En este artículo encontrarás el texto íntegro de la consagración al Corazón Dulcísimo de María. Lo ponemos a disposición para que todo el que quiera pueda leerla y meditarla. San Josemaría dispuso que estas consagraciones fueran renovadas todos los años en ocasión de las fiestas correspondientes y que las personas de la Obra las renovaran con las demás de su centro. El artículo incluye el contexto histórico en que san Josemaría la realizó por primera vez, el texto completo y recursos para profundizar la devoción al corazón dulcísimo de María.
- Contexto histórico
- Texto de la Consagración al Corazón Dulcísimo de María
- Recursos para rezar y profundizar
Contexto histórico
El Opus Dei fue consagrado por su fundador en cuatro ocasiones: a la Sagrada Familia (1951), al Corazón Dulcísimo de María (1951), al Corazón Sacratísimo de Jesús (1952) y al Espíritu Santo (1971). En todos los casos, san Josemaría dio ese paso para pedir la ayuda divina ante necesidades concretas.
La segunda consagración tuvo lugar el 15 de agosto de 1951, en el santuario de Loreto. En los meses anteriores, el fundador tuvo el presentimiento de que una grave amenaza se cernía sobre la Obra debido a un conjunto de indicios que, en distinta medida, apuntaban en esa dirección. Pero como no tenía pruebas concluyentes ni sabía a quién dirigirse para actuar y hacer frente a ese peligro, su zozobra interior no encontraba salida. Al fin, pidió a todos los miembros del Opus Dei que rezaran la jaculatoria Cor Mariæ dulcissimum, iter para tutum! (“¡Corazón dulcísimo de María, prepáranos un camino seguro!”), y tomó la decisión de consagrar la Obra al Corazón Dulcísimo de María. Eligió el santuario de Loreto, donde se venera la Santa Casa, para realizar la consagración, con palabras espontáneas, después de celebrar él la Misa, en un pasillo que se encuentra detrás del altar de la Santa Casa (en ese momento, el beato Álvaro del Portillo celebraba la Misa).
Posteriormente compuso una fórmula e indicó que se renovara todos los años el 15 de agosto.
Meses más tarde, salió a la luz la amenaza sobre la que san Josemaría había sido advertido, gracias a varias circunstancias, entre otras, al aviso del beato Card. Schuster, arzobispo de Milán. Según los datos que se poseen, se trataba de un intento de revisar el estatuto jurídico del Opus Dei (que acababa de ser aprobado en modo definitivo por el Papa, un año antes) para modificarlo sustancialmente, prescindiendo incluso del fundador. Tras una protesta decidida por parte de Mons. Escrivá, dirigida al cardenal Tedeschini, quien la leyó al papa, Pío XII puso fin –provisionalmente en 1952 y de modo estable en 1955– a cualquier procedimiento que estuviera en curso, y la cuestión terminó ahí.
Esta consagración armoniza con el profundo espíritu mariano que caracteriza la vida espiritual de los miembros del Opus Dei, y vino a corroborar algo que ya se vivía desde el principio: poner la Obra y sus apostolados bajo la protección de la Santísima Virgen.
Texto de la Consagración al Corazón Dulcísimo de María
Oh María Santísima, que, por haber concebido en tu seno virginal a Jesucristo, eres para nosotros Madre de gracia y de vida, de misericordia y de perdón: acoge benignamente la consagración del Opus Dei que ahora hacemos a tu Corazón Inmaculado.
Santa María, esperanza nuestra, asiento de la sabiduría, esclava del Señor, Madre del Amor Hermoso: alcánzanos, con tu intercesión poderosa, que sea agradable a Jesús esta consagración.
Te consagramos nuestro ser y nuestra vida; todo lo nuestro: lo que amamos y somos. Para ti nuestros cuerpos, nuestros corazones y nuestras almas; tuyos somos nosotros y nuestros apostolados. Queremos que todo, en nosotros y en nuestro alrededor, te pertenezca y participe de tus bendiciones maternales.
Y para que esta consagración sea verdaderamente eficaz y duradera, renovamos hoy a tus pies, Señora, la entrega que hicimos a Dios en el Opus Dei.
Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra; Corazón dulcísimo, imagen perfecta del Corazón de Jesús, atiende las súplicas que con piedad filial te dirigimos:
Inflama nuestros pobres corazones para que amemos con toda el alma a Dios Padre, a Dios Hijo, y a Dios Espíritu Santo; infunde en nosotros amor grande a la Iglesia y al Papa, y haznos vivir plenamente sumisos a todas sus enseñanzas; danos un gran amor a la Obra, a nuestro Padre, al Padre y a nuestros Directores; haz que, fieles a nuestra vocación, tengamos celo ardiente por las almas; elévanos, Señora, a un estado de perfecto amor de Dios, y concédenos el don de la perseverancia final.
Y ya que tu oración todo lo puede en la presencia del Señor, permítenos que te escojamos como especial protectora: para que, después de haber vivido santamente en la tierra, tengamos la felicidad de alabar contigo a la Trinidad Beatísima eternamente en el Cielo. Así sea.
Se termina diciendo tres veces la jaculatoria: Cor Mariae dulcíssimum, y contestan todos, las tres veces: iter para tutum!
Recursos para rezar y profundizar
- Textos para rezar con san Josemaría al Corazón Dulcísimo de María.
- La Virgen Santa, causa de nuestra alegría. Homilía pronunciada por san Josemaría el 15-VIII-1961 y publicada en “Es Cristo que pasa”.
- San Josemaría en Loreto. Relato de la consagración, por Ana Sastre.
- La Asunción de la Virgen María. Más recursos para profundizar en esta fiesta y en este misterio de la vida de la Virgen María.
Textos de san Josemaría sobre el Corazón Dulcísimo de María

- No existe corazón más humano que el de una criatura que rebosa sentido sobrenatural. Piensa en Santa María, la llena de gracia, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de Dios Espíritu Santo: en su Corazón cabe la humanidad entera sin diferencias ni discriminaciones. —Cada uno es su hijo, su hija (Surco, 801).
- Acudamos a María, Madre nuestra, la criatura más excelente que ha salido de las manos de Dios. Pidámosle que nos haga hombres de bien y que esas virtudes humanas, engarzadas en la vida de la gracia, se conviertan en la mejor ayuda para los que, con nosotros, trabajan en el mundo por la paz y la felicidad de todos (Amigos de Dios, 93).
- Cor Mariae Dulcissimum, iter para tutum; Corazón Dulcísimo de María, da fuerza y seguridad a nuestro camino en la tierra: sé tú misma nuestro camino, porque tú conoces la senda y el atajo cierto que llevan, por tu amor, al amor de Jesucristo (Es Cristo que pasa, 178).
- Acostúmbrate a poner tu pobre corazón en el Dulce e Inmaculado Corazón de María, para que te lo purifique de tanta escoria, y te lleve al Corazón Sacratísimo y Misericordioso de Jesús (Surco, 830).
- «Cor Mariae perdolentis, miserere nobis!» —invoca al Corazón de Santa María, con ánimo y decisión de unirte a su dolor, en reparación por tus pecados y por los de los hombres de todos los tiempos.
—Y pídele —para cada alma— que ese dolor suyo aumente en nosotros la aversión al pecado, y que sepamos amar, como expiación, las contrariedades físicas o morales de cada jornada (Surco, 258). - Acude en confidencia segura, todos los días, a la Virgen Santísima. Tu alma y tu vida saldrán reconfortadas. —Ella te hará participar de los tesoros que guarda en su corazón, pues “jamás se oyó decir que ninguno de cuantos han acudido a su protección haya sido desoído” (Surco, 768).
- Pidamos a la Madre de Dios, que es nuestra Madre, que nos prepare el camino que lleva al amor pleno: Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum! Su dulce corazón conoce el sendero más seguro para encontrar a Cristo (Es Cristo que pasa, 38).
