Chalcatzingo: una devoción a san Josemaría que no tiene límites (Crónica)

Chalcatzingo, un pequeño pueblo del estado de Morelos, México donde el día 26 de cada mes se organiza una procesión dedicada a san Josemaría.

Es 26 de abril, y como cada mes en Chalcatzingo, Morelos, el grupo de san Josemaría prepara la procesión dedicada al santo fundador del Opus Dei. Es domingo, y aunque el calor del sol es abrasador, las familias se congregan a mediodía en el atrio de la Iglesia de san Mateo Apóstol con la finalidad de escuchar el precepto dominical. Cientos de personas con fe, y deseosas de escuchar misa en el día del Buen Pastor (cuarto domingo de pascua), sobrepasan la capacidad de la iglesia. Es por esta razón que la misa se lleva a cabo en el exterior.

El párroco celebra un único horario de misa en el pueblo, pues aún debe recorrer otras poblaciones rurales, y cumplir con su ministerio antes de que acabe el día. No obstante, esto no es un impedimento para que el sacerdote pronuncie una homilía que llegue al alma de todos los pobladores, y les recuerde la importancia de promover todas las vocaciones, ya sean laicales o consagradas.

Terminada la misa, los pobladores se retiran a sus casas a convivir en familia. Chalcatzingo es un pueblo sin mucho ruido ni muchas distracciones. Sin embargo, un pequeño grupo de personas no se retira a sus hogares, y aprovechando que es domingo, han decidido comer todos juntos. Este grupo se autodenomina Grupo de san Josemaría. Un conjunto de pobladores devotos de san Josemaría Escrivá de Balaguer que el día 26 de cada mes, realiza una procesión, y traslada una imagen del santo por las calles de Chalcatzingo. Recordemos que la festividad de san Josemaría se celebra el 26 de junio.

Durante la comida, celebrada en casa de uno de los pobladores, se cuentan anécdotas, recuerdos, e incluso historias personales de los miembros. La mayoría son señores de mediana o avanzada edad. Exalumnos de los colegios El Peñón, o Montefalco. Uno de ellos conoció a san Josemaría durante su visita a la región en 1970. Alegremente recuerda «el padre (san Josemaría) vino a Montefalco, y pudimos tener una tertulia con él». Los recuerdos son borrosos, han pasado más de 50 años, pero la alegría de haber conocido a un santo perdura.

Terminada la comida, el grupo se reúne en casa de don Conrado Barranco, quien se prepara para entregar la imagen a su siguiente protector, tras haberla resguardado por un mes en su hogar. Don Conrado nos cuenta el origen de la imagen que hoy une a decenas de familias. Hacia el año 2010, su padre, ferviente devoto de san Josemaría, gestionó que el colegio El Peñón donara una imagen del santo fundador del Opus Dei a la comunidad de Chalcatzingo. Originalmente, la intención era exponer la imagen dentro de la Iglesia de san Mateo Apóstol. Sin embargo, en ese momento, el párroco recomendó que mejor fuera recorriendo los hogares de los pobladores.

Fue así como se decidió que la imagen fuera resguardada por la familia Barranco, y algunas otras familias, trasladándola de un hogar a otro el día 26 de cada mes. Originalmente, sólo tres o cuatro familias se turnaban para recibir la imagen en sus casas. Hoy en día, hay lista de espera para poder recibirla.

Una vez reunidos en casa de don Conrado, cerca de las cuatro de la tarde, y con el sol comenzando a ceder su intensidad, el grupo comienza el traslado de la imagen en andas. Cuatro voluntarios levantan con fe la imagen y comienzan el traslado hacia su siguiente hogar. El resto del grupo camina detrás siguiendo la procesión mientras se reza el Santo Rosario. En esta ocasión, el destino es la casa de doña María Sánchez, quien ha pedido la imagen para agradecer a san Josemaría un milagro de sanación en favor de su nieta.

El Santo Rosario va acompañado de cantos entre misterio, y misterio, algunos de ellos dedicados a san Josemaría. Sin duda el canto más especial es el compuesto por doña Genoveva Rangel, habitante de Chalcatzingo. Doña Genoveva compuso su propio canto a san Josemaría como signo de agradecimiento, fe, y devoción.

Una vez que la procesión ha llegado a su destino y concluyen las letanías, el grupo degusta un refrigerio, un pequeño plato de fruta ofrecido por la familia anfitriona de la imagen. El ambiente cálido, y esperanzador se siente en todo momento. Doña María aprovecha el momento, y relata un favor que nuestro Señor le concedió por intercesión de san Josemaría.

Su nieta sufría de una enfermedad compleja en los ojos, y el pronóstico era poco prometedor. Doña María encomendó a su nieta al santo de Balaguer, y al poco tiempo sanó. María nos cuenta que para ella significa mucho recibir la imagen en su casa, pues no solo es su forma de agradecer, sino que es su forma de «presentarle» al santo a su nieta, y cultivar su fe. María relata «Yo le he dicho a mi nieta que, durante este mes, él (san Josemaría) va a ser su invitado especial».

De este modo, cerca de las seis de la tarde, concluyen las actividades del grupo. Las familias regresan a sus hogares, y se preparan para el inicio de semana. Siempre buscando la santidad en la vida ordinaria, como aprendieron de san Josemaría, y encomendándose a él.

Doña María y su nieta.