Juan Pablo II, ¿cómo habrías vivido la cuarentena?

En el centenario del nacimiento de Karol Wojtyla queremos recordarlo como si estuviera hoy entre nosotros. Con sus palabras y sus enseñanzas quisiéramos adentrarnos en la comprensión de esta situación de pandemia y aislamiento que nos ha tocado vivir.

100 años de Juan Pablo II

Juan Pablo II, un nombre que suena a la primera porque es conocido por todo el mundo. Casi todos los mayores de 25 años tenemos una anécdota con el Papa Amigo, y los más pequeños, habrán oído –de primera mano– historias de alguna vivencia cercana al Pontífice que viajó por los cinco continentes llevando el mensaje del Evangelio.

Un Papa que dirigió la Iglesia durante 26 años, que se acercó a jóvenes, enfermos, líderes de otras religiones, gobernantes y, con su oración, derribó muros y cortinas de hierro que parecían indestructibles.

Muchas personas tuvieron la suerte de hablar con él, pedirle la bendición, tomarse alguna foto: pero si hubiéramos podido preguntarle algo a Karol Wojtyla en este centenario de su nacimiento, justo en medio de una cuarentena, cuando tenemos dificultades para el encuentro con los demás, cuando la enfermedad ha tocado la puerta de muchos y, en ocasiones, la muerte se muestra tan cercana, ¿qué le habríamos preguntado?

Más aún… ¿qué nos habría respondido un hombre que vivió bajo las dificultades del Nazismo y luego el Comunismo; al que le tocó asumir muy joven la mitra de Obispo y luego ser Papa en un mundo dividido por las ideologías; un hombre que supo llevar con fortaleza la cruz de Cristo?

Para honrar el centenario de su nacimiento, en las próximas semanas estaremos publicando las posibles respuestas que nos habría dado san Juan Pablo II, basadas en sus experiencias y en sus escritos, en los que nos ha dejado múltiples enseñanzas para este milenio que transcurre.

La Iglesia propone a los santos como ejemplos en el camino para seguir a Cristo y la vida de Juan Pablo II, un hombre que supo afrontar las adversidades de la mano de Jesús y de su Madre, Santa María, puede abrirnos perspectivas para asumir los retos que nos presenta esta nueva realidad mundial y seguir caminando hacia la meta que todos tenemos por delante: “Sed santos, como mi Padre celestial es santo” (Mt 5,48).