Un Bilbao con cielo azul

“Tiempo de caminar”, libro de Ana Sastre sobre el fundador del Opus Dei.

La carretera se empina al llegar a Derio, en las cercanías de Bilbao. Y ya no abandona la cuesta hasta adentrarse en cimas cubiertas de abetos. A la izquierda, de modo casi inesperado, sorprende la entrada de Islabe , la Casa de Retiros dirigida por el Opus Dei. Hoy, 10 de octubre, parece que el cielo se ha puesto de acuerdo para estrenar su mejor azul. Es la fecha en que Monseñor Escrivá de Balaguer llega a la capital vizcaína. Al día siguiente, Vizcaya celebra la Maternidad de la Virgen bajo la advocación de la Madre de Dios de Begoña.

Pasará tres días en la ciudad. Pero durante estas jornadas se reúne con varios miles de personas, en Islabe y en el Colegio Gaztelueta .

Islabe acogerá representaciones de Itxaso, Centro profesional para la formación de la mujer, además de Bertendona , Escuela de Empleadas del Hogar. Una muchacha joven abre el turno de preguntas:

-«Padre, ¿qué es lo que le pide a la juventud?».

-«Yo le pido, a la tuya y a la de todas mis hijas, que sea eterna la juventud. Si os acercáis a Dios, si tenéis trato con Dios, cada día más íntimo; si os hacéis amigas del Señor, si os enamoráis del Señor, tendréis una juventud eterna también, porque estaréis cerca de Dios, que alegra la juventud (...).

En el Opus Dei no hay viejos: todos somos jóvenes. Con esa juventud maravillosa de Jesucristo Señor Nuestro, que siempre es el mismo: ayer, hoy y mañana. Herí, hodíe et in saecula !»(7).

También hablará con alumnos de Gaztelueta y de los estudios nocturnos, chicos de Clubs de Bilbao o Baracaldo y universitarios del Colegio Mayor Abando . Para los alumnos de la sección de estudios nocturnos tendrá palabras de estímulo:

-«¡Son estupendos! Unas criaturas que están trabajando con toda su alma, y que hacen el esfuerzo de venir corriendo aquí -con la lengua fuera- para estudiar, con un cariño inmenso, con un deseo de saber... Yo los quiero con predilección. ¡Que Dios les bendiga!»(8).

Un universitario le plantea las dificultades de la fe frente al espíritu crítico:

-«Padre, la fe del carbonero... »

-«Me parece muy bien la fe del carbonero, pero prefiero la fe ilustrada. Aquí os dan buenas clases de religión; procurad aprender (...). La religión no es una cosa secundaria; no es una asignatura de segunda categoría. ¡Es importantísima! Si vamos a las mejores bibliotecas del mundo, la mayor cantidad de libros son de religión, de teología, que es la ciencia que tiene mayor interés para la humanidad. Por lo tanto, tú aprende y además pide al Señor que te dé también la fe del carbonero; pero, en lo posible, sabiendo, comprendiendo lo que la mente humana puede comprender, que no es todo (...).

Yo doy muchas vueltas, con el entendimiento, al misterio de la Santísima Trinidad. Me enamora leer cosas de k Trinidad y de la Unidad de Dios, y cuando algunas veces me parece que veo una lumbre, una luz, me pongo contento. Y cuando me encuentro sin luces, me pongo más contento y digo: ¡Señor, qué grande eres! ¡Qué pequeño serías, si yo pudiera comprenderte! Es lógico que no lo pueda entender. Y entonces le pido que me deje prácticamente la fe del carbonero, pero... soy doctor en teología, ¿sabes? Del todo carbonero, no» (9).

No faltarán en Islabe , a la cita con el Padre más de un centenar de sacerdotes diocesanos de Vizcaya, Burgos y Santander.

En la mañana del 12 de octubre, los alrededores de Gaztelueta se animan por una concentración inusitada. Hay gentes de Bilbao, de San Sebastián, Burgos y Santander. También un pequeño grupo de extranjeros. La reunión resulta especialmente entrañable porque entre los asistentes hay algunos de los que iniciaron la Obra en Vizcaya. De aquellos que tuvieron la esperanza suficiente para sembrar y dejar la cosecha a punto para los que llegaron más tarde. El colegio se encuentra materialmente abarrotado: todos -obreros, empresarios, profesores- se apiñan para ver y oír al Padre. Las preguntas se suceden sin interrupción. Y queda patente el cariño desbordante del Fundador a cuantos han acudido hasta Gaztelueta.

El número de asistentes a las reuniones con el Padre ha sobrepasado los cálculos previstos. El «hall» del Edificio Central de Gaztelueta se ha llenado a rebosar todos los días. Aquí, en este Centro docente, el Fundador habla especialmente de la importancia del profesor, del maestro, en la tarea de educar a la juventud. A una pregunta en la que alguien necesita saber cuál es la virtud más importante para esta misión, el Padre responde:

«Necesitáis todas, pero sobre todo manifestar a los chicos una lealtad muy grande. Que vean que les queréis, que os sacrificáis, que tenéis la suficiente ciencia y que sabéis comunicársela con gracia, con luz, con don de lenguas, de modo que os entiendan. ¿Está claro? No puedes exigirles lo que tú no tengas. Procura poseerlo y luego exige»(10).

Y también invita a los padres a formar parte de esta tarea apasionante.

«¿Cómo queréis que vuestros hijos salgan adelante, si no formáis vosotros parte activa de la labor? En un colegio, por ejemplo, primero son los padres de familia, luego los profesores y por último los alumnos. Vosotros debéis mantener contacto constante con la labor; si no, no va. No haríamos nada»(11).

Una tarde en Islabe habla con un extenso grupo de matrimonios que han ayudado a la Obra desde su llegada a Bilbao. Ante ellos insiste también en esta labor educativa de la juventud, en todos los niveles sociales. Les pide ayuda para un barrio obrero de Roma en el que se levanta ya el Centro ELIS de formación profesional:

-«La ilusión mía es comenzar este otoño próximo, si el Señor me da vida, a trabajar mucho con los obreros del Tiburtino. Hasta ahora no he podido. Apenas he podido ir a las labores de mis hijos y de mis hijas en Italia, que trabajan maravillo

samente» (12).

Al final de cada encuentro hay un aire de alegría en las caras; son amigos que salen de una reunión familiar, hermanos en el trabajo de cada día. Un Cooperador afirma rotundamente, después de una tertulia con el Padre:

-«Dios quiso promover la Obra en 1928, porque la iba a necesitar en 1972»(13)

Este cielo norteño ha cumplido un deber de cortesía: reservar la lluvia y dejar paso a un buen sol para estas jornadas en las que un hombre de Dios habla del amor a la Iglesia, al Papa, y de servicio incansable a todos los hombres.