VI. EL APOSTOLADO: UN «MAR SIN ORILLAS»

“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

«Habéisde acercar las almas a Dios –escribía el Fundador en 1930– con la palabra conveniente, que despierta horizontes de apostolado; con el consejo discreto, que ayuda a enfocar cristianamente un problema; con la conversación amable, que enseña a vivir la caridad: mediante un apostolado que he llamado alguna vez de amistad y de confidencia. Pero habéis de atraer sobre todo con el ejemplo de la integridad de vuestras vidas, con la afirmación –humilde y audaz a un tiempo– de vivir cristianamente entre vuestros iguales, con una manera ordinaria, pero coherente, manifestando, en nuestras obras, nuestra fe: ésa será, con la ayuda de Dios, la razón de nuestra eficacia».

El principal apostolado del Opus Dei es el que realiza cada uno de sus miembros personalmente, en su propósito diario de dar a conocer –con el ejemplo de vida y con la palabra– la doctrina de Cristo. Como al Opus Dei pertenecen personas de todas las edades y condiciones sociales –célibes, casados, sacerdotes, obreros, empleados, campesinos, abogados, científicos, artistas, empleadas del hogar, amas de casa, funcionarios, comerciantes, militares, escritores, industriales, etc.– no es posible uña descripción de ese apostolado personal, a no ser narrando la vida de millares de personas en todo el mundo. Se trata, pues, de algo perfectamente incontrolable, como la vida misma, que nunca se dejará encerrar en unos esquemas férreos, ni en la frialdad de unas estadísticas o de unas gráficas. Al acercarse al Opus Dei, ninguna de estas personas inicia una vida distinta, ni da comienzo a una serie de actividades típicas. Al contrario, todas cumplen y realizan los mismos trabajos que harían si no fuesen de la Obra. El cambio radical está en que esas mismas cosas de siempre adquieren un nuevo sentido, una perspectiva nueva, por el compromiso contraído de hacer de toda circunstancia humana un encuentro con Dios, un servicio a los demás, un apostolado cristiano.

Mons. Escrivá de Balaguer desarrolló a fondo este punto en la entrevista publicada, en la primavera de 1968, en L'Osservatore delta Domenica.

«Querer alcanzar la santidad –a pesar de los errores y de las miserias personales, que durarán mientras vivamos– significa esforzarse, con la gracia de Dios, en vivir la caridad, plenitud de la ley y vínculo de la perfección. La caridad no es algo abstracto; quiere decir entrega real y total al servicio de Dios y de todos los hombres; de ese Dios, que os habla en el silencio de la oración y en el rumor del mundo; de esos hombres, cuya existenciase entrecruza con la nuestra.

»Viviendo la caridad –el Amor– se viven todas las virtudes humanas y sobrenaturales del cristiano, que forman una unidad y que no se pueden reducir a enumeraciones exhaustivas. La caridad exige que se viva la justicia, la solidaridad, la responsabilidad familiar y social, la pobreza, la alegría, la castidad, la amistad...

»Se ve en seguida que la práctica de estas virtudes lleva al apostolado. Es más: es ya apostolado. Porque, al procurar vivir así en medio del trabajo diario, la conducta cristiana se hace buen ejemplo, testimonio, ayuda concreta y eficaz; se aprende a seguir las huellas de Cristo que "coepit facere et docere" (Act. 1, 1), que empezó a hacer y a enseñar, uniendo al ejemplo la palabra. Por eso he llamado a este trabajo, desde hace cuarenta años, "apostolado de amistad y de confidencia".

»Todos los miembros del Opus Dei tienen este mismo afán de santidad y de apostolado. Por eso, en la Obra, no hay grados o categorías de miembros. Lo que hay es una multiplicidad de situaciones personales –la situación que cada uno tiene en el mundo– a la que se acomoda la misma y única vocación específica y divina: la llamada a entregarse, a empeñarse personalmente, libremente y responsablemente, en el cumplimiento de la voluntad de Dios manifestada para cada uno de nosotros.

»Como puede ver, el fenómeno pastoral del Opus Dei es algo que nace "desde abajo", es decir, desde la vida corriente del cristiano que vive y trabaja junto a los demás hombres. No está en la línea de una "mundanización" –desacralización– de la vida monástica o religiosa; no es el último estadio del acercamiento de los religiosos al mundo.

»El que recibe la vocación al Opus Dei adquiere una nueva visión de las cosas que tiene alrededor: luces nuevas en sus relaciones sociales, en su profesión, en sus preocupaciones, en sus tristezas y en sus alegrías. Pero ni por un momento deja de vivir en medio de todo eso; y no cabe en modo alguno hablar de adaptación al mundo, o a la sociedad moderna: nadie se adapta a lo que tiene como propio; en lo que se tiene como propio "se está". La vocación recibida es igual a la que surgía en el alma de aquellos pescadores, campesinos, comerciantes o soldados que sentados cerca de Jesucristo en Galilea, le oían decir: "Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto" (Mat 5, 48)».

La tarea principal del Opus Dei consiste, por tanto, en la formación de sus miembros para que cada uno, individualmente, dé testimonio cristiano en el medio ambiente en el que desarrolla su trabajo profesional. Toda la libre iniciativa personal permanece activa en el espíritu apostólico del Opus Dei, porque la obra no dedica su tarea principal a este o aquel específico campo de apostolado, sino a estimular a los fieles dé la Prelatura para que cada uno, en su propio ambiente profesional y familiar, desarrolle una intensa labor apostólica de carácter personal.