Los 75 años del Colegio Romano de la Santa Cruz (Cavabianca)

Fernando Crovetto, actual rector del Colegio Romano de la Santa Cruz, cuenta en esta entrevista cuál fue el objetivo de su fundación, la formación humana, espiritual y teológica que se imparte y la preocupación de san Josemaría por ofrecer formación a laicos y sacerdotes de todo el mundo.

Con ocasión del 75 aniversario de la fundación del Colegio Romano de la Santa Cruz, Alberto Hikaru Shintani, estudiante japonés de Historia de la Iglesia en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, entrevistó a Fernando Crovetto, rector del Colegio Romano. En esta conversación, Hikaru Shintani pregunta sobre la historia y los objetivos del Colegio, mientras el rector comparte su visión y experiencia.


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Fernando Crovetto es doctor en Historia por la Universidad de Navarra y en Teología por la Universidad Pontificia de la Santa Cruz; realiza trabajos de investigación en el Instituto Histórico San Josemaría Escrivá y, desde 2022, es rector del Colegio Romano de la Santa Cruz, en Roma.

¿Qué es el Colegio Romano y cómo se entiende su figura en el marco de la historia del Opus Dei?

Una de las muchas imágenes gráficas que usaba san Josemaría para definir el Opus Dei era el de «una gran catequesis». En efecto, san Josemaría veía en la formación –humana, doctrinal, apostólica y espiritual– un elemento clave para ayudar a adquirir una sólida piedad, y fomentar un auténtico celo evangelizador. En especial veía en los numerarios y agregados del Opus Dei esa especial misión de atender y formar a los demás fieles de la Prelatura.

Esa preocupación por la formación de los miembros del Opus Dei se nota de manera especial en las décadas de 1950 y 1960. Viendo como sus sueños de llevar el carisma de la Obra por todo el mundo se hacían realidad, san Josemaría sintió la urgente necesidad, por un lado, de preparar bien a los miembros que empezarían esa labor apostólica en un nuevo país y, por otro, de formar adecuadamente a las primeras vocaciones que el Señor hacía germinar en cada lugar. A estos dos retos de preparación de las nuevas vocaciones, san Josemaría dio el nombre de «batalla de la formación». Como se puede intuir, el concepto es análogo a lo que experimenta cualquier padre o madre de familia, o cualquier educador en otro ámbito, al poner sus mejores esfuerzos por ayudar a crecer a otra persona. En el caso que nos ocupa, gran parte de esa «batalla» consistía precisamente en disponer de los instrumentos humanos y materiales necesarios para formar a los miembros del Opus Dei. Entre estos instrumentos, se encuentra precisamente el Colegio Romano de la Santa Cruz.

El Colegio Romano fue erigido el 29 de junio de 1948, como un centro internacional de formación para los numerarios varones del Opus Dei. Con el paso de los años se incorporarían al Colegio Romano de la Santa Cruz también algunos miembros agregados. En 1953, san Josemaría erigió un centro internacional análogo para las mujeres del Opus Dei, al que dio el nombre de Colegio Romano de Santa María.

«Parte de la impronta que San Josemaría quería dar a este centro de formación desde los inicios era justamente la universalidad»

En 1948 el Opus Dei estaba básicamente en España, y la mayoría de los miembros eran entonces españoles. Sin embargo, en lugar de crear ese centro de formación en ese país, san Josemaría lo estableció en Roma, con las ventajas e inconvenientes que eso conllevaba. Inicialmente abundaban más los segundos, debido al idioma y al traslado de país que implicaba esa elección para quienes acudieran allí. ¿Por qué tomó esa decisión?

Efectivamente, en 1948 la casi totalidad de los miembros del Opus Dei eran españoles y residían en España, aunque el Opus Dei había empezado sus actividades ya en Portugal, Italia, Inglaterra, Francia e Irlanda, después de la II Guerra Mundial. Pero san Josemaría sabía que aquella «partecica de la Iglesia» –como a veces llamaba al Opus Dei–, que apenas daba sus primeros pasos, estaba destinada a llevar un mensaje de santificación a todo el mundo, precisamente porque su contenido se dirigía a todos los bautizados, independientemente de su nación o cultura.

Por eso, parte de la impronta que san Josemaría quería dar a este centro de formación desde los inicios era justamente la universalidad. Es decir, sus alumnos se formarían no solo a través de clases y del estudio, sino también a través de la convivencia cotidiana con miembros de muchos países, que con el paso de los años deberían llegar.

Por eso, no por casualidad, el lugar elegido fue Roma, cuya historia encarna como ninguna la universalidad de la Iglesia Católica. En los escritos y enseñanzas de san Josemaría, se nota que para él Roma es sinónimo de catolicidad, de universalidad, y por tanto la mejor ubicación geográfica para formar corazones universales capaces de extender el mensaje del Opus Dei por todo el mundo era Roma.

A veces se llama el Colegio Romano de la Santa Cruz por el nombre de “Cavabianca”. ¿Nos podría decir algo sobre qué es Cavabianca?

Cavabianca es el nombre de la sede actual del Colegio Romano de la Santa Cruz. Como la misma historia del establecimiento de san Josemaría en la Ciudad Eterna, también los inicios del Colegio Romano estuvieron marcados por la escasez de recursos adecuados. En sus comienzos, el Colegio Romano ocupó parte de la sede central del Opus Dei –llamada Villa Tevere–, que estuvo en construcción desde 1949 hasta 1960.

Pero san Josemaría pronto empezó a buscar posibles sedes para dar más autonomía al Colegio Romano, con instalaciones más amplias que permitieran una sana formación para un grupo numeroso de gente joven. De hecho, para tener idea de las dimensiones del proyecto, ya a partir de 1953 –cinco años después de la erección del Colegio Romano– el número de alumnos superó con creces el centenar y eso que la primera promoción estaba compuesta por seis alumnos.

San Josemaría barajó distintas opciones dentro de la ciudad de Roma. Por ejemplo, el Oratorio del Gonfalone en Via Giulia, hoy sede del Coro Polifónico Romano. O la Catacumba de San Valentín, muy cerca de la sede central del Opus Dei. Pero como estas y otras gestiones no salieron adelante, la sede del Colegio Romano siguió estando en Villa Tevere hasta 1974, cuando por fin se trasladó a Cavabianca, el nombre que dio san Josemaría a un amplio complejo de edificios de planta nueva construido en la zona de Saxa Rubra, a las afueras y en el extremo norte de la ciudad de Roma. Cavabianca estuvo en construcción desde 1971 a 1974, y desde Villa Tevere san Josemaría cuidó con esmero hasta los últimos detalles arquitectónicos de la casa, para que Cavabianca fuera un instrumento adecuado para la formación y la vida de los alumnos del Colegio Romano. De hecho, la última piedra de Cavabianca lleva la fecha del fallecimiento de san Josemaría, el 26 de junio de 1975.

En el Colegio Romano de la Santa Cruz se forman también los futuros sacerdotes del Opus Dei, ¿eso no hace que el Colegio Romano sea más bien un seminario?

Efectivamente, además de centro internacional de formación, el Colegio Romano de la Santa Cruz es también el seminario internacional del Opus Dei. Muchos de sus alumnos, tras realizar los necesarios estudios filosóficos y teológicos, y un adecuado y libre discernimiento vocacional, tanto por parte del candidato como del equipo formador del Colegio Romano, reciben también una preparación específica para el sacerdocio. El Opus Dei tiene una “Ratio institutionis sacerdotalis”, aprobada por la Santa Sede, que es un documento que regula la formación de los sacerdotes de la Prelatura.

Estos futuros sacerdotes, teniendo ya la experiencia de la espiritualidad laical propia de los fieles del Opus Dei, al ordenarse como sacerdotes incardinados en la Prelatura del Opus Dei, pueden ofrecer su ministerio sacerdotal como complemento indispensable e insustituible a la misión evangelizadora de los demás miembros laicos del Opus Dei –hombres y mujeres–, que buscan difundir el mensaje de Cristo en medio del mundo. Desde 1948, y por la gracia de Dios, hemos tenido ordenaciones sacerdotales de miembros del Opus Dei todos los años. El pasado 20 de mayo, se ordenaron 25 sacerdotes. Ahora mismo, el Opus Dei cuenta con cerca de dos mil sacerdotes de todos los continentes y que trabajan en todos ellos.

«En toda la labor apostólica del Opus Dei existe una cooperación orgánica entre sacerdotes y laicos, hombres y mujeres, cada uno en su propio estado, compatible con sus circunstancias personales»

Y el hecho de que, al menos en parte, se formen en un mismo lugar sacerdotes y laicos ¿no implica una minusvaloración de la vocación sacerdotal o, al contrario, una clericalización de los laicos?

Este es un tema interesante. Siendo, como decía antes, una «partecica de la Iglesia» también en el Opus Dei tanto los sacerdotes como los laicos se ven igualmente responsables e igualmente implicados en la labor evangelizadora de la sociedad. En toda la labor apostólica del Opus Dei existe una cooperación orgánica entre sacerdotes y laicos, hombres y mujeres, cada uno en su propio estado, compatible con sus circunstancias personales. Y esa complementariedad entre sacerdotes y laicos es parte integrante del carisma divino recibido por san Josemaría, y que de modo gráfico se ve reflejada en la dinámica y contenido de la formación que se busca impartir en el Colegio Romano de la Santa Cruz. Es decir, lo importante es descubrir el propio camino, siendo laico o sacerdote, y recorrerlo siguiendo la llamada personal que cada uno ha recibido.

Como rector del Colegio Romano puedo constatar cómo existe esa armonía orgánica entre sacerdotes y laicos dentro del mismo Colegio, donde unos complementan la labor de los otros, sin espacio a clericalismos ni a anticlericalismos. Es una cooperación además muy enriquecedora para ambas partes. Creo que esa armonía puede aportar mucho, porque siempre hay riesgo de crear una mezcla caótica de los roles de cada fiel, si no se valora adecuadamente la especificidad propia de cada uno, dentro de la común misión evangelizadora de la Iglesia Universal.

Los alumnos y seminaristas del Colegio Romano, ¿reciben toda la formación allí o de qué modo se complementa?

Como he mencionado antes, en el Colegio Romano se ofrece formación humana, espiritual, intelectual y apostólica. Además, el enriquecimiento que supone vivir en Roma aporta un valor muy destacado en este sentido, por muchos aspectos históricos, espirituales y de comunión con toda la Iglesia. Además, en lo que respecta a la dimensión académica la adquieren en buena medida en ateneos universitarios romanos, en concreto para cursar los estudios de Filosofía, Teología y Derecho Canónico. Desde los inicios del Colegio Romano, los alumnos frecuentaban alguna de las universidades pontificias de Roma. Pero, poco a poco, se fueron formando entre los mismos miembros del Opus Dei algunos profesores que pudieron impartir clases de estos estudios eclesiásticos en el mismo Colegio. Hasta que en 1985, siendo ya el beato Álvaro del Portillo el sucesor de san Josemaría al frente del Opus Dei, la Santa Sede –a través de la Congregación para la Educación Católica– instituyó el Centro Académico Romano de la Santa Cruz. En 1990 la misma Congregación la erigió como Ateneo Pontificio. Y en 1998, el Papa san Juan Pablo II le concedió el título de universidad pontificia. Es la séptima de Roma, y da origen a lo que hoy es la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, cuyo campus se encuentra cerca de Piazza Navona. Cuenta con cuatro facultades: Teología, Derecho Canónico, Filosofía y Comunicación Social Institucional. Según los datos del año 2022, esta universidad tiene 1.334 alumnos provenientes de 85 países, con un cuerpo docente de más de 200 profesores, algunos de los cuales forman parte también del equipo formador del Colegio Romano de la Santa Cruz.

La Universidad Pontificia de la Santa Cruz es, por tanto, una universidad que nació a raíz del Colegio Romano de la Santa Cruz, aunque actualmente el Colegio Romano y la Pontificia Universidad de la Santa Cruz sean dos entidades distintas, pero estrechamente relacionadas. En ese sentido, la mayoría de los alumnos del Colegio Romano estudian en esta universidad, donde consiguen el título en las Ciencias Eclesiásticas. Al mismo tiempo, algunos siguen complementando sus estudios con materias o cursos de otras facultades pontificias de Roma, en especial quienes en un futuro dedicarán mayor tiempo a la docencia.

Viendo la historia de estas dos instituciones –el Colegio Romano de la Santa Cruz y la Pontificia Universidad de la Santa Cruz– se puede afirmar que expresan el amor de san Josemaría por la Iglesia Universal y por la formación de sacerdotes. ¿Ese desvelo de san Josemaría se ve manifestado también hacia los sacerdotes que no son del Opus Dei?

Sí, y pienso que de muchos modos. En primer lugar, en la misma Pontificia Universidad de la Santa Cruz se percibe ese deseo por contribuir a la formación de sacerdotes que no forman parte del Opus Dei, pues la mayoría de los alumnos no son miembros de la Obra, pero encuentran allí un ambiente en el que se procura velar por la seriedad académica, y en donde se respira tanto la internacionalidad como la fidelidad al Magisterio de la Iglesia. Además, no pocos alumnos estudian gracias a un sistema de becas, ofrecidas por la generosidad de muchas fundaciones que desde todo el mundo facilitan el estudio de los futuros sacerdotes, a quienes aprovecho para agradecer de todo corazón su magnanimidad, que con la gracia de Dios será una bendición para la Iglesia en muchos países.

En Roma hay también un seminario internacional para seminaristas diocesanos de cuya formación se hace responsable el Opus Dei, el Sedes Sapientiae, donde yo mismo fui formador durante unos años. También se promueven dos colegios sacerdotales para sacerdotes diocesanos, con el fin de facilitar que los obispos que lo deseen puedan enviar sus sacerdotes a formarse en Roma.

Por último, y más allá de esa contribución al bien de las diócesis a través de esa formación, hay sacerdotes de la prelatura del Opus Dei a quienes se ha confiado tareas de las mismas diócesis: desde formadores y directores espirituales en seminarios, a miembros de los tribunales diocesanos, a consultores de las conferencias episcopales, etc. Y, aunque no sea la dedicación ordinaria de los sacerdotes del Opus Dei, hay también sacerdotes de la Prelatura que hoy son obispos diocesanos trabajando en varios países y dos cardenales, que contribuyen respectivamente a la atención pastoral de las diócesis locales y a la ayuda al Santo Padre en la misión de la Iglesia.