Sueños de juventud

Ana Otte, alemana, nacida en Silesia (actualmente Polonia) y doctora en medicina por la Universidad de Frankfurt. Vive en Valencia desde 1971, donde se casó con un cirujano español. Es viuda, supernumeraria del Opus Dei y tiene tres hijos.

Ana es doctora en medicina por la Universidad de Frankfurt, cofundadora del Instituto Valenciano de Fertilidad (IVAF), profesora del Instituto Juan Pablo II de Valencia, médico en el Hospital de Sagunto y autora de varios libros sobre sexualidad y relaciones familiares.  

Se dedica a la Orientación Familiar, a la enseñanza de reconocimiento de la fertilidad, y a la música: es organista y directora de un coro de niños.

Yo conocí el Opus Dei gracias al colegio Guadalaviar, cuando mi marido me propuso llevar a nuestras dos hijas allí. En Alemania no había oído hablar nunca del Opus Dei. Mis hijas entraron en el colegio justo cuando se celebró el 25 aniversario de su existencia y con motivo de un acto festivo en el Teatro Principal buscaron padres que tocaran algún instrumento para participar en la orquesta de padres.

 

"Procuro luchar por vivir santamente, es decir: tratar de ser un consuelo para Dios"

Yo me presenté con mi flauta dulce y me hice muy amiga de la profesora de música, Emilia Badía, conocida por los festivales de villancicos que se celebraban todos los años en el colegio. 

Desde que conocí el Opus Dei, fue enriqueciéndose mi vida espiritual. El Opus Dei recuerda al creyente actual lo que habían entendido muy bien los primeros cristianos: trabajar con ilusión, cada uno en su profesión, quererse, apoyarse los unos a los otros, compartir las cosas, estar muy unidos en la celebración de la Eucaristía y luchar por vivir santamente, es decir: tratar de ser un consuelo para Dios.

 

Cuando yo era joven, me gustaban muchas cosas: la literatura, los idiomas, la música, el deporte… Tenía facilidad para los estudios y pensaba que en el futuro tendría el mundo a mis pies… Luego, por circunstancias familiares, todo se complicó y se acabó la euforia…  Aún así conseguí sacar una buena carrera, conocí a mi futuro marido, nos casamos y me vine a vivir a Valencia, con mucho dolor de corazón, porque amo mucho Alemania. 

Una de las publicaciones de Ana

Tuve que convalidar mi título de médico con un examen de licenciatura en la Facultad de Medicina de Valencia, y acostumbrarme a la forma de vida de la España de los años setenta, que no tenía nada que ver con la España moderna de ahora, y atender a mi familia.

Lo tenía todo: trabajo, casa, una buena familia…; pero aspiraba a algo más.  El cambio se produjo cuando me hice del Opus Dei; entonces, haciendo externamente lo mismo, pero con la mentalidad que me daba mi vocación, empecé a vivir mi vida cotidiana de forma distinta. Las cosas tenían otro brillo, otro ritmo, un sentido mucho más profundo y satisfactorio.

Cuando me preguntan en qué influye el Opus Dei en mi vida, contesto: en la búsqueda de la santidad. Recuerdo que cuando tenía 13 años vi la película “La Virgen de Fátima” y pensé que me gustaría ser santa como una de aquellas pastorcitas, que era tan guapa. Tenía ese afán de santidad, pero no sabía cómo concretarlo. Lo descubrí después, cuando conocí el Opus Dei.

"Si uno trabaja para Dios, Él te ayuda a multiplicar el tiempo y a potenciar tus propias facultades. Uno va descubriendo aptitudes propias que desconocía"

Experimenté que si uno trabaja para Dios, Él te ayuda a multiplicar el tiempo y a potenciar tus propias facultades. Uno va descubriendo aptitudes propias que desconocía. 

Por ejemplo, he aprendido a organizar mejor mi trabajo y a aprovechar el tiempo cuando hay que hacer cola en el mercado, esperar el autobús, en una consulta del médico o en la peluquería… siempre se puede ir rezando, leyendo algo útil, o se puede charlar con alguien.  Y siempre se aprovecha,  si se ofrece para Dios. Eso da mucha paz y serenidad.

Tengo tres hijos. Anabel, la mayor, estudió Filosofía y es numeraria del Opus Dei. Viajó a Kazajstán a comenzar la labor apostólica del Opus Dei allí y ahora reside en Alemania, en una residencia internacional de estudiantes en Colonia. Silvia, la segunda, es numeraria también, y ha seguido los pasos de sus padres: ha estudiado Medicina, y trabaja actualmente de médico de familia en el Hospital de Sagunto. 

Carlos, el pequeño, está acabando la carrera de Publicidad y nos ha salido "rockero": le  gusta componer música, toca muy bien la guitarra y ha grabado un disco. Quiere montarse un estudio, casarse y ser un buen padre de familia. 

Yo soy médico analista y trabajo desde hace más de 25 años en un hospital de la Seguridad Social. Soy la responsable del laboratorio de Urgencias, el más conflictivo de todos por el problema de turnos rodados, aparte de otros compartimentos del laboratorio. Procuro trabajar bien, cuidar la puntualidad, estudiar para estar al día, tratar con delicadeza al personal... 

Mis compañeros trabajan muy bien, con mucha responsabilidad, y cuidan todos esos aspectos, con la diferencia de que algunos no lo hacen conscientemente por Dios y para Dios, sino sólo por motivos humanos. 

Además del trabajo hospitalario, me dedico a múltiples tareas; por ejemplo, me he especializado en la enseñanza de reconocimiento de la fertilidad (métodos naturales) y doy clases en esta materia en el Instituto Juan Pablo II; participo en los cursos prematrimoniales en la iglesia de San Juan del Hospital, y  llevo un coro de gente joven para cantar en misas solemnes. Y además,  toco el órgano los domingos en misa. Sé que son bastantes cosas, pero al final se adquiere mucha experiencia y todo acaba saliendo.

Algunas de estas tareas las he abordado a contrapelo, y  luego he visto que Dios me ha bendecido especialmente en ellas. Y ahora puedo decir que soy feliz y que se han colmado en mi vida aquellas cosas con las que soñaba en mi juventud.