Un pediatra para devolver la esperanza a un barrio marginado

Niños que transportan droga, muchachas jóvenes que se quedan embarazadas y degradación social generalizada. Este es el ambiente humano en el que Raffaele ejercita su profesión de médico. Pero aún queda espacio para la esperanza: he aquí su testimonio.

Opus Dei - Un pediatra para devolver la esperanza a un barrio marginado

Nos encontramos en el Parque Verde, una zona situada en el municipio de Caivano en Nápoles, conocida popularmente en Italia como “Tierra de fuego”. De aquí parten grandes cantidades de droga con dirección a numerosas ciudades italianas. En sus orígenes, esta zona fue concebida para alojar a las cerca de 6.000 personas que tuvieron que abandonar sus hogares como consecuencia del terremoto en Irpinia del año 1980.

Lo que en un principio iba a ser algo temporal, acabó siendo definitivo y se transformó en un gran gueto separado del municipio de Caivano. El nombre de “Parque Verde” viene de los numerosos bloques de viviendas de ocho plantas de color verde pálido que conforman el lugar.

Cerca de 1200 menores viven en este barrio nacido para acoger a los desplazados del terremoto del 1980

La vida de los cerca de 1.200 menores que viven en el barrio está marcada por la falta de oportunidades, el abandono escolar y, a menudo, la violencia.

Pocas reglas y simples

En medio de este ambiente Raffaele, pediatra de profesión, desarrolla una labor asistencial desde hace dos años. Se trata de un modo de contribuir a mejorar el ambiente social a través de la ayuda que presta a las familias.

“He tratado de establecer con todos una relación de amistad desde el inicio -relata Raffaele- enseñándoles a respetar las reglas del ambulatorio: la obligación de pedir cita, la importancia de mantener el silencio y un buen comportamiento en la sala de espera. Para esto es de ayuda un gran cartel en el que he escrito el silencio es oro”.

cASI TODAS LAS ENFERMEDADES DE LOS NIÑOS SON DE TIPO PSICO-NEURO COMPORTAMENTAL

Casi todas las enfermedades de los niños son de tipo psico-neuro comportamental: desmotivación, hiperactividad, falta de normas de comportamiento, alteración del estado de ánimo… Normalmente el pediatra debe contar con la colaboración de los padres para poder hacer un trabajo efectivo. “En mi caso -explica Raffaele-, casi siempre solo es posible la colaboración de las madres, a las cuales muchas veces les cuesta aceptar un consejo mío, ya que consideran que sus hijos tienen un comportamiento normal respecto al ambiente en el cual viven. Es más fácil ayudar a los niños cuando presentan problemas físicos que de comportamiento. Además, como viven en malas condiciones higiénicas se ponen enfermos con frecuencia. A esto se suma también el humo del tabaco de los padres que los niños inhalan pasivamente.

Cuando atiende a los más pequeños, Raffaele procura distraerlos con juegos, les llama por su nombre y se viste con batas de colores en vez de la clásica bata blanca: “Este modo de actuar -continúa el pediatra- me permite realizar bien la consulta y que los niños me vean como un amigo. Hay unas palabras de san Josemaría que para mí son de gran ayuda: El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor.

Niños que transportan droga y madres de 15 años

Como ya se ha señalado, uno de los grandes problemas del barrio es la droga, tanto el tráfico como el consumo: “Por desgracia a veces sucede que los niños más mayores -relata Raffaele- son utilizados por sus padres para vender y transportar la droga de un lugar a otro. Me esfuerzo por ayudarles a entender que la droga es un veneno que provoca daños permanentes al cerebro y al cuerpo. Les pido que no la consuman, aunque estén acostumbrados a ver a los mayores hacerlo. Los niños tienden a imitar a los mayores, ya sea por aburrimiento o por moda”.

SUCEDE QUE ALGUNOS NIÑOS SON USADOS POR LOS PADRES PARA TRANSPORTAR DROGA

“Otro de los grandes problemas del barrio, como consecuencia del bajo nivel de educación, es el de las jóvenes que se quedan embarazadas: por ejemplo, vino a verme una chica de 15 años que estaba esperando un hijo. El padre de la joven, vigilante de coches, le había prohibido volver a casa con la amenaza de golpearla si la veía. La muchacha estaba convencida de que la única solución era abortar, pero la madre la trajo a mi consultorio para que tratara de ayudarla.

Con la colaboración de un ginecólogo y de un psicólogo, la joven decidió no abortar, acogiendo con los brazos abiertos el don que la vida le había hecho inesperadamente. Incluso el padre al ver al niño, cambió radicalmente su actitud inicial, aceptándolos de nuevo en su casa. Todavía hoy me agradece cada vez que me ve por haberla ayudado a tomar la decisión correcta”.

Parque Verde de la esperanza

“Gracias a Dios no estoy solo ni me siento solo en este proyecto de devolver la esperanza a las nuevas generaciones del barrio –concluye Raffaele–. Últimamente en el Parque Verde están surgiendo nuevas iniciativas de asistencia, de acogida y de ayuda a los niños para ocupar su tiempo libre: la creación de un campo de fútbol-sala, laboratorios de diseño, el arreglo de las zonas peatonales, nuevos parques de recreo para los más pequeños… De hecho una de estas iniciativas está promovida por un exdrogadicto. De este modo los niños pueden divertirse en un lugar seguro. Tengo la esperanza que el adjetivo “verde” del parque no se refiera más al color apagado de los bloques de casas, sino al color de la esperanza”.