«Y no dejes que nada te detenga»

Susana nació y creció en Perú. Estudió la carrera de arquitectura y ya en México comenzó a formar una familia, integrada por su marido y sus cinco hijos. Hoy, además de estar a cargo de su familia, ha logrado seguir con su propio negocio, lo que le ha supuesto un reto a la hora de equilibrar su vida profesional con el cuidado de su familia.

Opus Dei - «Y no dejes que nada te detenga»

El Papa Francisco en su Carta Apostólica Patris Corde nos recuerda como la “valentía creativa” surge cuando nos encontramos con dificultades y cómo ante estas, tenemos dos opciones: bajar los brazos y detenernos o ingeniárnoslas de alguna manera y salir adelante. Susana, la protagonista de esta historia tiene cinco hijos y ante el reto de tenerlos a todos encerrados en su casa y con los gastos que eso implica, se las ha ingeniado para no morir en el intento y emprender su propio negocio en el camino.

Pandemia: un reto para todos

«Fue todo un tema: me agarró desprevenida. Tengo cuatro niños en primaria; esto quiere decir que los cuatro necesitaban algún dispositivo para conectarse a sus clase en línea. Una amiga me prestó una computadora, y una vecina nos prestó otra. Mi marido tenía una iPad viejita». Susana sonríe: el abandono en Dios ha sido imprescindible para mantener la paz durante este último año y medio.

«Dios es infinitamente generoso con nosotros. En ningún momento, desde que empezó esta pandemia, nos ha soltado. Mi mamá no pudo venir de Perú para ayudarme con el nacimiento de Joaquín, mi hijo más pequeño, pero no me faltaron las amistades, las oraciones y los mensajes, la amiga que se aparecía para traerme la comida y la que me decía: “No te preocupes, a la hora que sea yo voy por tus hijos ”». Espíritu de familia y de amistad. Cosas que se notan cuando las dificultades arrecian.

Los hijos de Susana: Inés, Nico, Álvaro y Lucía. Joaquín el pequeño recién nacido aún no aparece en las fotos.

Como muchas familias alrededor del mundo, Susana y su familia han tenido que sacar el máximo provecho a los espacios de su casa: su sala se ha convertido en salón de baile y en patio de recreo. En verano, incluso armaron una pequeña alberca para los niños. «Yo los dejo que saquen y que muevan todo. De pronto, las habitaciones se convierten en un fuerte; otras veces, son una isla desierta o la puerta a un país desconocido. Todo vuela en esta casa. Así, aunque no puedan salir, crean sus propios mundos y utilizan mucho su imaginación. Sí, es desorden, es caos, pero no pasa nada: Terminan y recogen. Eso es más fácil.

Dulce luna: Miskilla

Sus hijos no son los únicos que ponen en marcha su imaginación. «Estudié arquitectura en Perú, una carrera que me impulsó a crecer en creatividad». Y no hay nada que necesite tanta creatividad como una familia: ahí fue donde su negocio empezó a despegar. «Comencé a hacer accesorios cuando nació Inés, mi segunda hija, y poco a poco empecé a hacer también a las hijas de mis amigas. Así fue como comencé a recibir más pedidos. Ahora ya hago cosas para Primera Comunión, para Confirmación y durante esta pandemia hasta cubrebocas me pidieron».

¿Y el nombre para el negocio? «Fue mi abuelo quien me ayudó con eso. Miskilla es una palabra quechua, y significa dulce luna». Otra puntada para la creatividad.

Familia y trabajo: una escuela para todos

«¿Yo? La verdad no soy tan ordenada. Pero lo intento y mis hijos se dan cuenta: creo que eso los motiva a esforzarse también». El buen humor es importante. Y el orden. Y tener un horario. «Eso es fundamental», afirma Susana, riendo.

«Hay momentos duros, especialmente esos días en los que el encierro se siente más. Pero el que sean muchos hermanos ayuda. Y el nacimiento de Joaquín en medio de la pandemia ha sido la cereza del pastel: todos han cooperado para ayudar con el más pequeño. Los cuatro hermanos grandes se dan cuenta de lo que implica tener un bebé en casa y hacen por lo posible por ayudar». Cada uno tiene sus responsabilidades, pero ayudar en casa va más allá del mero cumplimiento: cuando las cosas se hacen por amor, siempre se llega a más.

«Yo estoy muy contenta de poder seguir creciendo en casa, de poder seguir aprendiendo. Es una oportunidad para desarrollarme tanto personal como profesionalmente». Creatividad ordenada. Orden creativo. Metas concretas y esfuerzo diario. «Los niños se dan cuenta y aprenden. Trato de enseñarles que si quieren algo, lo pueden hacer, con orden y pasos concretos: que luchen para lograrlo». La familia es escuela para todas las edades. ¿La materia por excelencia? Aprender a querer. Es una suerte que para cursarla no se requieren cuatro computadoras.