No te canses, la vida aún tiene sentido.

En los tiempos que corren, comprender la realidad, y saber explicarla, casi se ha convertido en una necesidad. Posiblemente los días de cuarentena produzcan mucho desasosiego si lo vemos desde un ángulo apocalíptico; pero no nos olvidemos que detrás de todo, está la mano providente de un Dios que es Padre: un Dios que es Amor.

100 años de Juan Pablo II

Es un reto inesperado poder sentarme a conversar con un hombre que pertenece al Dream Team de la santidad en el siglo XX. Se me hace difícil entrevistarlo llamándolo Juan Pablo II. Me gustaría poder llamarlo por su nombre de pila, es decir Karol. Pero en aras de la formalidad y la seriedad de esta entrevista no me tomaré estas licencias periodísticas.

Sin muchos preámbulos, comencemos.

Santo Padre, ¿la Providencia divina quiso una pandemia? ¿Existe una Providencia que quiera el mal de los hombres?

Para muchos constituye una dificultad aceptar “la verdad de la Providencia Divina. En algunos casos, esta dificultad asume una forma radical cuando se acusa a Dios del mal y del sufrimiento presentes en el mundo llegando hasta rechazar la verdad misma de Dios y su existencia. De un modo menos radical y sin embargo inquietante, esta dificultad se expresa en tantos interrogantes críticos que el hombre plantea a Dios. La duda, la pregunta e incluso la protesta nacen de la dificultad de conciliar entre sí la verdad de la Providencia Divina, de la paterna solicitud de Dios hacia el mundo, y la realidad del mal y del sufrimiento experimentada en formas diversas por los hombres”.(Catequesis sobre Dios Padre).

¿Cómo conciliamos esa realidad paterna con el mal y el sufrimiento presente en el mundo?

“Podemos decir que la visión de la realidad del mal y del sufrimiento está presente con toda su plenitud en las páginas de la Sagrada Escritura. Podemos afirmar que la Biblia es, ante todo un gran libro del sufrimiento: este entra de lleno en el ámbito de las cosas que Dios quiere decir a la humanidad (…) Por esto el único método adecuado para encontrar una respuesta al interrogante sobre el mal y el sufrimiento en el mundo es buscar en el contexto de la revelación que nos ofrece la palabra de Dios”. (Catequesis sobre Dios Padre).

Nos puede dar una pista…

“La afirmación de la Sagrada Escritura “la maldad no triunfa de la Sabiduría” (Sab 7, 30) refuerza nuestra convicción de que, en el plano providencial del Creador respecto al mundo, el mal en definitiva está subordinado al bien”. Además hay otras dos afirmaciones: “Dios no quiere el mal como tal” y “Dios permite el mal”. A propósito de la primera es oportuno recordar las palabras del libro de la sabiduría: “…Dios no hizo la muerte ni se goza en la pérdida de los vivientes. Pues Él creó todas las cosas para la existencia” (Sab 1, 13-14). En cuanto a la permisión del mal en el orden físico (…) es necesario decir que ello pertenece a la estructura misma de estas criaturas. Por otra parte, sería difícilmente pensable, en el estado actual del mundo material, el ilimitado subsistir de todo ser corporal individual. Podemos, pues, comprender que si Dios no ha creado la muerte, sin embargo la permite con miras al bien global de cosmos natural”. (Catequesis sobre Dios Padre).

Foto de Anna Shvets en Pexels

Entonces, la pandemia la entendemos desde el bien del cosmos…

No en su totalidad. “A la pregunta sobre cómo conciliar el mal y sufrimiento en el mundo con la verdad de la Providencia Divina, no se puede ofrecer una respuesta definitiva sin hacer referencia a Cristo (…) Cristo confirma con su propia vida –en la pobreza, la humillación, la fatiga- y especialmente con su pasión y muerte, que Dios está al lado del hombre en su sufrimiento; más aún, que Él mismo toma sobre Sí el sufrimiento multiforme de la existencia terrena del hombre. Jesús revela al mismo tiempo que este sufrimiento posee un valor y un poder redentor y salvífico”. (Catequesis sobre Dios Padre).

Entiendo, es en Cristo donde encontramos la esperanza para la historia y el tiempo que nos está tocando vivir.

“La historia de la humanidad es una trama de la coexistencia entre el bien y el mal. Esto significa que, si el mal existe al lado del bien, no obstante, persiste al lado del mal, y por decirlo así, crece en el mismo terreno, que es la naturaleza humana. En efecto, ésta no queda destruida, no se volvió totalmente mala a pesar del pecado original. Ha conservado una capacidad para el bien, como lo demuestran las vicisitudes que se han producido en los diversos períodos de la historia”. (Memoria e Identidad).

Entonces, ¿podemos decir que el coronavirus es como una prueba?

“La vida tiene sentido cuando se considera y se vive como una prueba de carácter ético. Cristo confirma este sentido, y al mismo tiempo, define la adecuada dimensión de esta prueba que es la vida humana”. (Homilía a universitarios romanos).

Por cuestiones de espacio tenemos que terminar. ¿Qué nos diría para concluir?

“Esforzaos por aceptar las dificultades que debéis afrontar, precisamente como una parte de aquella prueba en que consiste la vida de todo hombre. Es preciso asumir esta prueba con plena responsabilidad. Se trata de una responsabilidad, por una parte, personal: para mi vida, para sus perfiles futuros, para su valor; y es, a la vez, una responsabilidad social, de cara a la justicia y la paz, para el saneamiento moral del propio ambiente y de toda la sociedad; es una responsabilidad respecto al auténtico bien común. El hombre que tiene esa conciencia del sentido de la vida no destruye, sino que construye el futuro. Nos lo enseña Cristo”. (Homilía a universitarios romanos).

Foto de Retha Ferguson en Pexels

¿Y qué les dice a los jóvenes que se enfrentan a un mundo cansado y en el que no encuentran el sentido pleno de sus vidas?

“El mensaje del Concilio os invita también a no ceder al ateísmo, “fenómeno de cansancio y de vejez.Ante él, vosotros jóvenes vigorosos, debéis afirmar la fe “en lo que da sentido a la vida: la certeza de la existencia de un Dios justo y bueno”.

Debéis manifestar en vuestra vida esa fe, enriqueciendo a otros con un testimonio vivido, alegre y esperanzado, que contagie a quien os mira. Vuestro testimonio cristiano, juvenil y valiente, capaz de pisotear el respeto humano, tiene gran fuerza evangelizadora.

Esta debe ser vuestra actitud de vida. Si sois fieles a este programa, sentiréis el gozo de quien lucha y sufre por el bien; de quien da a los demás la razón de su esperanza; de quien encuentra en cada hombre el rostro de Cristo; de quien renueva constantemente su juventud interior; de quien ante un mundo que lo busca, quizá sin saberlo, grita un mensaje de optimismo: también en nuestros días, Jesús de Nazaret sigue siendo la fuente e inspiración de la verdad, de la dignidad, de la justicia, del amor.

Mis queridos amigos: sé, por mi experiencia como profesor universitario, que os gustan las síntesis concretas. Es muy sencilla la síntesis-programa de lo que os he dicho, se encierra en un No y un Sí:

No al egoísmo;

No a la injusticia;

No al placer sin reglas morales;

No a la desesperanza;

No al odio y a la violencia;

No a los caminos sin Dios;

No a la irresponsabilidad y a la mediocridad.

Sí a Dios, a Jesucristo, a la Iglesia;

Si a la fe y al compromiso que ella encierra;

Sí al respeto de la dignidad, de la libertad y de los derechos de las personas;

Sí al esfuerzo por elevar al hombre y llevarlo hasta Dios;

Sí a la justicia, al amor, a la paz;

Si a la solidaridad con todos, especialmente con los más necesitados;

Sí a la esperanza;

Sí a vuestro deber de construir una sociedad mejor.

Recordad que para vivir el presente hay que mirar al pasado, superándolo hacia el futuro.” (Mensaje a los jóvenes en Costa Rica).

Foto de portada: Hernan Valencia en Flickr.