Vigilia con el Papa León en la Plaza de Lima

Entre el medio millón de personas que asistimos al primer encuentro público del Papa León con los fieles congregados en la Plaza de Lima y sus alrededores, hay historias personales que vale la pena destacar.

El encuentro de León de Roma con Miguel de León

Entre el medio millón de personas que asistieron a la vigilia de los jóvenes con el Papa, estoy segura de que el más joven era Miguel, un bebé de tres semanas al que sus padres trajeron desde León, España. Desde las 16:00 h, el pequeño Miguel y sus padres permanecieron en el sector C12, resguardados bajo una sombra para sobrellevar temperaturas que rondaban los 30 °C. Quienes compartimos sector con Miguel lo vimos dormir, comer y regalarnos algunas sonrisas. Lo que no podíamos esperar era que, tras cuatro horas y media, Miguel sería bendecido por el Papa, que comparte nombre con la ciudad que lo vio nacer.

Andrés, el voluntario más comprometido

Ya decía el Papa en su primer discurso en tierras españolas que esta nación es un ejemplo de multiculturalidad y acogida; esto se pudo comprobar durante la vigilia. Más allá de las banderas de otros países, me quedo con la historia personal de un voluntario chino: Andrés, que era su nombre en castellano. Durante las más de ocho horas en las que Andrés “atendió” su sector, lo vimos practicar distintas obras de misericordia: dar de beber al sediento, soportar con paciencia y dar consejo al peregrino. Además, realizó labores de comunicación entre personas de distintos sectores, controló la temperatura de los mayores ofreciéndoles su gorra para protegerlos del sol y, cuando se produjo un conato de incendio en el generador detrás de nosotros, él se prestó de inmediato a llamar a la policía y atender la contingencia. Un auténtico testimonio de que el amor al prójimo se concreta en pequeños detalles de servicio. Quizá el Papa León conozca a Andrés en el encuentro que tendrá con los voluntarios el martes; estoy segura de que para él, el premio a su servicio no se quedará aquí, sino en la vida eterna.

La adoración de una religiosa con "juventud acumulada"

El momento central de la vigilia fue la adoración eucarística. Fue impresionante el silencio con el que la multitud acompañó a Jesús. Durante la exposición del Santísimo, la gran mayoría de las personas del sector C12 se pusieron de rodillas. Había allí familias, colegios, parroquias y clubes juveniles.

Quizá el testimonio que más me impresionó, no por sus palabras, sino por sus gestos, fue el de una religiosa andaluza de la tercera edad, que se postró para adorar a Jesús. Entre mochilas y esterillas, esta mujer era un claro testimonio de adoración a Dios.

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    María Teresa Nicolás Gavilán