89 aniversario de la fundación del Opus Dei

El 2 de octubre de 1928 Dios le hizo ver a san Josemaría un camino de santificación en el trabajo profesional y en cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano: el Opus Dei

El Opus Dei es una Prelatura personal de ámbito internacional, compuesta por un Prelado, por su propio clero y por fieles laicos (hombres y mujeres). Los sacerdotes de la Prelatura provienen de los miembros laicos.

Santificar el trabajo, significa trabajar según el espíritu que Dios le hizo ver a San Josemaría: trabajar bien, con calidad, de acuerdo con la justicia y respetando las leyes, con el fin de amar a Dios y servir a los demás. De ese modo se contribuye a santificar el mundo desde dentro y a hacer presente el Evangelio en todas las actividades, tanto las que parecen brillantes como las más humildes y escondidas, porque delante de Dios lo importante no es el éxito humano, sino el amor que se pone en el trabajo.

Foto: dmason

El Opus Dei proporciona a sus fieles la atención pastoral y los medios de formación que les ayudan a llevar a cabo su misión en el mundo. También ofrece medios de formación a quienes tengan interés en profundizar en las exigencias de la fe. Organiza clases, charlas, días de retiro, medios de dirección espiritual, etc., para dar a conocer y ayudar a vivir las enseñanzas del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia.

También en los centros del Opus Dei se ofrecen actividades de formación para jóvenes estudiantes y trabajadores, como clases de doctrina católica, dirección espiritual, encuentros culturales y proyectos de solidaridad.

Las mujeres y los varones de la Prelatura, por separado, viven el mismo espíritu, promueven apostolados similares, ejercen todas las profesiones honradas, procuran igualmente santificar el trabajo y la vida de familia.

Los sacerdotes seculares ya incardinados en una diócesis no pueden pertenecer a la Prelatura del Opus Dei, pero pueden formar parte de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, asociación indisolublemente unida a la Prelatura. Al incorporarse a la Sociedad de la Santa Cruz no ven modificada su condición diocesana: siguen perteneciendo plenamente al clero de su propia diócesis y dependiendo de su Obispo, como antes. Se comprometen a buscar la santidad en el ejercicio del trabajo sacerdotal, según el espíritu del Opus Dei, y en particular se empeñan en vivir profundamente unidos al propio Obispo y a los demás sacerdotes.

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Los cristianos no católicos y las personas de otras religiones no pueden pertenecer a la Prelatura, pero pueden cooperar con el Opus Dei, si lo desean. Los cooperadores rezan por el Opus Dei y colaboran -con su trabajo y sus limosnas- en las labores educativas y asistenciales promovidas por fieles de la Prelatura en todo el mundo. Actualmente, son cooperadores del Opus Dei, además de los católicos, cristianos ortodoxos, anglicanos, luteranos, así como judíos, musulmanes, budistas, y también personas que no profesan ninguna religión.

El principal apostolado que realizan los fieles de la Prelatura del Opus Dei es el que cada uno lleva a cabo en su propio ambiente, sin formar grupo, como expresión natural y espontánea de su compromiso cristiano, pero también con el deseo de contribuir a la solución de los problemas de su entorno y de ayudar a los más necesitados. Además, con muchas otras personas, promueven iniciativas educativas y asistenciales: escuelas, hospitales, centros de formación profesional, universidades… Son entidades muy variadas, que tienen la personalidad propia del país y de la cultura en que nacen.

El Opus Dei tiene y difunde solamente la doctrina de la Iglesia. Lo específico de la Obra es el esfuerzo por llevar el evangelio a todos los ambientes por medio de la santificación del trabajo. La Prelatura del Opus Dei como tal y cada uno de sus fieles en particular, se esfuerzan por vivir en plena comunión con el Papa, los obispos, los sacerdotes, los religiosos y todas las realidades eclesiales.

El Fundador del Opus Dei recordó siempre que el Opus Dei existe exclusivamente para servir a la Iglesia, y que los fieles de la Prelatura han de ser fermento de unidad.

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“¡Que la Virgen haga de cada uno de nosotros un auténtico testigo del Evangelio, dispuesto a dar en todo lugar una generosa aportación a la edificación del Reino de Cristo! ¡Que nos sean de estímulo el ejemplo y las enseñanzas de San Josemaría, para que, al término de nuestro peregrinar terreno, podamos también nosotros participar en la bienaventurada herencia del Cielo! ¡Allí, junto con los ángeles y todos los santos, contemplaremos el rostro de Dios y cantaremos su gloria por toda la eternidad!”, dijo Juan Pablo II durante la ceremonia de canonización de san Josemaría Escrivá de Balaguer.

*Versión resumida del texto publicado en El Semanaraio, órgano informativo de la Arquidiócesis de Guadalajara