100 años de Juan Pablo II: el Papa amigo.

La amistad: una vacuna contra la vida solitaria

Es mucho el tiempo que llevamos confinados. Quizás, para la mayoría, lo más duro de esta pandemia ha sido tener que afrontar el dolor en soledad, no poder “sentir” el consuelo de otros ante las situaciones difíciles que sobrellevamos. Ahora, el cariño y la cercanía ni siquiera se pueden manifestar con un buen apretón de manos o un abrazo, hay que conformarse con ojos que sonríen sobre la mascarilla o codos que se chocan.

¿Qué me quiere decir Dios?

Juan Pablo II fue un hombre que vivió el sufrimiento desde muy temprana edad. Perdió a sus padres y hermanos, quedándose sin familia pero en el seno de una comunidad cristiana que lo ayudó a salir adelante. También vivió la invasión de su país y la guerra. Siendo Papa cargó con conflictos y sufrimientos de todas partes del mundo. Efectivamente, podemos preguntarle a Karol, ¿cómo enfrentaste todo esto? La respuesta llega de distintos modos.

Estoy cerca, estoy en la Cruz

Este jueves 2 de julio, se cumple un nuevo aniversario de la consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento. Somos Tierra de Gracia, como se nos ha denominado desde las primeras exploraciones. Pero en estos tiempos de cuarentena, puede que nuestras costumbres de piedad se hayan enfriado. Juan Pablo II nos propone la Comunión espiritual y el Rosario para fortalecer la fe.

Textos espirituales

​En torno al buen samaritano

El Papa Francisco ha publicado recientemente la encíclica "Fratelli tutti" sobre la fraternidad universal y la amistad social. En este texto se profundiza en el segundo capítulo: un comentario a la parábola del buen samaritano.

Un apóstol que disfruta siempre

En un mundo lleno de actividad, san Josemaría nos propone una "lógica" sorprendente: primero, oración y mortificación; solo después, acción. Así podremos sintonizar mejor con el apostolado que quiere Dios.

Mensaje del día

“Aquí estoy, porque me has llamado”

Ha llegado para nosotros un día de salvación, de eternidad. Una vez más se oyen esos silbidos del Pastor Divino, esas palabras cariñosas, “vocavi te nomine tuo” –te he llamado por tu nombre. Como nuestra madre, El nos invita por el nombre.

Más: por el apelativo cariñoso, familiar. –Allá, en la intimidad del alma, llama, y hay que contestar: “ecce ego, quia vocasti me” –aquí estoy, porque me has llamado, decidido a que esta vez no pase el tiempo como el agua sobre los cantos rodados, sin dejar rastro. (Forja, 7)

Un día –no quiero generalizar, abre tu corazón al Señor y ...

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