Un nuevo hermano

“Tiempo de caminar”, libro de Ana Sastre sobre el fundador del Opus Dei.

Josemaría ha sentido la soledad de su padre ante la vocación sacerdotal que le ha anunciado y que, por fuerza, le llevará lejos de los suyos. Ya entonces ha tirado por la borda sus proyectos humanos. Siempre pensó estudiar Arquitectura, por su afición a las matemáticas y al dibujo y por su facilidad estética y técnica para trazar y estudiar planos. Su padre le sugiere que comparta los estudios eclesiásticos con una licenciatura civil que podía ser la de Leyes. Josemaría no desecha esta solución para el futuro; tal vez intuye que el dominio de los campos jurídicos ha de servirle más adelante para cumplir los planes de Dios.

Quizá aquel día, cuando puso en manos de don José los proyectos de su vida sacerdotal, pidió al Cielo un nuevo hijo varón para sus padres. Los ve gastados por la vida y por el trabajo. No parece probable, humanamente, que puedan cumplirse sus deseos. Pero él lo pide con fe. Por eso recibe una alegría grande, en los comienzos del otoño de 1918, cuando su madre les llama a Carmen y a él para decirles llena de gozo: «Vais a tener otro hermano». La noticia le colma de felicidad y le parece ver, en ese anuncio, la gracia de Dios, porque no duda en ningún momento de que será un varón.

Observa,cómo su padre multiplica el esfuerzo para ahorrar trabajo a su madre y hermana. Y también le habrá de notar feliz y rejuvenecido por el acontecimiento que se aproxima. No tienen muchos amigos en la ciudad ni vive aquí pariente alguno. Por eso, la espera de este nuevo hijo les une todavía más y pone gran expectación en el ambiente familiar.

La Navidad de 1918 debió ser especialmente grata por la cercanía de la fecha tan esperada. Doña Dolores conserva, frente a los avatares del tiempo, un aspecto juvenil y una serenidad inalterable.

A principios de 1919, la familia Escrivá se traslada a una casa situada en la calle Canalejas. Es también un cuarto piso, pero tiene la ventaja, sobre la anterior, de que la construcción es de mayor altura y ya no caen directamente, en el techo de la vivienda, los fríos o calores de cada estación.

Aquí la familia va a seguir su ritmo habitual de estudio y de trabajo. Doña Dolores mantiene su actividad normal. Sólo cuando llega el correo mañanero y suena fuerte el silbato en los portales, permite que su vecina, doña Sofia, le suba las cartas. Y agradece, sonriente, el favor de evitarle las fatigosas escaleras. Un día cualquiera, esta buena mujer que ocupa el piso superior tiene que entrar hasta el comedor de la familia Escrivá para darles un recado urgente. Y se asombra del detalle y la gracia con que está puesta la mesa. Es que las contrariedades económicas y el trabajo acumulado no han hecho mella alguna en la condición y el cuidado afectuoso de la señora de la casa(13).

Por fin, el 28 de febrero, a las ocho de la mañana, nace un varón que será bautizado, dos días más tarde, en la Parroquia de Santiago. Son testigos de Bautismo don Marcos López y don José Ruiz; padrinos del niño serán sus tíos Florencio Albás y Carmen Lamartín, representados por Josemaría y Carmen Escrivá. Junto a la pila bautismal, sostienen en brazos a este deseado pero imprevisto hermano, que ha venido a renovar la ilusión y la felicidad de estos tiempos, duros en circunstancias, de sus padres. En recuerdo del padre de su madrina, fallecido poco tiempo antes, recibe el nombre de Santiago, justo. Don Hilario Loza, cura de la Parroquia, derrama sobre él las aguas del Bautismo (14).

Durante los años académicos de 1918-19 y 1919-20, Josemaría prosigue sus estudios en el Seminario de Logroño, donde obtiene las mejores calificaciones. Sus últimos años de Bachillerato, cursados con carácter oficial en el Instituto de la ciudad, han sido superados ya con holgura y brillantez, en junio de 1918.

En septiembre de 1920, de acuerdo con sus padres, Josemaría se traslada a Zaragoza. Allí podrá continuar la carrera eclesiástica en la Universidad Pontificia, vivir en el Seminario de San Carlos y, a su tiempo, matricularse en la Facultad de Derecho.

Cuando en el próximo verano don José se acerque a Fonz, que es su lugar de origen, hablará de sus hijos a los parientes y enseñará, orgulloso, unas fotograbas: las del benjamín -como llama cariñosamente al pequeño Santiago- y las de Josemaría.

-«Este me ha dicho que quiere ser sacerdote, pero a la vez va a estudiar para abogado. Nos costará un poco de sacrificio... »(15).

Josemaría, de la mano de Dios, y respaldado por el amor y la libertad que siempre fue la gran oferta de sus padres, empezará una nueva etapa que se abre ya en el tren, camino de Zaragoza.