Un periodista norteamericano

“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

En un artículo aparecido en el semanario norteamericano OurSunday Visitor, el periodista Dennis H. Helming cuenta también á su modo su experiencia personal:

«Cuando yo conocí el Opus Dei en Harvard, en 1956, me sentí liberado en muchos sentidos: libre de lo que consideraba como un ambiente aplastante, de la idea de que, para vivir a fondo el cristianismo, tendría que abandonar el mundo; libre para encontrar a Dios en mis ocupaciones habituales y ayudando a otros a hacer igual descubrimiento, dentro de mis limitaciones y circunstancias.

»Yo antes me había enfrentado con estas palabras de San Agustín: "Ama y haz lo que quieras". Ahora estoy seguro de que no las había comprendido, a no ser como tapadera para buscarme a mí mismo. Mi creciente contacto con el Opus Dei me ayudó a descubrir su sentido. Empecé a ver que lo más importante no es "lo que" uno hace, sino "por qué" lo hace. O mejor aún: no "por qué" –una abstracción, un ideal, una idea–, sino "por Quién", una Persona, Dios. Gradualmente entendí que el amor a Dios y su servicio no se limitaban a las cosas "sagradas", a un detcrminado estado o actividad. En la medida en que yo busque a Dios sobre todas las cosas y personas, no es tan importante que yo sea historiador, jurista, médico o periodista; que me case o que permanezca soltero; que vote a los demócratas o a los republicanos; que adopte entre lo que es teológicamente opinable unas opiniones u otras... Y así fue cómo se convirtió en una liberación, para mí, comprobar que Dios es compatible con todo lo auténticamente humano.

»Ahora bien, ese descubrimiento no me incitaba a devaluar las cosas humanas, ni a cultivar sólo las "buenas intenciones". Precisamente por el hecho de esforzarme en lograr la perfección humana a través de cualquier carrera o profesión, serviría a Dios y a los demás. Y me di cuenta de que tal actitud entraña una lucha decidida por evitar la pereza, el egoísmo, la frivolidad, cualquier forma, en definitiva, de buscarse a uno mismo (...).

»El Opus Dei no quiere –ni puede– sacarte las castañas del fuego. Eres un ser libre, un animal racional: has de pensar y elegir por ti mismo. La tarea del Opus Dei es recordarte constantemente tu decisión de hacer bien todas las cosas y poner a Dios como fin. Tendrás que administrar tus propios talentos y oportunidades. Dios te hizo libre; no dejes que nadie te arrebate esa libertad.

»A los hombres nos resulta difícil tomarnos en serio el Primer Mandamiento, en el hogar, en la oficina, en la misma calle. Nos parece, en cierto modo, la plenitud de la vida cristiana demasiado alta y exigente, asequible únicamente a los selectos, unos pocos escogidos; es decir, sólo para superhombres. Pensamos así porque somos pesimistas; estamos demasiado familiarizados con nuestra tendencia a darnos por vencidos, a tomar el camino más fácil.

»El Opus Dei me ayuda a superar ese pesimismo de la siguiente manera: Hablándome de Dios como El es, mi Padre amoroso, todopoderoso, infinitamente paciente; animándome a ser fiel y sincero, para corresponder a su llamada de amor y de servicio; mostrándome las consecuencias de esa vocación en todo cuanto hago; señalándome los medios humanos y sobrenaturales para asegurar la fidelidad a esos fines; proporcionándome el buen ejemplo, lleno de vigor y alegría, de quienes aspiran a la santidad; mostrándome dónde y cómo deberé luchar para dominar y vencer mis debilidades, etc.

»El Opus Dei es un medio y un camino para gente que quiere alcanzar su fin sobrenatural. Es un camino concreto –uno entre otros muchos posibles– para que los cristianos corrientes vivan su fe. En el caso de los miembros de la Obra, su decisión de vivir la plenitud de la vida cristiana en el Opus Dei comporta el compromiso personal de difundir ese espíritu propio, ese camino».