Existe un hilo invisible, pero de una fuerza incalculable, que une a España con México a través de sus dos advocaciones marianas más universales: la Virgen de Montserrat, conocida cariñosamente como la Moreneta, y la Virgen de Guadalupe, que es nuestra Morenita. El color moreno de ambos rostros de la Madre de Dios las hace características.
La "Moreneta" de Montserrat es una talla románica de madera que el paso del tiempo y el humo de los cirios oscurecieron. Siglos más tarde, al otro lado del océano, en 1531, la Virgen de Guadalupe se manifestó en la tilma de san Juan Diego con rasgos mestizos, ganándose el nombre de la Morenita. En ambos casos, el diminutivo afectivo refleja que los fieles no ven en ellas figuras distantes, sino a una madre accesible, cercana y protectora.

El eco de Montserrat llegó a América con los primeros evangelizadores. De hecho, el propio Cristóbal Colón bautizó una isla del Caribe con el nombre de la advocación, y los primeros misioneros llevaron consigo réplicas y grabados de la Virgen de Montserrat. También el Papa León, en su discurso, recordó que en Trujillo, Perú, le tocó atender una parroquia dedicada a la Virgen de Montserrat. Además, en 1982, el Papa había venido a esta misma abadía.

Más allá de las coincidencias, lo que verdaderamente hermana a la "Moreneta" y a la "Morenita" es su misión protectora y su mensaje de profundo consuelo. Precisamente hoy, durante su discurso en la abadía de Montserrat, el Papa León XIV ha querido cerrar su intervención recordando unos tradicionales y emotivos versos dedicados a la patrona: "De los catalanes siempre seréis la Princesa, de los españoles y del mundo todo el amor; decidnos: 'Sois mi tesoro, yo soy vuestra madre, no temáis'".

Este tierno ruego que el Pontífice ha elevado a los pies de la "Moreneta" resuena con una sintonía asombrosa al otro lado del Atlántico. Son palabras que evocan el diálogo de confianza y amparo que la Virgen de Guadalupe dirigió al indio san Juan Diego en el Tepeyac: "¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? No te apene ni te inquiete cosa" (Nican Mopohua).

