Club 55

Un requisito y mucha ilusión por ayudar allá donde hagan falta. Una historia que demuestra que la edad no es un impedimento para salir de casa y cocinar, hablar de temas de actualidad y montar un grupo de música que amenice las tardes de personas necesitadas.

Opus Dei - Club 55

—¿…Y por qué no ponemos en marcha un club para gente de nuestra edad, donde podamos canalizar esta inquietud de pasarlo bien con nuestros amigos, desarrollar actividades culturales o sociales y aportar un espacio donde compartir nuestros intereses?

La pregunta se la hice a un grupo de amigos míos en el marco de una comida habitual en mi casa en octubre del 2006. La propuesta, tras considerarla y meditarla en voz alta por los asistentes, fue adquiriendo forma hasta concretarse en lo que hoy se conoce como “Club 55”, una asociación de personas de Vigo con edades, al menos, de los 55 años del nombre y con inquietudes de hacer algo por los demás.

Cocina, temas de actualidad y un grupo musical

Tuvimos claro que el germen del Club 55 era el gusto común por la cocina y que sería punto de arranque para llegar a más amigos y afrontar nuevas actividades. A la maestría en los fogones se le añadió desde el primer momento una sobremesa que tratase un tema de actualidad, iniciado por un ponente y en el que todos pudiésemos participar en un ambiente relajado y de camaradería. No tardamos en incorporar la música a nuestros encuentros y pronto caímos en la cuenta de que era también una pasión común, por lo que creamos el Grupo Musical Club 55, capitaneados por Ventura y Pedro, y nos preparamos para empezar a dar recitales.

Las comidas quincenales del Club 55 son uno de los momentos más esperados por sus socios. La experiencia y el dominio de la rica gastronomía local hacen que se constituyan auténticos equipos de cocina, dirigidos por distintos chefs, que se ponen manos a la obra en la bien dotada cocina de nuestra sede. El resto participamos activamente en la preparación pues, no en vano, el lema de “para servir, servir” es una de nuestras guías que conforman las actividades que realizamos. Allí se concretan el calendario de sesiones formativas, las actuaciones musicales en distintos lugares sociales de la ciudad, los ensayos, la colaboración con otras instituciones de Vigo y la difusión de nuestras iniciativas para atraer a nuevos socios.

Piezas populares y una corbata brillante

La actividad más destacada que tenemos es el coro del Grupo Musical que interpreta piezas populares y tradicionales, acompañadas por cuatro guitarras –Carmelo, Carlos, Lorenzo y Manuel–, dos bandurrias –Antonio y Carlos–, la mandolina de Medardo, el laúd de Jordi y la percusión de José Carlos. El hecho del carácter tradicional y popular del repertorio facilita que los asistentes a nuestros conciertos se unan al coro y acabemos en una fiesta compartida.

Así ocurrió en el recital del pasado 12 de junio, en el Centro de Discapacitados de San Rafael de Vigo, donde los más de doscientos residentes se fundieron a una con los miembros del Club 55. “Lo pasamos tan bien juntos, que terminamos todos fundidos en un gran abrazo que se mantuvo durante varios minutos” -recuerda Pedro, con la emoción todavía viva-. Uno de los chicos del centro se vio sorprendido por los brillantes colores de la corbata de un socio y le gustó tanto que se la regaló, además de enseñarle, con infinita paciencia, a hacerse el nudo. Otros contaban, emocionados, cómo habían aprendido esas canciones de sus padres, y ahora les parecía estar cantándolas de nuevo juntos tras tantos años. Las visitas a este y otros centros de la ciudad son algo habitual en nuestro calendario pues celebramos los cumpleaños de unos y otros, las fechas señaladas del centro y siempre cantan y bailan todos, también los que tienen problemas de movilidad, gracias al empeño de enfermeras, cuidadoras y los propios miembros del Club.

Medardo, quien ocupó cargos de gran responsabilidad en la Confederación de Empresarios y ahora es miembro del Club 55, no se pierde nunca un concierto: “nunca imaginé que personas como nosotros podríamos dedicar nuestro tiempo así, haciendo feliz a la gente, en tantas actividades como hacemos”, me comentó al finalizar un concierto. Ventura, a pesar de estar seriamente enfermo, no deja pasar ocasión para dirigirnos musicalmente y en esos momentos recordarnos “también ahora estoy en las manos de Dios”.

Quiñones, quien también ha sufrido importantes intervenciones quirúrgicas, no deja de asistir a las reuniones del Club 55, en las que informamos de las noticias familiares más destacadas de los socios, rezamos por la salud de los enfermos y, por supuesto, cantamos mucho, todos juntos, llenando de serenidad y alegría los encuentros. “Intento estar fuerte por dentro y por fuera y, con la ayuda de Dios y vuestra, sigo adelante” –le aclaraba Quiñones a Evaristo–, antes de entrar en uno reciente coloquio sobre el impactante tema de “los aspectos éticos de la maternidad subrogada”.

Confiamos en que nuestro Club 55 siga creciendo en número de socios y voces, ayudando a muchas personas a dar su tiempo a los demás, y acercándonos todos más a Dios, apoyados unos en los otros.