Un hogar lejos de casa: residencias universitarias

Hace más de cincuenta años nacieron las residencias Del Mar y Montefaro con un deseo muy concreto: que cada estudiante que llegara a Montevideo encontrara un lugar tranquilo y seguro, un ambiente familiar donde sentirse como en casa. Inspiradas en el mensaje de san Josemaría, las residencias buscan que la experiencia universitaria sea también una oportunidad para crecer en la amistad, la convivencia y el cuidado de los demás.
“No puedes ser un elemento pasivo tan sólo. Tienes que convertirte en verdadero amigo de tus amigos: ayudarles”, enseñaba san Josemaría. Ese espíritu se hace vida en los pequeños gestos de cada día: compartir una comida, estudiar juntos antes de un examen, celebrar los logros de otros o acompañarse en los momentos difíciles. Desde entonces, cientos de universitarios uruguayos y extranjeros han pasado por estas residencias, donde las amistades y los recuerdos suelen perdurar mucho más allá de los años de universidad.
Universidad de Montevideo

Aprender a mirar: En la Universidad de Montevideo, la formación busca ir más allá del aprendizaje académico. "No basta tratar las cosas con equidad y con justicia humana. Se necesita tener metido el corazón", explicaba san Josemaría. Inspirada en su mensaje, la Universidad procura formar profesionales con una mirada atenta a las necesidades de los demás, capaces de poner su talento al servicio de las personas y de buscar soluciones que transformen positivamente su entorno.
Ese espíritu se hace visible cada año en cientos de estudiantes que participan en iniciativas solidarias: mejoran escuelas en el interior del país, acompañan a personas en situación de calle, visitan hogares de ancianos y organizan campañas de abrigo, aprendiendo a mirar la realidad con ojos atentos para descubrir dónde hacen falta manos, talento e iniciativa.
Casavalle, acompañar para transformar la realidad
A veces una oportunidad puede cambiar la manera de mirar el futuro. "Yo os digo que soñéis cosas buenas, cosas grandes" animaba san Josemaría. Inspiradas por ese llamado, en el barrio de Casavalle, una de las zonas más vulnerables de Montevideo, surgieron iniciativas gracias a las que muchas familias, jóvenes y mujeres encontraron el impulso para construir su proyecto de vida.
Ampliar horizontes: En la Fundación Los Pinos, Yaguer recuerda el momento en que comenzó a mirar su futuro de otra manera: “Llegó un punto en que los sueños dejaron de parecer imposibles”. Descubrir nuevas oportunidades y sentirse acompañado le permitió abrirse a un horizonte lleno de posibilidades. "Yo digo que soñéis cosas buenas, cosas grandes. Que penséis con el corazón y con la cabeza, porque con el corazón también se piensa, en grandes novelas de cariño y de bien", animaba san Josemaría.

Cada persona vale: San Josemaría recordaba con frecuencia que "cada hombre vale toda la Sangre de Cristo", una invitación a reconocer la dignidad única de cada persona. En Los Rosales niños y adolescentes crecen sabiendo que cada una tiene un valor único y puede desarrollar sus talentos. Ese mismo espíritu también se refleja en las actividades dirigidas a mujeres del barrio, que encuentran allí un espacio para formarse, fortalecer la confianza en sí mismas y abrir nuevas oportunidades para ellas y sus familias. Priscila, alumna del colegio, lo expresa con sencillez: “No solo aprendemos ciencias, descubrimos también nuestra voz. Lo mejor de todo es que no importa de dónde vengamos: ahí cada una es especial, única”.

Volver a empezar: “Los problemas de nuestros prójimos han de ser nuestros problemas. La fraternidad cristiana debe encontrarse muy metida en lo hondo del alma, de manera que ninguna persona nos sea indiferente” enseñaba San Josemaría. Ese espíritu se hace vida en las iniciativas que se llevan adelante en el barrio de Casavalle, donde cada persona es acogida con cariño. Así lo experimentó Sandra, cuya participación en las actividades del centro fue transformando también su vida familiar. "Desde que entré acá cambió todo", cuenta.

En la actualidad, Los Rosales trabaja con niños y niñas de 0 a 5 años, mientras que Los Pinos acompaña a partir de los 6 y hasta los 18 años, construyendo así una trayectoria con continuidad. Así, cada niño, niña y adolescente puede crecer sintiéndose querido y capaz de descubrir sus talentos y posibilidades, junto a sus familias. Es la misma inspiración que animó estos proyectos desde el comienzo: mirar a cada persona con la dignidad y el cariño que enseñaba san Josemaría, y ayudarla a descubrir que puede construir grandes cosas con su vida.
Una historia que continúa
Lo que comenzó con la llegada de dos jóvenes sacerdotes a Montevideo en 1956 sigue creciendo gracias a cientos de personas que, desde ámbitos muy diversos, hacen vida el mensaje de san Josemaría en Uruguay. Además, esa historia continúa en iniciativas educativas como ASPROE y APES y PREU, clubes juveniles, programas de orientación familiar de la IFFD, retiros espirituales y otros proyectos que acompañan a personas y familias a lo largo de toda la vida.
La visita del Padre será una oportunidad para reencontrarse con muchas de ellas y conocer de cerca cómo aquella semilla sigue dando fruto.

