Nuestra Señora de Prado Norte: cuando los vecinos se ponen manos a la obra

Un vecino de Algete cuenta cómo, tras el diagnóstico de cáncer de su mujer, nació el Cobijo de Nuestra Señora de Prado Norte, la instalación de una imagen de la Virgen en un parque público de la zona.

Familias reunidas en la inauguración del Cobijo de Nuestra Señora de Prado Norte

Al salir de mi casa en Prado Norte (Algete, Madrid), lo primero que veo cada día es un parque público, pequeño pero agradable. Durante mucho tiempo pensé que sería bonito tener allí una imagen de la Virgen, pero nunca di el paso. Todo cambió cuando diagnosticaron cáncer a mi mujer.

Fue natural acudir a Nuestra Madre en aquellos momentos de incertidumbre. Vivimos, al mismo tiempo, la fragilidad de la vida y la firmeza de la esperanza. No hice ningún pacto con la Virgen; simplemente comprendí que había llegado el momento de dar ese paso.

De una conversación a poner las cosas en marcha

El reto era saber si se podía construir algo así en un parque público. Coincidí en misa con Carlos, amigo y antiguo alcalde de Algete, y él me presentó a Fernando, el alcalde actual. Así comenzó esta aventura.

Formamos la Asociación Nuestra Señora de Prado Norte, con una junta directiva de vecinos del barrio. El alcalde, de profunda devoción mariana, apoyó el proyecto desde el principio y logramos del Pleno municipal una concesión de uso del terreno por 75 años. Por razones técnicas nos aconsejaron no usar la palabra «ermita»; pensé entonces en «Cobijo», porque expresa la protección y el amor maternal que buscamos en María.

El proyecto exigió licencias, estudios técnicos y diseño arquitectónico, en el que Juan y Sergio, dos arquitectos, colaboraron por puro amor a la Virgen. Después llegaron Pedro y Javier, trabajadores de mantenimiento del colegio Tajamar, para ejecutar la obra.

La Virgen se instala en mi salón

Algunos vecinos reunidos en el salón de casa antes de que se construyera el Cobijo
Algunos vecinos reunidos en el salón de casa antes de que se construyera el Cobijo

La imagen, donada de forma anónima, llegó el 25 de abril de 2025, antes de empezar las obras. Como todavía no había dónde ponerla, la acogimos en el salón de mi casa. No olvidaré el día que me llamaron de la tienda para recogerla. Estaba solo y la figura era demasiado grande y pesada para una sola persona.

Podría haber esperado a mis hijos al día siguiente, pero pensé: «Si tu madre llega al aeropuerto, no la dejas esperando; dejas todo y vas». Llamé a varios vecinos, pensaron lo mismo y fuimos a por Ella. Esa tarde rezamos el primer rosario en mi salón.

Desde entonces, vecinos y amigos se reunían allí cada día para rezar el Rosario. Personas desconocidas llamaban al timbre para saludar a la Virgen, y llegaron a venir familias enteras, hasta que tuvimos que trasladar la imagen al jardín. Aquellos meses me dieron ocasión de conocer mejor a muchas familias, y algunos padres se incorporaron después a nuestras charlas de formación para cooperadores.

Milagros de generosidad

Hacían falta fondos, y la generosidad de tantas personas fue impresionante. Recuerdo a una niña de nueve años que donó trescientos euros de su Primera Comunión, y a un amigo no practicante que donó cinco mil. Otro amigo, dueño de una empresa de vehículos industriales, cargó y descargó personalmente las rejas para el taller de lacado e insistió en pagar él mismo todo el coste. ¡Qué generosos son los hijos cuando se trata de honrar a su Madre!

El Cobijo se ha convertido poco a poco en un lugar de peregrinación, abierto a todos los vecinos y amigos que quieran rezar el Rosario. Recuerdo a una niña que, al pasar, se unió espontáneamente arrodillándose; a un matrimonio mayor que viene cada día, ella en silla de ruedas; y a un grupo de un pueblo vecino que llegó a rezar un misterio junto a unos jóvenes deportistas de paso.

El gran día de la inauguración

La construcción concluyó el 25 de octubre de 2025. Tras seis meses con la Virgen en casa, confieso que al principio la eché de menos, pero hoy la saludo cada día desde mi ventana y me llena de gozo ver a tantas personas acercarse a Ella.

Mons. Antonio Prieto Lucena en la inauguración del Cobijo
Mons. Antonio Prieto Lucena en la inauguración del Cobijo

El 6 de diciembre de 2025, nuestro Obispo de Alcalá de Henares inauguró y bendijo el Cobijo, acompañado del alcalde y unas 250 personas, en una jornada de acción de gracias. Le conmovió especialmente ver tantas familias numerosas presentes. Nos comentó además que ya está en conversaciones con el Ayuntamiento para, en el futuro, construir la parroquia de Prado Norte.

La iniciativa llama la atención por haber sido impulsada, financiada y llevada a cabo íntegramente por laicos, un reflejo de las enseñanzas de san Josemaría. Hoy el Cobijo está junto al parque infantil: hay quien deja flores a los pies de la Virgen, quien solo se persigna al pasar, y familias enteras que acuden a rezar el Rosario. No tengo duda de que la presencia maternal de María está tocando, en silencio, los corazones de toda la zona.