Profesor de El Peñón se ordena sacerdote

Omar Espíritu, de Orizaba, Veracruz, recibió la ordenación sacerdotal el 23 de abril. En el artículo recuerda su trabajo en El Peñón como una etapa inolvidable y habla de lo que significa para él convertirse en sacerdote.

Háblanos un poco de tu familia y de tu lugar de origen.

Mis papás tuvieron cuatro hijos: tres varones y una mujer. Mi papá falleció hace unos años, y mi mamá vive en Orizaba, en el estado de Veracruz, donde nacimos mis hermanos y yo. Siempre hemos sido una familia muy unida. De lo que más recuerdo de Orizaba son los momentos de convivencia familiar.

¿Qué aficiones tienes y qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

Me gusta mucho la historia y el arte, por eso, ahora que vivo en Roma, aprovecho el tiempo libre para caminar por la ciudad, que es verdaderamente un museo. Lo que más disfruto, y es cierto que así se aprende más, es explicar a quien quiera conocer un poco más de arte la historia de quién diseñó los edificios o las fuentes que nos vamos encontrando por la calle o los retablos y frescos que hay dentro de una iglesia. Detenerse a mirar una pintura con calma y disfrutarla es una auténtica oportunidad para ser un poco más humanos.

¿Cómo conociste el Opus Dei?

A los ocho o nueve años de edad comencé a tocar la batería en un grupo musical del colegio. Esta afición continuó incluso cuando me fui a vivir a la ciudad de Puebla para estudiar ingeniería civil.

Una tarde, en la universidad, vi un cartel en un tablero de anuncios que decía que se buscaba un baterista para un grupo musical. Después supe que algunos de los integrantes de esa banda iban a un centro del Opus Dei.

Con la naturalidad propia de los amigos, un sábado los acompañé a una conferencia que se iba a dar en el centro de la Obra. No recuerdo el tema de la conferencia, pero sí que me encantó el ambiente de alegría y cordialidad de todos, unido a un alto nivel cultural y a una profunda piedad eucarística.

Así, entre clases en la universidad, tambores y platillos, Dios se me hizo el encontradizo. A partir de ahí, seguí haciendo lo mismo, pero con un “sonido de fondo” nuevo: poco a poco esas horas de estudio y de ensayos con la banda se iban volviendo medio para encontrarme con Dios y de acercar a otros amigos a Dios.

Omar Espíritu recibió la ordenación diaconal de manos de Mons. Echevarría en octubre de 2015.¿A qué te dedicabas antes del sacerdocio?

Fui profesor en El Peñón, un colegio ubicado en la ex hacienda de Montefalco, en Morelos, que se dedica a ayudar en la formación de jóvenes que viven en el campo. Fueron años inolvidables. Ayudar en el ámbito de la educación es el mejor modo de hacer que un país crezca. Por supuesto que esto lleva su tiempo, pero como profesor te toca ayudar a sembrar con optimismo y esperanza porque cuando la tierra es fértil y el clima benigno, se tiene la certeza de que el fruto se dará. Ese ambiente propicio es una familia unida, de las que en Morelos, como en muchos otros lugares de México, hay a montones.

¿Qué papel jugaron tus padres en el descubrimiento de tu vocación?

Con el paso de los años voy comprendiendo lo que hacían mis papás para educarnos cristianamente a mí y a mis hermanos, dándonos una gran libertad y sin grandes rollos. Ir a misa, por ejemplo, formaba parte de la convivencia familiar de los domingos. Mis papás ingeniosamente combinaban el llevarnos a la iglesia con otra actividad que hacíamos juntos, como un día de campo o visitar a los abuelos. Con toda naturalidad y sencillez nos iban animando a asistir a la misa con gusto. Y lo mismo hacían con el estudio y el trabajo. Con su ejemplo y en un clima de libertad y cariño nos fueron formando, por eso el ver cómo son mis papás, me ayuda a recibir y a disfrutar el amor de Dios, que es un Padre que pide todo, pero que da mucho más.

¿Qué cualidades debe tener un sacerdote ideal?

El sacerdote ideal es Cristo, por eso en la medida en que la persona desaparezca y deje que Cristo viva y se haga presente, será un buen sacerdote. Creo que por medio de la oración se puede trabajar en esa identificación para ser, como decía san Josemaría, “ipse Christus”, el mismo Cristo. Por eso es que el sacerdote habla con Dios, hace que las almas hablen con Dios y habla de las almas con Dios, para ayudarles y servirles según la voluntad divina. Al estilo del Papa Francisco y con cariñosa unidad filial a su persona se puede decir que las cualidades son: desaparecer, rezar y servir.

¿Qué esperas de ti como sacerdote?

Pienso que no es una casualidad que mi ordenación se celebre en este año Jubilar; veo con claridad que mi sacerdocio está como marcado por el sello de la misericordia. Dios es un Padre que nos ama con locura y que, como dice el Papa Francisco, “nunca se cansa de perdonarnos”. Por eso la confesión, el sacramento de la alegría, será como un pilar en mi labor sacerdotal. Además Dios no solo nos perdona, nos salva, se nos da Él mismo en la Eucaristía para que vivamos en Él, en su corazón misericordioso en el que cabemos todos para que nos lleve al Padre. Espero, con la ayuda de la Virgen de Guadalupe, nuestra Madre, y de san Josemaría, ser un buen instrumento al servicio de la Iglesia para acercar a las almas a la misericordia de Dios y para mostrar el Amor de Cristo, el único que da una verdadera paz y alegría.


Fundación El Peñón