Un sacerdote fiel

José Carlos Martín de la Hoz escribe en La Razón este obituario de Mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei.

Opus Dei - Un sacerdote fiel

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Monsseñor Javier Echevarría Rodríguez (Madrid 1932-Roma 2016), obispo y prelado del Opus Dei acaba de marchar a la casa del Padre. Después de una proceso cardiorespiratorio, que no ha podido superar a pesar de la medicación y de la ilusión por seguir trabajando día a día en el servicio de Dios y de la Iglesia.

Para siempre quedará en mi retina la última vez que tuve la oportunidad de verlo: en la Jornada Mundial de la juventud en Cracovia. Con su optimismo desbordante y su fe inquebrantable, encendió a miles de jóvenes que habían llegado a esa ciudad, en el amor al Papa Francisco y en el seguimiento de Jesucristo.

Como historiador no puedo menos que afirmar que la fidelidad al espíritu del Opus Dei en don Javier, como padre y prelado, ha sido total a sus predecesores al frente del Opus Dei: san Josemaría y el beato Álvaro del Portillo, con un gran sentido de eclesialidad y de comunión con la Iglesia en el mundo entero, en plenitud de creatividad.

Como madrileño universal gustaba recordar las costumbres y la cultura castiza de Madrid y conservó toda su vida un extraordinario buen humor. En Roma pudo convivir desde muy joven con san Josemaría y formarse en el espíritu del Opus Dei. Cuando el beato Álvaro del Portillo fue nombrado obispo y prelado del Opus Dei, contó con don Javier como su más estrecho colaborador. Finalmente le sucedió como obispo y Prelado desde 1994 hasta hoy, años en los que ha impulsado la evangelizción en nuevos países y profundizado en el mensaje de la llamada universal a la santidad.

Como señaló don Ramón Herrando, Vicario de la Prelatura en España, son momentos de dolor para los fieles de la prelatura del Opus Dei y para muchas personas en todo el mundo, y también de oración, serenidad y paz. Viajero incansable, impulsó la evangelización hace unas pocas semanas en países como Estonia y Finlandia, a la vez que dedicaba muchas horas al día a atender y a alentar personalmente a cientos de personas y familias.

Pienso que el agradecimiento a Dios surge enseguida al contemplar su larga vida de hijo fiel de la Iglesia y su fecunda labor pastoral en tantos países. Es una particular caricia de Dios que haya fallecido en la fiesta de la Virgen de Guadalupe, a la que tenía una filial devoción. Nos deja un gran ejemplo de entrega alegre y de fidelidad al querer de Dios a lo largo de toda su vida.