Un curso de orientación familiar organizado en Montepiedra, un colegio situado en uno de los sectores populares más grandes de Guayaquil, se convirtió en el camino para que siete parejas de profesores y padres de familia, que llevaban años juntos, contrajeran matrimonio.
Así ocurrió en la Unidad Educativa Montepiedra, una institución promovida desde 1999 por fieles del Opus Dei en Guayaquil, la ciudad más poblada del Ecuador, situada a orillas del río Guayas y el principal puerto marítimo del país. El centro escolar ofrece una educación especializada a niños y jóvenes de Mapasingue, uno de los más grandes sectores populares de la capital de la provincia del Guayas.

La Unidad Educativa Montepiedra nació como respuesta a una inquietud profunda de servicio y compromiso social. Todo comenzó en agosto de 1996, cuando Monseñor Javier Echevarría, Obispo Prelado del Opus Dei, visitó Guayaquil y lanzó un llamado claro: no ser indiferentes ante las necesidades de quienes viven en los márgenes y asumir una tarea concreta, aunque empezara de forma pequeña, en favor de niños, jóvenes y familias. Ese mensaje fue recogido por SEDES, la Sociedad Ecuatoriana de Desarrollo Educativo y Social, que, con el apoyo de la CAF, el Banco de Guayaquil y reconocidos empresarios guayaquileños, impulsó el proyecto Montepiedra como un espacio educativo capaz de abrir caminos de progreso personal y profesional.

Desde su aprobación oficial en 2012, Montepiedra se consolidó como una unidad educativa de primaria y secundaria al servicio de los sectores de Mapasingue, Prosperina y zonas aledañas. La formación religiosa y la atención espiritual son voluntarias y están confiadas a la Prelatura del Opus Dei, en un clima educativo marcado por la libertad, el respeto y la responsabilidad personal, donde cada estudiante es acompañado para crecer no solo en conocimientos, sino también como persona y miembro activo de su familia y su comunidad.

En 2025, colaboradores de Montepiedra interesados en sacar adelante una labor dirigida al fortalecimiento de las familias, le propusieron al colegio organizar un curso de orientación familiar enfocada en preparar parejas de profesores y padres de familia que quisieran tomar el sacramento del matrimonio y que luego se casen, recuerda Iván Pozo Medina, ingeniero jubilado, casado con Marcela, con quien tiene siete hijas y cuatro nietos.
De allí resultó un curso de orientación de nueve sesiones de dos horas por sesiones, los sábados, que terminaban con la Santa Misa. “Se inscribieron quince parejas, pero a la primera sesión se presentaron siete. Lo bonito fue que las siete terminaron todo el curso” precisa Iván, y añade como anécdota que “una de las parejas asistentes y que contrajeron matrimonio, llevaba 50 años de convivencia”.

Recuerda que, en algunos casos, los participantes no tenían documentos que certificaran su bautizo, por ejemplo, y, además, pertenecían a parroquias diferentes, lo que exigía tener autorización para poderse casar en otra. Ante esa situación, la Arquidiócesis fue de gran ayuda. “Armamos un equipo muy comprometido, en el que el capellán y profesores del colegio, se pusieron en la labor de rastreo y recolección de esos documentos y en la consecución de los permisos necesarios. Al final todo salió bastante bien.
Ya estamos preparando las charlas para este año. Lo que se hizo en el 2025 fue un aprendizaje, todo el mundo aprendió, todos aprendimos”, agrega. Para la próxima ocasión, los promotores del curso se proponen “tratar a los papás, ser un poco más exigentes y acercarlos más a Dios”.

Y es que “la familia es el núcleo fundamental de la sociedad y sin la familia, la sociedad simplemente no funciona”. “Tenemos que hacer que la gente entienda que el matrimonio no es un tema social, que no es un contrato; es un sacramento, y que le va dando la fortaleza para salir adelante”. “Siete parejas abarrotaron el oratorio de Montepiedra. Dios sabe lo que hace y ahí nos dimos cuenta. Si hubiéramos tenido más gente, no habrían cabido”, concluyó.

