Un cambio de estudios

Francisco Ponz. MI ENCUENTRO CON EL FUNDADOR DEL OPUS DEI. Madrid, 1939-1944

Pocas semanas después de pedir la admisión en el Opus Dei, me presenté a exámenes del primer grupo de Matemáticas del ingreso en Ingenieros Agrónomos, que había preparado durante los cinco meses anteriores. No aprobé. Regresaba por eso a Jenner un tanto cariacontecido, por no haber conseguido lo que en aquella casa se propugnaba: sacar buenas notas, ser buenos estudiantes. Al entrar en la residencia a última hora de la mañana e ir a saludar al Señor en el oratorio, me encontré con el Padre en la sala de estar. Me preguntó cómo me había ido. Confesé el mal resultado, y el Padre, lleno de cariño, se apresuró a consolarme y me dijo casi literalmente: "Dios sabe más. No te preocupes, tú has estudiado, has trabajado, no te importe. Todo se arreglará, Dios sabe más". Sobra decir que esa actitud entrañable del Padre me tranquilizó por completo, y constituyó una lección inolvidable de cómo se han de aceptar la voluntad de Dios y sus caminos.

A finales de marzo estuve unos pocos días en Huesca con mi familia. En el viaje hasta Zaragoza, en el tren correo del 29 por la noche, coincidí con el Padre, Álvaro, Isidoro y algún otro que iban a atender a los de allí y seguir luego viaje a Barcelona. En Zaragoza estuvimos todos en un piso de una familia conocida del Padre, y pasamos un buen rato con los que ya eran de la Obra: Jesús Arellano, Javier Ayala, José Javier López Jacoiste y no sé si algún otro. El Padre estaba muy contento. Les preguntó si tenían crucifijo y, como dijeron que no, nos pidió que les diéramos los nuestros. Yo seguí viaje a Huesca el mismo día 30, mientras que el Padre y los demás se fueron, de nuevo por la noche, a Barcelona. Regresé al cabo de unos días a Madrid para reanudar mis estudios.

El ambiente que se respiraba por ese tiempo en Jenner entre los de la Obra que no habían terminado la carrera, animaba a querer acabarla cuanto antes para quedar más pronto disponibles para las crecientes necesidades apostólicas. Se estudiaba mucho, aprovechando todos los minutos. El Padre alentaba a sus hijos a que obtuvieran el título de doctor, que entonces sólo otorgaba la Universidad de Madrid en sus Facultades. Pedro Casciaro y Paco Botella habían dejado de lado sus estudios de Arquitectura y preparaban su tesis doctoral en Matemáticas. Algunos que ya eran ingenieros cursaban o iban a empezar a cursar estudios universitarios, como Álvaro, José María Hernández Garnica y José Luis Múzquiz.

Así las cosas, un comentario informal me hizo pensar en cambiar de estudios, para cursar una carrera en alguna Facultad universitaria. Se lo comenté a Álvaro: le expliqué que, aunque mi idea inicial había sido continuar con el ingreso en Agrónomos, aquel comentario me había llevado a replantearme el tema, para terminar antes la carrera y estar así en condiciones de trabajar y ayudar a las labores de la Obra donde se viera más conveniente. Álvaro, con su prudencia y delicadeza características, me dijo que no tenía por qué hacer caso de aquel comentario. Era obvio que, yendo todo muy bien, no podría terminar la carrera de Agrónomos antes de seis o siete años, mientras que si seguía una carrera universitaria afín, por ejemplo Ciencias Naturales -que entonces era de cuatro años-, podría sin duda acabarla mucho antes. Pero me repitió que para el Opus Dei lo mismo eran unos estudios que otros, que con cualquier trabajo profesional era posible buscar la santificación y hacer apostolado, y que la decisión debía tomarla yo con entera libertad y responsabilidad. Sin pensármelo dos veces, le dije que cambiaba de carrera y que estudiaría Ciencias Naturales.

Pienso que al Padre le agradó mi decisión. A mi familia se lo comuniqué como cosa resuelta y no les pareció mal. Era ya por el mes de abril, por lo que comencé a estudiar con toda intensidad los programas de mis nuevos estudios. Como tenía una base aceptable de Matemáticas y de Biología, me matriculé como alumno libre, y entre junio y septiembre de ese año pude hacer los dos primeros cursos. Al año siguiente, 1940-1941, hice los otros dos también como libre, aunque asistiendo a clase de casi todas las asignaturas, y terminé la Licenciatura a primeros de octubre de 1941. Obtuve el Doctorado en octubre del año siguiente, 1942. Muchas veces he recordado con motivo de este cambio de estudios, y con ocasión de muchos otros hechos, lo que me había dicho el Padre: "¡Dios sabe más!".