Manos jóvenes al servicio de los demás

Paula y Alondra son de distintas ciudades, se llevan 5 años de diferencia y tienen planes de vida distintos. Sin embargo, las une su pasión por el servicio a los demás. En El Pinar reciben formación técnica y espiritual.

Opus Dei - Manos jóvenes al servicio de los demás

Alondra Díaz es originaria de Coahuila, tiene 16 y está cursando el segundo año de preparatoria. Paula Santini viene desde Jalisco y tiene 21 años. Parecería que no tienen mucho en común, pero sus ganas de aprovechar su juventud al servicio de los demás las unió a cada una de forma muy particular al estudiar en El Pinar.

El Pinar es un colegio especializado en servicios de la hospitalidad. Abrió sus puertas en agosto del año 2000 a jóvenes de zonas rurales dispuestas a crecer personal y espiritualmente.

Alondra

El ambiente de familia que se respira en El Pinar fue lo primero que notó al entrar. Ella considera que esa atmósfera propicia el estudio. Su materia favorita ha sido Ética General, basada en el libro del Padre Ricardo Sada, porque le ha enseñado que hay fundamentos para lo que está bien y lo que no: “No era que me dijeran qué estaba bien y qué mal, sino tener esos cimientos para explicarme el por qué”. Ese enfoque le ha permitido a Alondra solidificar sus principios.

La formación que recibe le ha mostrado su capacidad de superarse, sus planes para cuando salga de El Pinar son continuar con sus estudios en medicina, con vistas a ser una mujer profesionista que imprima ese cariño que acerca el servicio y el cuidado de los detalles.

El Pinar es un colegio especializado en servicios de la hospitalidad. Abrió sus puertas en agosto del año 2000 a jóvenes de zonas rurales dispuestas a crecer personal y espiritualmente.

Paula

De sus primeras experiencias fue estar en clase de repostería aprendiendo a preparar pan dulce, cuando su maestra le dijo una frase que se le quedaría grabada desde entonces: “El hacerlo bien vale más que el hacerlo”. Desde ese día, Paula entendió que no basta con realizar nuestras tareas, sino que la belleza de nuestra libertad reside en poder hacer las cosas con esmero, siempre dando lo mejor de nosotros en cada una de las pequeñas tareas que hacemos.

Dentro de la formación que reciben las alumnas de El Pinar, la favorita de Paula siempre fue la clase de Aprender a amar, donde ha aprendido que el cambio en nuestras vidas comienza hasta que nos preguntamos quiénes somos y a dónde vamos. Paula reconoce que siempre se dejó llevar por las tendencias y el ambiente: “No sabía quién era yo. Siempre fui lo que los demás querían”. Gracias a este curso, logró replantearse su misión y su vocación por el servicio.

Hoy en día, Paula y sus compañeras se ríen de ellas mismas al recordarse cuando apenas llegaron a El Pinar. Cuenta que han notado cómo han dejado de ser esas ‘niñas inmaduras’ y han pasado a ser mujeres que reconocen sus talentos y debilidades, y que gracias a eso pueden superarse en todos los ámbitos de sus vidas. A Paula siempre le ha parecido clara la relación entre la formación que ha recibido en El Pinar y la gastronomía. Ella cuenta que en la hora de cocina no era la mejor, podía llegar a ser un desastre, sin embargo, al entender la importancia de hacer todo de la mejor manera posible, logró apoyarse de sus talentos para mejorar. Cada que llevaban la materia de gastronomía le suponía un esfuerzo inmenso, pero siempre supo que su meta era mejorar. Fue con orden y disciplina que consiguió, al cabo de varios meses de arduo trabajo y con ayuda de sus instructoras, volverse toda una maestra de la cocina.

Pero no todo son estudios, uno de los elementos más importantes en su vida es acercar a sus amigas a Dios. A Paula siempre se le ve con una sonrisa que se ha convertido en su mejor aliada para ayudar a los demás. “Siempre me preguntan, ¿por qué siempre estás sonriendo? ¿por qué haces el trabajo así?”. Su alegría y su dedicación en las pequeñas cosas son una invitación a compartir su fe.

Ella considera que no podemos llevar a nuestros amigos a Dios con sermones, sino que, cuando se ve la presencia de Dios en nuestras vidas, contagiamos a nuestras amistades para que busquen ellas mismas santificarse desde las pequeñas cosas.

Dentro de El Pinar, Paula descubrió los frutos de ofrecer nuestro día a Dios, desde el momento en el que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir, sirviéndolo y buscando mejorar profesional y espiritualmente. Gracias a su cercanía con Dios, le fue sencillo encontrar su vocación en el servicio. Después de sus estudios en El Pinar, buscará seguir preparándose y santificarse por medio de su pasión: el servicio a los demás. “Yo siempre veía mis manos y decía, ¿con esto qué puedo hacer para los demás?” cuenta emocionada Paula.