Homilía Santa Misa en acción de gracias por el 50 aniversario de la visita de san Josemaría al IPADE

El pasado 27 de mayo, el vicario regional del Opus Dei en México, el Pbro. Ricardo Furber celebró una misa en acción de gracias por el 50 aniversario de la visita de san Josemaría al IPADE. A continuación encontrarás la homilía y una breve galería fotográfica.

El Opus Dei en México

Cuando san Josemaría llegó al Ipade, la tarde del 27 de mayo de 1970, se fue derecho al oratorio. Se había preparado todo para la consagración del altar. Don Álvaro fue explicando el significado de cada uno de los pasos dentro del rito litúrgico. También leyó el acta que se elabora para dejar constancia de la consagración; en ella se decía, que la consagración se hacía en honor y alabanza de la Inmaculada Concepción de Santa María siempre Virgen. Esta imagen que preside el oratorio fue un regalo de san Josemaría que don Pedro se había traído de Roma cuatro años antes cuando el grupo promotor del Ipade fue a pedir consejo al Padre para comenzar esta iniciativa.

Más adelante, se lee en el acta, que son palabras de san Josemaría: tomando ocasión de esta ceremonia, he rogado intensamente a Dios para que se digne siempre bendecir y santificar las ofrendas de sus hijos, colocadas simbólicamente sobre este altar por el celo de su devoción; y que el Señor, creador de las cosas visibles y de las invisibles, que nos dijo: negociad mientras vuelvo, reciba con agrado, por la intercesión de la Santa Madre de Dios, el trabajo profesional de todos los que frecuentan –o frecuentarán en el futuro- esta casa, de modo que esa tarea sirva de verdadera ayuda no sólo para ellos mismos y sus familias, sino también para las gentes necesitadas, nuestros hermanos, y sea fuente de alegría y de paz.

Que claro tenía san Josemaría la invitación que Dios nos hace a santificar nuestro trabajo, es decir, a esforzarnos por hacerlo bien y por amor a Dios, con profesionalidad, de ese modo podemos ponerlo simbólicamente sobre este altar, convirtiéndolo en una ofrenda agradable a Dios. Fue por lo que el Padre pidió expresamente, dejándolo por escrito en el acta para que no se les olvidara a todos los que frecuentarían el Ipade, ya sea por trabajar en él o por venir a participar en los cursos.

Ahora bien, por la gente que está siguiendo esta Misa, creo que es importante aclarar que el trabajo no es el fin que se persigue en la vida, sino un medio para santificarnos, un medio para desarrollar a la persona que lo realiza y un camino para conseguir el sustento de la familia. Y si bien es cierto que, en el primer libro de la Biblia, el Génesis, se dice que Dios crea al hombre para trabajar, no puede el trabajo convertirse en una actividad que desfase a Dios, en primer lugar, a la familia, a la vida social, al descanso, de nuestra vida. El trabajo, como lo dice en el acta san Josemaría, es una tarea que sirve para ayudarme, para ayudar a mi familia y a muchas gentes necesitadas. Por eso el reto, y la petición que le hacemos hoy a nuestro Señor, está en hacer compatible todo: Dios, la familia, el trabajo, la vida social, la cultura, entre otros. Contamos para esto con la oración que ya hizo san Josemaría en estos términos por todos nosotros.

Al terminar la ceremonia, el Padre se quedó un rato en el oratorio y comenzó a hacer su oración en voz alta. Con palabras parecidas dijo: Hagamos un acto de fe. La vida aquí en la tierra es muy corta, pero estamos contentos de poder pasar unos minutos haciendo compañía a Jesús Sacramentado. Demos gracias a Dios –yo también las doy-, porque nos trata con tanto cariño… Jesucristo está real y verdaderamente presente en el Sacramento del altar

¿Te das cuenta? Cuando vienes al Ipade no llegas a una escuela de negocios cualquiera, ya sea porque trabajes aquí o porque seas participante de algún curso, sino que entras a un lugar donde está Dios, al menos en las sedes donde hay oratorio. Eres uno de los pocos privilegiados que pueden pasar buena parte de su tiempo tan cerca como quieras de Jesús en la eucaristía. Y me atrevo a hacerte esta pregunta para que la pienses: ¿cómo has aprovechado esta bendición que Dios te da a ti?

Nos quiere tanto Nuestro Señor, que el evangelio que dispuso para la Misa de hoy es la oración de Jesús por cada uno de nosotros. Así lo escuchamos en el evangelio de san Juan que acabamos de leer: “(…) levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo: Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió (…)”. Que confianza nos debe dar saber que Jesús ha rezado por nosotros para que vivamos unidos, para que nos salvemos.

Teniendo en cuenta esta parte del evangelio, a ver qué te parecen estas palabras de san Josemaría una vez terminada la ceremonia y reunidos todos en el aula:

(…) te pido (Señor) por favor que a estos hijos míos los bendigas, y a todos y en todo les vaya bien. Y si alguna vez la contradicción llega, que vayan a buscar –en el Sagrario y en Santa María de Guadalupe- el poder y la fortaleza para salir adelante, que saldrán.

Y en otro momento: No les conozco a ustedes, pero ya los quiero mucho. Sé que tendrán siempre un corazón grande para sacar adelante su hogar, sus industrias, su comercio, sus afanes: los que sean. Aunque yo no entiendo nada de negocios, porque en cuanto veo diez centavos juntos me mareo, contáis con mis oraciones. Y mis oraciones sí les sirven, como sirve tener a Jesús Sacramentado abajo, en el oratorio. Es el tesoro más grande para todas vuestras empresas, también cuando hay contradicciones, que serán lógicas en vuestra labor.

¿No es maravillosa esa coincidencia de la oración de Jesús leída en el evangelio de hoy, con la oración de san Josemaría por todos los que forman parte del Ipade, un día como hoy hace 50 años? Además, son tantos los elementos de su oración, aplicables a nuestra situación actual, que el fundador nos ofrece una fórmula para permanecer unidos en las dificultades: acudir al Sagrario y a Santa María de Guadalupe. Así, las cosas saldrán bien, saldrán adelante.

Otro momento entrañable de esa reunión o rato de tertulia, fue cuando el Padre se fijó en Carlos Llano y le dijo que le debía un desagravio en público. Acto seguido, explicó que, cuando Carlos dejó años atrás el Colegio Romano para venir a trabajar a México, en unos negocios de su familia, el Padre, en broma, y refiriéndose a su profesión de filósofo, le había dicho que todo el dinero que iba a ganar cabría en la palma de su mano, y sobraría sitio. Cuando se lo vuelve a encontrar, Carlos era el director del Ipade y el Padre, mirándole con cariño y orgullo, le tendió la mano abierta, invitándole a depositar allí lo mucho que había ganado. Carlos se levantó, muy seguro; tomó la mano del Padre, y estampó un beso. La ovación fue instantánea.

Luego el Padre, abrió su corazón, contando una experiencia personal con la fina intención de dejarnos una clara enseñanza: A mi padre no le fue nada bien en los negocios. Y doy gracias a Dios, porque así sé yo lo que es la pobreza; si no, no lo hubiera sabido (…). Era tan maravilloso, que supo tener una serenidad inmensa y llevar la contradicción con paz cristiana y de caballero. Jesús mío, que estás abajo escondido en la Hostia Santa, te doy gracias porque a mi padre le fue mal en sus cosas, y así pude conocer la pobreza. Que cada quien saque sus conclusiones.

Después una pregunta: Padre, ¿qué nos dice a los que colaboramos en algunas obras apostólicas del Opus Dei? Que estoy muy contento, muy contento de los que trabajan dentro, y de los que ayudan desde fuera, porque también a esos los tengo metidos en el corazón. Estoy muy agradecido a todos; especialmente a los que se sacrifican bien, y no lo dicen. Ese es el único secreto que permite Dios nuestro Señor, y que consiento yo en la Obra. Cuando se da una limosna, no se publica por todos los lados: yo he dado a tal Residencia, yo he dado a tal labor de obreros. Hijo mío, ¿no ves que has perdido todo el mérito? ¡No!, lo hacemos por Dios, y es El quien nos va premiar todo eso.

Se podrían contar muchas más cosas que sucedieron un día como hoy hace 50 años, alrededor de un santo, porque todas nos llevan a pensar en Dios y en la Virgen, pero hay que terminar.

Lo hacemos pidiéndole a la Virgen que nos ayude a interiorizar estas palabras de su hijo y de san Josemaría, para convertirnos en continuadores de esta oración por cada uno de nosotros y de quienes nos rodean, de modo que así podamos todos alcanzar el fin al que estamos llamados: la santidad, consiguiendo ser felices en esta tierra y luego en el cielo.

Galería fotográfica