Un ejemplo entrañable y atrayente

Artículo de Andrés Botella en el Ideal de Jaén, con motivo del fallecimiento del prelado del Opus Dei.

Opus Dei - Un ejemplo entrañable y atrayente

Ideal de Jaén Un ejemplo entrañable y atrayente (PDF)

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Hacia las 21 horas del reciente día 12 de diciembre del 2016, fallecia el Obispo Prelado del Opus Dei, D. Javier Echevarría, segundo sucesor de San Josemaría Escrivá, tras el Beato D. Álvaro del Portillo. Ha muerto en la festividad de Ntra. Señora de Guadalupe, a la que tanta devoción tenía. Es momento de encomendarle a Dios, con la confianza de que serán oraciones de ida y vuelta. Pero también de fijar nuestra mirada en su alegre, fecundo y luminoso itinerario de vida cristiana.

D. Javier, al que muchos llamábamos Padre, nació en 1932, en Madrid. Doctor en Derecho y en Derecho Canónico, fue Secretario de San Josemaría hasta su muerte en 1975. Había sido ordenado Sacerdote en 1955; y en 1995, Obispo, por el Papa San Juan Pablo II. Ha sido miembro de la Congregación para las Causas de los Santos, del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, consultor de la Congregación para el clero y miembro honorario de la Academia Pontificia de Santo Tomás de Aquino.

Entre sus conocidos libros de espiritualidad cabe citar: ‘Para servir a la Iglesia’ e ‘Itinerarios de vida cristiana’; ‘Memoria de –el entonces Beato- San Josemaría Escrivá’ y ‘Por Cristo, con Él y en Él’ , ‘Eucaristía y vida cristiana’ y ‘Vivir la Santa Misa’; ‘Getsemaní’ y ‘Creo, creemos’. En todos ellos, tanto como en su propia actuación, podía observarse el propósito de transmitir, con absoluta fidelidad el legado teológico, espiritual y pastoral e histórico del Fundador del Opus Dei. De hecho, la figura y las enseñanzas de San Josemaría constituyen el hilo conductor de todas sus intervenciones orales y escritas.

Quienes le hemos conocido damos testimonio de su conducta ejemplar, trabajo y cariño por todos, desde una admirable fidelidad y humildad. De suyo, en sus últimos momentos, a pregunta de uno de los presentes, respondió que «estoy rezando por la fidelidad de todas y todos». Una fidelidad a nuestra vocación cristiana, sea cual sea el camino de cada uno, que ha de ser fidelidad a Cristo, que tanto nos quiere. Así transcurrió su tiempo: sin miedo a la vida y sin miedo a la muerte, como un hijo de Dios que se sabe querido por su Padre y trabajando con ilusión y competencia profesional en las cosas de ese Buen Padre; santificándose, contribuyendo a la santificación y felicidad de los demás y santificando el propio trabajo y demás circunstancias ordinarias de la vida, identificándose –en todo momento- con la Voluntad de Dios.

En el telegrama de pésame de 13 de diciembre de 2016, de S.S. el Papa Francisco a Mons. D. Fernando Ocáriz, Vicario Auxiliar del Opus Dei, por el fallecimiento del Obispo Prelado del Opus Dei, se unía a la acción de gracias a Dios «por su paternal y generoso testimonio de vida sacerdotal y episcopal, a ejemplo de San Josemaría Escrivá y del Beato Álvaro del Portillo, a quienes sucedió…»; afirmando que «entregó su vida en un constante servicio de amor a la Iglesia y a las almas». Tal vez, por ello, contagiaba aquella serenidad sonriente con la que siempre se le veía.

En «Itinerarios de vida cristiana», Mons. Echevarría escribía que «el dolor, físico o moral, no destierra el gozo y la paz de un corazón cristiano, ya que el júbilo sereno y la tranquilidad del discípulo de Cristo nacen de la unión con el Señor. La felicidad -ya en la tierra-…aparece y aparecerá siempre como señal clara de vida cristiana porque –como enseña San Pablo- expresa uno de los frutos causados en el alma por la presencia del Espíritu Santo que, al vencer el egoísmo y la soberbia, lleva a vivir en Dios y según Dios. Por eso Pascal podía sostener que nadie es tan dichoso como un verdadero cristiano…» He ahí el ejemplo de una vida entrañable y atrayente.