“Álvaro, quiero que me ayudes en mi ciencia”

El Dr. Ronald Ferrera es especialista en microbiología y trabaja en el Colegio de Postgraduados. Desde la perspectiva de un científico, habla sobre su relación con don Álvaro y destaca cómo el Opus Dei ha contribuido a unir a la ciencia con la fe.

Opus Dei - “Álvaro, quiero que me ayudes en mi ciencia”

Soy el Dr. Ronald Ferrera Cerrato, especialista en microbiología e investigador emérito del Colegio de Postgraduados, institución que se dedica al estudio e investigación de ciencias agrícolas.

¿Qué recuerda de don Álvaro de aquella vez que lo vio en México?

Recuerdo que la impresión que me dejó es que era un hombre con gran capacidad “magnética”, de atraer la intelectualidad de los que estaban presentes, pero al mismo tiempo hacía despertar la parte espiritual de algunos que estábamos dormidos. Se notaba que otros tenían una exaltación mayor que la que yo presentaba, pero en mi caso no era por falta de emoción, sino por falta de conocimiento. Para mí fue un encuentro personal a distancia, me hubiera fascinado platicar con él, pero sé que era un hombre tremendamente ocupado y que el tiempo no era de él, sino que lo dedicaba a servir constantemente, y eso lo caracteriza como una vela que se consume hasta el fondo, dando toda la energía para la humanidad.

Don Álvaro tenía una magia extraordinaria porque sabía ser humilde, sabía convivir y enseñar a los que no entendemos este mensaje profundo de Dios entre los hombres; pienso que su constancia en ese trabajo de evangelización entre los laicos es un acto de heroísmo. Yo creo en los santos como héroes de una sociedad siempre doliente por la ausencia de los héroes civiles.

Don Álvaro, al mismo tiempo, fue forjado dentro de la convivencia y la dulzura de su maestro, al que le guarda gran fidelidad, que es la misma que está en el corazón de san Josemaría, esa fidelidad a la Iglesia, al Papa… A lo largo de 40 años de convivencia con el fundador del Opus Dei, don Álvaro se formó en un crisol de virtudes.

¿En qué se apoya un científico para tratar a la gente que, por la fe, sabemos que ya está en el cielo?

Para mí es muy difícil hablar de un hombre tan trascendente como don Álvaro, que es una inspiración para la ciencia. Ni él ni san Josemaría se retiraron de los caminos que nos interesan actualmente, como la ciencia y las artes, sino que los unieron con la fe. No puede haber separación entre estos grandes renglones que rigen el pensamiento humano.

Ese misterio en particular se vuelve edificante cuando se lee la vida de las personas canonizadas. En general, los santos son una inspiración para nosotros, los malos, puesto que queremos ser buenos. Pero lo más hermoso es que cuando un científico ve los fenómenos, da las explicaciones más simples, porque las que tocan al principio de todo, a Dios, son las más complejas. Pero el fenómeno de lo que pasa bajo un microscopio, bajo una reacción en bioquímica, bajo una fisiología del cuerpo, está bajo el influjo de la presencia de Alguien que dialoga constantemente. Y los santos son como un refugio perfecto para encontrarnos con Aquel que es más alto que todo, además tienen gran sabiduría, nos ayudan en nuestras oraciones y nos dan inspiración. También, los que no somos de formación clerical, nos encontramos sorpresas. Me impresionan mucho algunos santos filósofos, como san Ambrosio y santo Tomás de Aquino. Y ahora, que he leído muchas cosas por su pronta beatificación, pienso que don Álvaro es una constante inspiración entre los hombres de ciencias y los hombres de las artes.

En don Álvaro, ¿cuáles serían esas virtudes familiares al mundo científico que ayudan a ser mejores cada día?

El encuentro con la biografía de un hombre trascendente invita a buscar la trascendencia. Y en su biografía, escrita por Javier Medina, encontramos un don Álvaro con muchas facetas: como ejemplo de estudiante, de profesional, de ingeniero, y también de científico cuando estudia, en su tesis, el tema de las Californias. Esto es muy importante para mí porque es el encuentro con un hombre que me habla de Dios, de la fraternidad, de trabajar, entregarse, construir y morir para los demás. Aunque no lo veo en facetas, sino como un todo, como un hombre que nos deja una herencia hermosa y que se convierte en referente para la humanidad completa.

Y además estoy encamino de una confianza absoluta como para decirle: “Álvaro, quiero que me ayudes en mi ciencia. Gracias por ayudarme con tu relato de vida. Siento tu presencia a través del tiempo con tu ejemplo, con tu sabiduría…”.

¿Cómo ha percibido la serenidad y la paz en don Álvaro del Portillo?

Es un modelo de mansedumbre y de paz, es recio. Probablemente sonreía cuando sufrió las barbaridades de la Guerra Civil Española. Pero la sonrisa y la generosidad que yo veo indican que estaba con él el Espíritu Santo, quien siempre hace sonreír a uno. Los santos nunca han dejado de ser templos perfectos para el Espíritu Santo, puesto que al mismo tiempo son las voces de Dios en medio de la humanidad en los tiempos oscuros