“Concieo”: prevención de adicciones a través del encuentro

Concieo es una asociación civil que nació en 2011 con el objetivo de prevenir las adicciones y generar un voluntariado comprometido.

Concieo, cuyo nombre significa “sumarse”, es una asociación civil que nació por el interés de Javier Garibay, mejor conocido como “El abuelo”, y José Ángel Fernández, por fomentar que las personas hagan algo por los demás: “que siempre provoquemos el encuentro”, indica Javier Garibay. El motor de esta iniciativa es que los voluntarios sean personas más plenas a través de la entrega a los demás y mediante el trabajo por prevenir las adicciones.

Esta iniciativa surge como respuesta a una necesidad social latente: la prevención de adicciones entre niños y adolescentes. Al trabajar muchos años con niños en situación de calle, Javier y José Ángel advirtieron la importancia de realizar un trabajo previo en el cual, conociendo a las familias de los niños, visitando sus escuelas y analizando su situación, se pueda lograr que los niños y adolescentes no opten por irse a vivir a la calle. Se trata de brindar herramientas sobre el manejo de emociones y la toma de decisiones para prevenir que los niños se vayan a la calle y caigan en adicciones. Conforme fue pasando el tiempo, las escuelas privadas comenzaron a invitar a Concieo a impartir

Las adicciones nos pueden afectar a todos. “No sólo es lo más dramático, como el consumo de la sustancia más fuerte y destructiva, sino que a veces, podemos ser adictos a las redes sociales, al cigarro, o a cosas que pareciera que no son tan dañinas pero que, a fin de cuentas, nos van robando un poco de la paz y plenitud con que podemos vivir la vida”, dice Javier Garibay. Por esta razón, la labor de Concieo no se limita al trabajo que se realiza en las escuelas, sino que se trata de prevenir las adicciones entre los mismos voluntarios.

¿La clave de la prevención? Los voluntarios

El voluntariado es fundamental para Concieo, pues un voluntariado comprometido que genere vínculos de amistad y encuentro con los demás, es la herramienta más eficaz para prevenir la caída en abuso de sustancias y otras adicciones, tanto para el voluntario como para los niños y personas con quienes tratan. El voluntariado también tiene como fin ayudar al voluntario a descubrir que se puede tener una vida más plena y feliz a través de la entrega a los demás.

Ser voluntario de Concieo es sencillo, únicamente se necesita compromiso y un corazón muy grande. Para ser voluntario es necesario asistir a una capacitación y a la clase muestra que brinda el personal de Concieo, para posteriormente asistir a dar el taller a la escuela convenida una vez por semana durante tres o cuatro meses.

Empezó en un colegio, hoy llega a 2 mil personas

En el 2011 los iniciadores comenzaron a invitar a los primeros voluntarios y a dar forma a los materiales. La escuela Christel house fue la primera en recibir los talleres de prevención, iniciando con una escuela para padres y posteriormente se dio el taller a los alumnos. La segunda escuela fue el Colegio Mixcoac, después el Colegio Jesús de Urteaga y la fundación Mier y Pesado. los talleres a sus alumnos y a padres de familia. Así como las escuelas públicas, a Concieo también le interesan mucho las escuelas de niveles socioeconómicos más altos, señala Javier, porque a veces las situaciones de abandono de los niños de muy bajos recursos, son muy similares a las de niños de recursos muy altos.

La labor de Concieo consiste en impartir talleres y sesiones dirigidos a padres de familia y a alumnos desde tercero de primaria hasta tercero de secundaria, así como a profesores y directores de las escuelas con que se tienen convenios. Los voluntarios y personal de Concieo asisten a dar un taller que puede durar desde ocho hasta doce sesiones. Se imparte una sesión semanal, la cual está diseñada por un equipo de pedagogos que trabaja en las oficinas de Concieo y capacita a los voluntarios. Los talleres de Concieo se imparten de forma gratuita en las escuelas, sin embargo, aquellos colegios y padres de familia que así lo deseen, pueden realizar un donativo voluntario.

El equipo de Concieo entrena a los voluntarios para que cuenten con las herramientas para estar frente a un grupo y que logren generar un vínculo con los alumnos, que es lo más importante. “Generar una relación personal con los alumnos va a ser, a fin de cuentas, lo que más proteja a una persona de una adicción”, indica Javier Garibay, “todo lo que hacemos aquí es un pretexto para lograr lo fundamental, que es ese vínculo.”

Los talleres y el voluntariado de Concieo crece cada año. El ciclo escolar pasado, agosto-diciembre 2018, se logró llegar directamente a 2 mil 134 personas, entre ellos alrededor de mil 400 alumnos, más de 550 padres de familia y 150 profesores y directivos. En este ciclo escolar estuvieron activos 31 voluntarios.

Estamos en este mundo para amar

En Concieo están convencidos de que el amor y el adecuado uso de la libertad dan sentido a la vida de las personas, y descubrir esto es un gran paso en la prevención de las adicciones. “En cada sesión preguntamos: ¿para qué existimos?, y los niños y los papás repiten a coro: para amar y ser libres. Podemos hacer mucho más compleja esta respuesta, pero simplemente decimos: estamos en este mundo para amar.”

En los talleres se hace énfasis en el uso de la libertad, pues es a través de la libertad que los niños deciden probar alcohol antes de tiempo, probar drogas o comenzar a fumar por presión social. Asimismo, se busca que los padres generen reflexiones que los orienten a tomar mejores decisiones sobre la educación de sus hijos. “Hoy en día los papás estamos muy preocupados por que nuestros hijos no se frustren y eso es muy negativo porque no les permitimos que tengan tolerancia a la frustración, que sean resilientes y que tengan fortaleza”.

Javier Garibay y el espíritu del Opus Dei

Javier Garibay es supernumerario del Opus Dei, conoció la Obra cuando estudiaba en la licenciatura en Pedagogía, en la universidad fue donde empezó a tener contacto más cercano con la figura de Josemaría Escrivá de Balaguer, quien se volvió un referente fundamental en su vida.

Fue mientras realizaba su servicio social, que Javier conoció más acerca del espíritu de la Obra. Javier hizo su servicio social en la parroquia que atendía el Opus Dei en el centro de la Ciudad de México, la cual se encontraba en un entorno social muy conflictivo. “Yo encontré ahí a un Opus Dei entregado a la gente, un Opus Dei que era para mí un ejemplo del contacto con los demás, del respeto a la fe de cada quién, pero que también buscaba contagiar la fe. Desde ahí, san Josemaría se volvió para mí un referente, comencé a quererlo, comencé a conocerlo, empecé a encariñarme con él, desde entonces él ha sido un personaje fundamental en mi vida”.

“Para mí, formar parte de la Prelatura es algo muy valioso. Es poder vivir la fe y el amor a María, el amor a Jesús, al Padre y al Espíritu Santo, desde una facilidad de contacto diario. Creo que San Josemaría tuvo precisamente esa luz de hacernos ver a todos que Dios no es Dios de domingos, que Dios no nos está vigilando si nos portamos bien o nos portamos mal, sino que Él nos está amando día a día, perdonando día a día y haciendo que nuestro trabajo, nuestra vida familiar, nuestro Corcho, Concieo, lo que hagamos, sea un lugar siempre para disfrutar. Yo creo que fue un hombre enamoradísimo de la vida y enamoradísimo de los demás; pues ojalá me siga contagiando eso. Yo no sé si voy a vivir los años que él vivió, pero si llego a los setenta y tantos años -como llegó él-, ojalá pueda llegar con esa energía pese a la mala salud física que él tenía, y con esa alegría interna que a mí sí me contagia y me marca… trato de que sea todos los días.”