizá la ubicación y la limitada amplitud de la calle con la que Salamanca recuerda a Alfonso Balcells Gorina, rector de la Universidad de Salamanca entre 1960 y 1968, sea algo más que una simple metáfora. Está ubicada en el norte del barrio de Garrido, en la zona del Multiusos, muy próxima a la calle a la que da nombre su colega Esteban Madruga, el rector que sucedió a Unamuno en 1936. Lejos del centro, en todo caso, donde lucen con mucho más esplendor los rectores Tovar o Lucena.

Esa ocultación también se extendió durante décadas a la propia Universidad de Salamanca una vez que Balcells dejó su cargo. «No se le invitó nunca más a Salamanca. Fue un rector silenciado. Inclusó hasta costó poner su retrato». Así habla el arquitecto barcelonés Fernando Balcells, sobrino de quien fuera rector de la USAL, que descubre una visión muy curiosa de la labor de su admirado tío al frente de la Universidad de Salamanca. Dicha trayectoria se contó, en parte, en la autobiografía que bajo el título Memoria ingenua se presentó en 2006, cuatro años después de la muerte de Balcells, uno de los primeros numerarios del Opus Dei en Barcelona. «Los textos los había dejado mi tío escritos antes de fallecer y decidimos llamar al libro Memoria ingenua porque el tiet era así, un poco ingenuo. Era un hombre muy afable, que se metía a toda la gente en el bolsillo; muy entrañable, pero a la vez un poco ingenuo. Pensaba bien de todo el mundo y por ese motivo le metían muchos goles».

Un ejemplo de esa ingenuidad llegó a finales de 1936 cuando formando parte ya de la Universidad barcelonesa y significándose como católico, recibió en su domicilio la visita de falsos policías de los partidos anarquistas catalanes que, afortunadamente, no le encontraron allí. «Sin embargo, él al día siguiente fue a la Polícia de verdad, la real, para saber por qué le habían ido a buscar. Fue toda una locura, un riesgo tremendo del que él no se dio cuenta hasta después de hacerlo».

Fernando Balcells recuerda que en las conversaciones con su tío, éste le recordaba que en Salamanca había estado «encantado y muy feliz». Alfonso Balcells llegó a la ciudad en 1955 como catedrático de Patología General y Propedéutica Clínica en la Facultad de Medicina. Un año más tarde asumió el cargo de director del Hospital Clínico salmantino.

Otro marcado rasgo de ingenuidad le llevó a ser elegido rector sólo cuatro años después. «Mi tío asistió a una reunión de catedráticos con el ministro de Educación de entonces.

A finales de los años cincuenta la Universidad de Salamanca se caracterizaba por la presencia de numerosos profesores de izquierda ciertamente activistas y el régimen quería poner coto a esa situación. Con toda esa ingenuidad y ganas de ayudar que tenía, mi tío le dijo al ministro que él tenía la forma de hacerlo: Lo que hay que hacer es obligarles a trabajar más. Y así fue. Primero fue vicerrector un año y en 1960 le nombraron rector. Nada más llegar al puesto exigió una mayor labor investigadora y docente y muchos de aquellos profesores acabaron abandonando la Universidad».

No todos, por supuesto. De hecho, como bien relata Ignacio Francia en su imprescindible Salamanca 1950-1992. Materiales para la historia, la Universidad fue durante gran parte de los años sesenta un importantísimo foco de actividades políticas antifranquistas. Como ejemplos destacados, aquel que se produjo una noche de finales de 1964 cuando el interior de la Facultad de Derecho apareció lleno de pintadas contra el régimen de Franco; y otro, la masiva y enfervorecida despedida, en febrero de 1965, del hasta entonces catedrático de Derecho Político, Enrique Tierno Galván, en un acto que se celebró pese a la prohibición expresa del rector Balcells. «Por actitudes como aquellas», recuerda Fernando Balcells, «mi tío fue considerado como el rector-comisario del franquismo, el que le hizo el trabajo sucio, cuando él no era franquista en absoluto. Mi tío era un demócrata de toda la vida, tenía convicciones democráticas muy profundas, y a pesar de la gran labor que realizó al frente de la Universidad de Salamanca nunca estuvo bien considerado por ese componente político».

Enmieda a la totalidad

Ese carácter demócrata del que habla Fernando Balcells tuvo un detalle indiscutible en 1967. Como rector de la Universidad de Salamanca, Alfonso Balcells fue procurador en Cortes desde el 10 de octubre de 1960 hasta el 3 de diciembre de 1968.

Junto a un reducidísimo grupo de rectores y bajo la amenaza de represalias, el rector barcelonés de Salamanca fue el impulsor de la única enmienda a la totalidad que se presentó a la Ley Orgánica promulgada por Franco y aprobada por las Cortes, en la que se contemplaban las leyes básicas del país. Algunos colegas se echaron para atrás, pero Balcells no. Aquella decisión le valió su salida de Salamanca y su vuelta a Barcelona, cuando lo que el catedrático de Patología deseaba era trabajar en Madrid. Con la llegada de la democracia, Alfonso Balcells se presentó como candidato de Alianza Popular por Barcelona en las primeras elecciones libres.