Un campo de fútbol en el corazón del barrio

El Papa León XIV llega a Canarias para estar cerca de quienes arriesgan la vida cruzando el Atlántico. A pocos kilómetros del muelle de Arguineguín, Paco Florido —antiguo cartero y presidente de un club de fútbol— lleva décadas practicando esa misma acogida cada fin de semana: un balón, un patio, y la convicción de que cualquier actividad ordinaria puede ser lugar de encuentro con Dios y con los demás.

paco y algunos jugadores más jóvenes del CDU San Lázaro

Cuarenta y cuatro años como agregado del Opus Dei me han enseñado una cosa sobre todo: que Dios se encuentra en lo ordinario, en el trabajo de cada día, en las personas que uno se cruza. Yo lo he comprobado repartiendo cartas por Las Palmas durante treinta y ocho años, y lo sigo comprobando cada fin de semana en un campo de fútbol.

1. Las cartas, el fútbol y las personas

Me llamo José Francisco Florido Ramos, aunque en el barrio todos me conocen como Paco el cartero. Nací en el Risco de San Nicolás de Bari, en Las Palmas de Gran Canaria. Durante treinta y ocho años repartí el correo por Schamann, San Antonio y El Polvorín. Eso es mucho tiempo caminando por las mismas calles, saludando a las mismas familias, viendo crecer a los mismos niños.

Paco fue cartero durante 38 años en La Palmas
Paco fue cartero durante 38 años en La Palmas

Soy agregado del Opus Dei desde 1979, gracias a Dios. Y del espíritu de san Josemaría aprendí que cualquier actividad ordinaria —repartir cartas, entrenar a un equipo— puede ser lugar de encuentro con Dios y con los demás. Eso es lo que me mueve: no el deporte en sí mismo, sino las personas detrás del deporte.

Hoy estoy jubilado, pero sigo presidiendo el Club Deportivo Unión San Lázaro, fundado en 1941. Cuando la gente me pregunta por qué sigo ahí, siempre digo lo mismo: porque hay demasiados jóvenes que necesitan que alguien les preste atención.

2. El origen: una tragedia que se convirtió en llamada

Todo empezó por un muchacho llamado José Luis. Tenía trece años cuando perdió la vida en un accidente en el barrio mientras jugaba al fútbol con sus amigos. Sus padres, comprensiblemente destrozados, no volvieron a dejar salir a su hermano menor a la calle. Ese chico se quedó encerrado. Y a mí esa imagen no me dejaba en paz.

Hablé con la directora del colegio público del barrio y amablemente nos cedió los patios los viernes. Al poco tiempo también los sábados. Tanto gustó la actividad, que el AMPA me pidió que la convirtiéramos en algo estable, tres días a la semana. En 1985 hice el curso de entrenadores para hacerlo bien, y poco después me incorporé como entrenador al Club Deportivo Unión San Lázaro, llevando a esos mismos jóvenes del colegio al club.

Entonces añadimos algo que para mí era tan importante como el fútbol: un aula de apoyo al estudio, antes y después de los entrenamientos. A día de hoy sigue en marcha.

3. 150 jugadores y muchas nacionalidades

Actualmente el club tiene alrededor de 150 jugadores, desde los 4 hasta los 18 años, en distintas categorías. Lo que más me llena de orgullo es la diversidad: jóvenes de Sudamérica —la mayoría—, de Marruecos, el Sáhara, Mauritania, Senegal, Ghana, Mali, Cabo Verde... Canarias siempre ha sido un lugar de paso y de encuentro, y nuestro club lo refleja.

A las familias inmigrantes de Sudamérica las suelo conocer a través de la actividad de Cáritas en el barrio, donde colaboro como voluntario. Llegan con todo por resolver: alojamiento, papeles, trabajo. Cuando les ofrezco que sus hijos vengan a jugar al fútbol, a veces me miran como si les propusiera algo demasiado sencillo para sus problemas. Pero el fútbol es una puerta. Una vez que el niño entra, la familia entra con él.

Con los chicos africanos que vienen de centros de menores, tutelados por el Gobierno, es un proceso algo más lento, sobre todo por los trámites de regularización documental —a veces incluso la fecha de nacimiento está por aclarar—. Pero aprenden rápido el idioma, hacen amigos, y muchos a partir de los dieciocho años se ponen a estudiar ciclos de formación o buscan trabajo. El fútbol les ha dado una red de apoyo.

«Mi sueño es que muchos jóvenes aprendan a valorar el esfuerzo, la generosidad y la amistad. Eso vale para toda la vida, mucho más que cualquier resultado.»

Paco y un grupo de jugadores del Club Deportivo Unión San Lázaro
Paco junto a un grupo de jugadores del Club Deportivo Unión San Lázaro

4. La inmigración en Canarias: una realidad que el mundo mira

Cada patera que llega a nuestras costas no es una estadística. Son padres, madres, jóvenes —algunos muy jóvenes— que han cruzado el Atlántico buscando un futuro digno. Las Islas Canarias llevan años en primera línea de esta realidad, y la mayoría de los canarios la ha afrontado con una generosidad que merece ser reconocida.

El Papa Francisco quiso venir a Canarias para conocer de cerca esta situación, para estar cerca de los que llegan y de quienes los acogen. Su fallecimiento lo impidió, pero su sucesor, el Papa León XIV, llegará a las islas el 11 y 12 de junio para cumplir ese deseo. Su primera parada en Gran Canaria será en el muelle de Arguineguín, donde tantas personas han llegado exhaustas después de días en el mar.

León XIV ha hablado de los migrantes como «misioneros de esperanza», y ha pedido que las comunidades que los acogen sean «un testimonio vivo de esperanza, donde se reconozca la dignidad de todos como hijos de Dios» (Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, 25 julio 2025). Eso es exactamente lo que intentamos hacer en el club: que cada chico que llega, venga de donde venga, encuentre un lugar donde ser reconocido y tratado con dignidad.

5. Lo que el fútbol enseña

El fútbol es un medio, no un fin. Lo que importa no es si ganamos o perdemos, sino lo que los chicos aprenden en el proceso. En un campo de fútbol se aprende a respetar al árbitro aunque no estés de acuerdo, a animar al compañero que falló, a levantarte cuando caes. Se aprende que el esfuerzo tiene valor aunque no siempre tenga recompensa inmediata.

Todos los integrantes del Club Deportivo Unión San Lázaro en 2026
Todos los integrantes del Club Deportivo Unión San Lázaro en 2026

Intento tratar con cariño y comprensión a todos los que participan en la actividad: jugadores, familias, árbitros, espectadores. A veces hay tensión, como en cualquier competición. Pero precisamente ahí está la oportunidad: mostrar que se puede competir con deportividad, que la rivalidad no excluye el respeto.

De san Josemaría he aprendido a ver a Cristo en cada persona. «El cristiano debe amar a los demás, y por tanto, respetar las opiniones contrarias a las suyas, y convivir con plena fraternidad con quienes piensan de otro modo» (Conversaciones, n. 67). En un vestuario con chicos de diez nacionalidades distintas, eso no es solo una frase bonita: es la única manera de que aquello funcione.

6. Un partido de fútbol puede ser un lugar sagrado

San Josemaría predicaba que la santidad no está reservada a los conventos ni a las grandes gestas. Está en lo ordinario, bien hecho: en el trabajo cumplido con amor, en el trato digno a cada persona que se cruza en tu camino.

«Allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores —decía—, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo» (Conversaciones, n. 113).

Un entrenamiento del martes por la tarde en un campo de tierra de Las Palmas puede ser eso: un encuentro con Cristo en los ojos de un chaval de quince años que acaba de llegar de Mali y no sabe todavía muy bien dónde está, pero que cuando chuta a portería y el balón entra, sonríe de una manera que vale todo.

Eso es lo que me ha mantenido en estos casi cuarenta años. Y eso es lo que espero poder seguir haciendo mientras pueda.

Paco, el cartero