Uno de los pioneros del Concilio

Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas

El 9 de octubre de 1958 falleció Pío XII, y pocos días después, el 25 de octubre, fue elegido Papa Juan XXIII, que tuvo siempre gran afecto por Josemaría Escrivá y sus empeños apostólicos y evangelizadores. Afirmaba: Si me llamasen a declarar en los procesos de beatificación de Pío XII y de Juan XXIII, yo no tendría más remedio que hablar del grandísimo afecto que estos Romanos Pontífices —¡los dos!— tuvieron al Opus Dei. Me lo dijeron —uno y otro— expresamente, y considero un deber de conciencia que en el acta de la Historia conste la realidad de ese cariño.

Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II tres meses después de su elección. Pero el anciano pontífice no pudo ver los frutos del Concilio que inauguró en 1962, porque falleció tras celebrarse la primera sesión, el 3 junio de 1963.

Tras catorce días de cónclave, fue elegido Papa Giovanni Battista Montini, con el nombre de Pablo VI.El nuevoPontífice, que reanudó las tareas conciliares, conocía y apreciaba a don Josemaría desde años atrás. No puedo olvidar —decía— (...) que las primeras palabras de cariño y afecto que recibí en Roma en 1946, me las dijo el entonces Monseñor Montini.

Don Josemaría oró intensamente por los frutos del Concilio, que supuso una nueva Pentecostés para la Iglesia. Se celebraron cuatro sesiones desde 1962 a 1965 y durante ese periodo numerosos Padres conciliares, teólogos y personalidades eclesiásticas conversaron con el fundador.

El obispo de Metz le conoció hacia la mitad de la primera sesión del Concilio, y desde entonces —escribía— “tuve la alegría de escucharle en varias ocasiones. Descubrí en él un hombre excepcionalmente sensible y cercano a los problemas de sus contemporáneos. Estaba a la vez preocupado por el porvenir del mundo y por el futuro del Pueblo de Dios. Era perfectamente consciente de la gravedad de cuanto estaba en juego y demostraba la profunda convicción de que no se podía pensar solamente en algún retoque superficial. Sin embargo, las reformas de estructuras, por sí solas, le parecían insuficientes. Consideraba que sólo un retorno a las fuentes de la fe habría permitido a la Iglesia cumplir su misión en el mundo”.

El 8 de diciembre de 1965, se clausuró el Concilio Vaticano II. Don Josemaría Escrivá dio gracias al Señor al ver que las enseñanzas que venía predicando desde el 2 de octubre de 1928 se habían convertido en doctrina universal de la Iglesia. En los documentos conciliares se subrayaba, entre otras muchas cuestiones, la unidad de vida del cristiano, entendida como coherencia vital entre la llamada a la santidad y la vida ordinaria; y se ponía de manifiesto la necesidad de dar un fuerte impulso al desarrollo de la teología sobre el Sacramento del Bautismo. En esa misma dirección trabajaba Josemaría Escrivá desde hacía muchos años, moviendo a los que le seguían a ser consecuentes con las exigencias de la vocación bautismal, viviendo intensamente la Liturgia y la Palabra de Dios.

Podrían citarse numerosas enseñanzas de Josemaría Escrivá en las que se pone de manifiesto su profunda sintonía con las enseñanzas conciliares. Por ejemplo, su visión del trabajo profesional como ocasión y medio de santificación personal y de apostolado; su concepción del apostolado de los laicos, maduro y responsable, y su aliento para que participen en la misión de la Iglesia; la consideración de la Santa Misa como “centro y raíz” de la vida interior; su deseo de que los fieles laicos tomen parte activa en la liturgia; o su afán para que adquieran una profunda cultura doctrinal y espiritual.