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«Os presento la mejor universidad del mundo: mi peluquería»

Dicen que la calle es la mejor universidad. Para Federico, ya jubilado, lo ha sido su peluquería. Señores que llegan, se sientan, y hablan mientras le arreglan el cabello. Era su trabajo, su manera de ganarse la vida. Pero también fue una cátedra privilegiada para conocer a las personas, meterse en su piel, escuchar, aprender y ayudar. Sin cortarse un pelo.

Tiempo para los demás

"La laboriosidad era una virtud que caracterizaba a Dora", recuerda Ma. Carmen Cominges, "aprovechaba el tiempo al máximo. Y era fácil oírle: como me quedan unos minutos, voy a aprovechar para hacer tal o cual cosa".

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