Cohesión social en un barrio multicultural

Braval es un proyecto social de la ONG Iniciatives de Solidaritat i Promoció en un barrio de Barcelona con un elevado porcentaje de población inmigrante. Busca ayudar a jóvenes inmigrantes a integrarse en la sociedad superando las dificultades laborales y la marginación.

Víctor, un peruano de 12 años, quiere ser mecánico o médico. Youssef, un marroquí de 13, quiere jugar con la selección de fútbol de su país, a donde cada verano le gustaría volver. Braval se dirige a jóvenes inmigrantes que, como Víctor y Youssef, tienen ilusiones por mejorar y hacer realidad sus sueños.

La Fundación Raval Solidari ha colaborado económicamente para impulsar esteproyecto puesto en marcha por la ONG Iniciatives de Solidaritat i Promoció , constituida con ocasión del centenario del nacimiento de san Josemaría Escrivá. Braval trabaja en el ámbito del apoyo socioeducativo a los jóvenes y les facilita la inserción en el mercado laboral. Sus objetivos son promover la cohesión social, luchar contra la marginación y favorecer la incorporación de los inmigrantes a la sociedad.

El Raval de Barcelona

En los programas de Braval participan jóvenes de 20 países.

“Yo no soy de esa gente que le gusta meterse en problemas. Yo no me ´ajunto´ con los que están en la calle porque me pueden meter en líos”, explica Jorge, un dominicano de 13 años, refiriéndose a las calles del Raval, porque pueden ser peligrosas para los chicos de su edad. El Raval es un barrio antiguo situado en el centro de Barcelona. Es la puerta de entrada de gran parte de los miles de inmigrantes que han accedido en los últimos años a la ciudad. Unas 42.000 personas viven en el barrio, de las que algo más de una tercera parte son de origen extranjero. Conviven gentes de muy diferentes nacionalidades con graves deficiencias de todo tipo, que están generando guetos, además de una elevada tasa de desocupación.

Braval busca contribuir a cambiar el rumbo. En el primer año de funcionamiento de los programas han participado cerca de 200 chicos de veinte países diferentes. El centro está abierto a todo el barrio, con independencia de la procedencia o credo. Se procura hacer especial incidencia en el colectivo de reciente inmigración, más propensos a ser marginados. De hecho, el 70% de los chavales que acuden a Braval son hijos de inmigrantes.

Los programas

Braval comenzó sus actividades con el programa deportivo multiétnico debido a la importancia que tiene el deporte para favorecer la cohesión social. El deporte aúna voluntades, crea amistades y enseña a vivir de una forma sana. Se ofrecen también otros programas educativos, de diversa duración, también durante el verano. Con estos programas, los promotores de este proyecto social buscan motivar a los menores en el estudio, transmitiendo una visión positiva del trabajo, junto con afanes de superación y de servicio.

Jordi Pujol en la presentación de las actividades de Braval.

Todos los programas están dirigidos por profesionales de la pedagogía, apoyados por un buen número de voluntarios, que saben que Braval nace muy unido a la celebración del centenario del nacimiento de san Josemaría Escrivá. En su labor tienen presente que, como decía el fundador del Opus Dei, cada cristiano “ha de ser uno más entre sus hermanos los hombres, de cuya vida participa, con quienes se alegra, con los que colabora, amando el mundo y todas las cosas buenas que hay en el mundo”. Josep Masabeu, director de Braval, explica la importante labor del voluntario: “acompaña y realiza una tarea de seguimiento para que realmente el alumno acabe el curso y se produzca eficazmente su inserción laboral”.

Inauguración del nuevo local

Más de 200 personas, la mayor parte familias del barrio, asistieron el 5 de junio de 2002 al acto de presentación de las actividades de Braval. El Presidente de la Generalitat de Catalunya, Jordi Pujol, señaló que “la integración se hace mucho más fácilmente a partir del momento en que la persona que viene a Catalunya tiene un poco de formación y de trabajo, y esto es lo que se propone esta ONG”. El cardenal Ricard Maria Carles, arzobispo de Barcelona, bendijo los nuevos locales.