Un mar sin orillas

“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

Donde el Opus Dei se sigue realizando fundamentalmente, aunque no se vea, es en el tráfico humano de la vida corriente, con personas comunes: en la familia, en la calle, en la fábrica, en el taller, en el avión, en el autobús, en el hospital..., abajo, en medio y arriba..., en todas partes..., en esa estrella polar de infinitas direcciones, y de otras tantas opciones, que es la existencia de los hombres, ninguno excluido, desde el nacimiento hasta la muerte.

Tengo presentes todavía las palabras pronunciadas por el Fundador del Opus Dei el 9 de mayo de 1974 en un acto académico celebrado en la Universidad de Navarra en el que se palpaba toda la ciencia del mundo, todo el esfuerzo de los hombres por alcanzar con su talento la verdad escondida:

–«Salvarán este mundo nuestro –permitid que lo recuerde–, no los que pretcnden narcotizar la vida del espíritu, reduciendo todo a cuestiones económicas o de bienestar material, sino los que tienen fe en Dios y en el destino del hombre, y saben recibir la verdad de Cristo como luz orientadora para la acción y la conducta. Porque el Dios de nuestra fe no es un ser lejano, que contempla indiferente la suerte de los hombres. Es un Padre que ama ardientemente a sus hijos, un Dios Creador que se desborda en cariño por sus criaturas. Y concede al hombre el privilegio de poder amar, trascendiendo así lo efímero y lo transitorio».

En este punto y antes de terminar el capítulo debo reconocer honradamente las dificultades de mi empeño por encerrar en unas cuantas páginas una realidad viva, multicolor y flexible, que rompe todo esquema para expresarse en la normalidad del heroísmo en las cosas pequeñas. La empresa me parece tan compleja como la de un novelista que quisiera reflejar con realismo en un solo libro todo lo que ocurre en este mundo a nivel personal en todas partes y al mismo tiempo. Y se hace más compleja todavía –de puro sencillas¡ se tiene en cuenta mi propósito de no olvidar en ningún momento de estas líneas el aspecto sobrenatural del Opus Dei, sin el cual ni el lector, ni yo, ni nadie puede hablar del tema en serio y con la mano en el corazón. No es otro el motivo de que haya acudido con tanta frecuencia en lo que venimos diciendo al diálogo directo con Monseñor Escrivá de Balaguer.

Por lo demás y en buena ley no podría ser de otro modo. Conozco a un periodista andaluz, miembro del Opus Dei, que se apostó una cena con un colega anglosajón, desafiándole a que le hiciese una pregunta –la que fuese– sobre la Obra cuya respuesta no la hubiese publicado antes ya, directamente y con claridad, el propio Fundador del Opus Dei. Quien pagó la cena fue, por supuesto, el colega anglosajón.