Mi amigo, Iñigo

Íñigo. Futbolista nato. Íñigo, que por las noches rezaba para que los “malos” se hicieran “buenos”. Íñigo. Amigo. De esos que saben hablarse de “tú” con Dios y te enseñan el secreto. Malo en matemáticas y genial sobre el escenario. Alegre. Así era Íñigo.

Opus Dei - Mi amigo, Iñigo

¿Quién es un amigo? Ya desde el año 384 a.C., Aristóteles quiso dar una respuesta: «Es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos alma». Bejamin Franklin lo definió con la fórmula «tesoro + consuelo» y Platón admitió que muchas veces el amigo es «ladrón de nuestro tiempo».

Todos quieren buenos amigos, pero no todos quieren aprender a ser uno. La amistad implica superar el miedo a darse y a encontrarse a uno mismo; es una aventura, un salto de fe: es atreverse a ser vulnerable. No es fácil, pero es apasionante.

«Era un cuate súper apostólico, súper entregado; y, al mismo tiempo, era un vato súper normal que jugaba futbol»

Así vivía Íñigo. A sus dieciséis años, era un adolescente como cualquier otro: sus días estaban inmersos en jugadas y pases, estudio y fiestas, guitarra y amigos. Pero como buen jugador, nunca perdía de vista la portería, porque Íñigo sabía que jugaba el partido más importante de todos: su propia vida. Y en ese partido, como en cualquier otro, no estaba solo: tenía un equipo con el que tenía que ganar.

«Era un cuate súper apostólico, súper entregado; y, al mismo tiempo, era un vato súper normal que jugaba futbol», recuerda Chapo, amigo y padrino de confirmación de Íñigo. «Era buenísimo en fútbol y animaba mucho a todos, hasta los más malos, para que le entraran y se metieran a jugar».

El verdadero amigo muchas veces no mete los goles: es como un mediocentro que sabe hacer los mejores pases. Íñigo sabía hacerlo: «Le dice a alguien: Oye, hay que saltarnos la clase, ¿no? Se salen de clase y luego, ya estando afuera, dice: Ya que estamos afuera, ¿por qué no nos vamos a confesar? Y así se llevaba a sus amigos a confesar».

Iñigo y a su derecha Esteban Peralta

Mediocentro nato. De esos que dejan el corazón en el partido. De esos que saben que sin equipo no hay victoria. De esos que saben escuchar al entrenador. «La gente, al hablar de Íñigo, habla de su trato con Dios y de su vida de oración. Era muy impactante. Me acuerdo una vez que fui a su casa a comer, y como después platicamos un rato, terminamos ya en la noche. Cuando llegué a mi casa, tenía un mensajito de él que decía: ‘Oye, Chapo, no hicimos la oración’, junto con una foto del librito con el que la estaba haciendo. Me dio a entender que él ya la estaba haciendo y pues…yo me puse a hacerla junto con él».

Íñigo escucha al entrenador y anima al equipo a hacer lo mismo. Pase. Caída. Gol. Cabecita y un fuera de lugar. Cosas que pasan. El partido está lleno de emociones y cambios inesperados. Pero Íñigo lo disfruta: es un verdadero apasionado de su deporte. «Íñigo andaba por la vida súper alegre. Está cañón cómo siempre te hacía reír. Siempre buscaba que los demás se la pasaran bien. Si ibas caminando por la calle, y alguien se quedaba atrás, él se regresaba para meterlo al grupo. Se notaba cuando estaba, su presencia».

«Ahora, cuando me cuesta poner buena cara o hacer un comentario positivo, me llega a la mente el ejemplo de Íñigo, de cómo buscaba que los demás se la pasaran bien. Eso me motiva»

Entre saques, pases y tiros libres, el partido continúa. A veces, sin embargo, el silbato suena. Suena para algunos. El 26 de junio de 2020, el silbato sonó para Íñigo. Fue inesperado, sorpresivo. El jugador estaba listo: había metido el gol final.

C.S. Lewis decía que la amistad «nace en el momento en que una persona le dice a otra: ¿Cómo? ¿Tú también? Creí que era el único». El amigo acompaña: anima al mirar hacia delante y consuela al mirar hacia atrás. No quiere la victoria para él solo: da pases, sube y baja, defiende y anota.

¿Quién es un amigo? El amigo es el que deja el corazón en la cancha para que su equipo anote. El amigo es el enseña a escuchar al entrenador y a mantener la esperanza cuando anota el equipo contrario. El amigo es un jugador nato, porque sabe que el trofeo se gana en equipo.

«Ahora, cuando me cuesta poner buena cara o hacer un comentario positivo, me llega a la mente el ejemplo de Íñigo, de cómo buscaba que los demás se la pasaran bien. Eso me motiva». Íñigo era jugador nato. De los buenos. Seguro seguirá acompañando a sus amigos hasta el final. Para ellos, el partido todavía sigue. ¿Qué harían sin su mediocentro?

Este video fue realizado por Chapo y Santiago, en el que entrevistaron a familiares y amigos de Íñigo.