Trescientos, trescientos mil

Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas

Había invitado a esa primera clase a numerosos universitarios, con gran ilusión apostólica; había hablado con unos y otros, y al final... se presentaron Juan Jiménez Vargas y otros dos más.

Me vinieron sólo tres. ¡Qué descalabro!: ¿verdad? ¡Pues no! Me puse muy optimista, muy contento, y me fui al oratorio de las monjas; expuse a Nuestro Señor en la Custodia y di la bendición a aquellos tres. Me pareció que el Señor Jesús, Nuestro Dios, bendecía a trescientos, trescientos mil, treinta millones, tres mil millones..., blancos, negros, amarillos, de todos los colores, de todas las combinaciones que el amor humano puede hacer.

Entre tantas pruebas, que superaba con humildad, seguía recibiendo en su alma nuevas mociones de Dios. Eran los primeros días de octubre de 1932, cuando, haciendo un retiro espiritual en el Convento de los Carmelitas Descalzos de Segovia (...), pasaba largos ratos de oración en la capilla donde se guardan los restos de San Juan de la Cruz: y allí, en esa capilla, tuve la moción interior de invocar por vez primera a los tres Arcángeles y a los tres Apóstoles (...), teniéndoles desde aquel momento como Patronos de las tres obras que componen el Opus Dei.

Hacía considerar a las personas que trataba la vida cotidiana de los Apóstoles que siguieron al Señor: Lo que a ti te maravilla —escribió en Camino a mí me parece razonable. -¿Que te ha ido a buscar Dios en el ejercicio de la profesión? Así buscó a los primeros: a Pedro, a Andrés, a Juan y a Santiago, junto a las redes: a Mateo, sentado en el banco de los recaudadores.

El 11 de noviembre de 1934 fue nombrado Rector del Patronato de Santa Isabel, del que era capellán desde 1931. Atendía, entre otras labores, a las Agustinas Recoletas del Convento de Santa Isabel. Esta comunidad tenía una talla de un Niño Jesús que le daba particular devoción. Durante las Navidades de 1931 la Superiora le autorizó para llevarlo a su casa y enseñarlo a algunos amigos y conocidos.

Hoy me llevé el “Niño de Santa Teresa” —contaba el 30 de diciembre de 1931—. Me lo dejaron las Madres Agustinas. Fuimos a felicitar las Pascuas a Fray Gabriel, en los Carmelitas. El hermanito se alegró y me regaló una estampa y una medalla. Después de visitar a otros amigos, se lo llevó a su casa: Y aquí tendré a Jesús hasta mañana. Esa devoción al Niño, íntima y recia, unida a un profundo sentido de la filiación divina, muestra como Dios iba llevándole, casi sin que se diera cuenta, como a Santa Teresa Lisieux, y tantos otros santos, por caminos de infancia espiritual .

En diciembre de 1933 comenzó la Academia DYA, primera labor apostólica del Opus Dei. Fueron acercándose nuevas personas a los apostolados que emprendía; y cuando la labor se consolidaba y ya contaba con algunos miembros del Opus Dei; cuando le rodeaba casi un “centenar de almas vibrantes”; y pensaba comenzar la expansión por todo el mundo; en los mismos días en los que daba los primeros paso para ir a otra ciudad, Valencia... se desencadenó la guerra civil en el país.