En 1967, durante su primera visita a Pozoalbero —una finca a las afueras de Jerez de la Frontera (Cádiz) convertida en casa de retiros—, un grupo de amigos de Sevilla, que con los años se conocería como El Cuadro, le cantó una sevillana a san Josemaría.
Fue el comienzo de algo que se repitió en 1968 y en el viaje que hizo a España en 1972, y que después, ya con sus sucesores, volvió a sonar en 1993, 2009 y 2023.
En Andalucía, cuentan quienes empezaron esta costumbre, así es como se expresa la alegría: «con coplas que brotan del corazón». Esas coplas, compuestas para la ocasión y cantadas en tertulias improvisadas, son las que recogemos aquí, junto con un vídeo reciente en el que el grupo, ya mayores, ha vuelto a cantarlas juntos.
«Dos de octubre en Pozoalbero, Dios mío, ¡qué felicidad!»
San Josemaría llegó a Pozoalbero el 29 de septiembre de 1968, con casi una semana de retraso: una huelga en el puerto de Nápoles le había impedido embarcar en la fecha prevista. Se quedó hasta el 4 de octubre.
Ver el folleto «La Sevilla que vio San Josemaría»
Explicó a los que le rodeaban que aquel viaje era, ante todo, una peregrinación —quería visitar varios santuarios marianos y rezar por la Iglesia—, y que, aunque le habría gustado celebrar la fiesta del 2 de octubre en Roma con los estudiantes del Colegio Romano, de tantas nacionalidades, Dios había querido que la pasara allí, en Andalucía.
«Cada rincón de la casa le enamoraba», recuerda uno de los que estuvieron con él aquellos días. Entre la oración y las visitas a los santuarios, hubo también sitio para las tertulias con los suyos, y en la primera de ellas, aquel grupo de amigos le cantó esta sevillana, celebrando que por fin había conseguido llegar:
Lo has conseguío,
Paloma, lo has conseguío,
lo has conseguío,
y al Padre a Pozoalbero,
Paloma, lo has conseguío,
y al Padre a Pozoalbero,
Paloma, te lo has traío.
Esperáte un poco,
que se quede unos días, Paloma,
esperáte un poco,
que se quede unos días,
Paloma, junto a nosotros.
Le cantaremos
fandangos y sevillanas, Paloma,
le cantaremos
y mientras esté aquí el Padre,
Paloma, mejor seremos.
El día 2 de octubre, fiesta de la fundación del Opus Dei —se cumplían entonces cuarenta años—, le pidieron un brindis. San Josemaría respondió con una frase que hoy sigue grabada en un repostero del comedor de la casa: «Siempre fieles, siempre alegres, con alma y con calma».
Esa tarde, con gente que había llegado desde Sevilla para la ocasión, sonó una sevillana escrita para el momento. «No sabíamos muy bien cómo mostrarle el cariño que sentíamos —cuenta uno de los que la compuso—, así que montamos entre varios unas letras, y de esa manera se nos ocurrió decirlo: cantando». Era, dice, «una manifestación del cariño que le brotaba a todo el mundo». Esta es la sevillana:
Dos de octubre en Pozoalbero,
Dios mío, ¡qué felicidá!
¡Dios mío qué felicidá!,
el Padre está con nosotros,
vaya tela de verdá,
si siempre estamos contentos,
hoy ya no te digo ná.
Hoy hace cuarenta años
que el Dios de los gitanillos
amando a la humaniá
esta Obra tan bonita
al Padre quiso enseñá.
Vamo a ve si respondemos
a esta llamada divina,
sí queda sangre en las vena
y a portarse como tíos
¡Fieles que vale la pena!
Después de aquella tarde, el grupo decidió que no quería que quedara en un gesto de una sola vez. «Hablábamos de que teníamos que seguir», cuenta uno de ellos, y así, en las reuniones que tenían entre ellos, fueron sacando letras nuevas cada vez que había ocasión.
Una rama que no se separa del tronco
Una de las sevillanas de aquel viaje de 1972 fue esta, cantada primero al propio san Josemaría y, desde entonces, repetida cada vez que ha habido ocasión: a don Álvaro del Portillo en una tertulia en Pozoalbero en 1993, a don Javier Echevarría en Sevilla en 2009, y a don Fernando en 2023. Es la misma letra, pensada para durar:
Bendita sea la rama
que al tronco sale,
que al tronco sale,
bendita sale la rama
que al tronco sale,
bendita sea la rama
que al tronco sale,
que al tronco sale,
y mientras chupe la savia,
no se decae,
y mientras chupe la savia,
no se decae.
Rama querida,
rama querida,
rama querida,
separarse del tronco
es perder la vida…
Amor como el que siento
no es lo corriente,
no es lo corriente,
amor como el que siento
no es lo corriente,
no es lo corriente,
amor como el que siento
no es lo corriente,
no es lo corriente,
contra viento y marea
no se resiente,
contra viento y marea
no se resiente.
Amar sin miedo,
amar sin miedo,
amar sin miedo,
que después de muerte,
viene lo güeno.
Las tormentas se marchan,
viene el buen tiempo.
viene el buen tiempo
Las tormentas se marchan,
viene el buen tiempo.
Las tormentas se marchan,
viene el buen tiempo.
Viene el buen tiempo,
el viento solo arranca
lo que está seco,
que nadie crea,
que nadie crea,
que nadie crea,
que las rocas se marchan
con la marea.
El Cuadro, todavía cantando
A la guitarra estaban Carlos Hidalgo y Paco Fabián; a la pandereta, Pepe Morales, al que llamaban «el divino»; y cantando, entre otros, Pepe Espinar —«el espinacas»—, Rafa Olivares, José María Jara y Manolo Fernández. Con los años, muchos de ellos han seguido cantando estas mismas sevillanas en tertulias y excursiones, como un modo de volver a aquellos primeros años y de recordarse a sí mismos el espíritu con el que empezaron.
Ahora, ya mayores, han querido volver a cantarlas juntos, y ese momento ha quedado recogido en un vídeo que acompaña este artículo. Casi sesenta años después de aquella primera vez, la letra sigue diciendo lo mismo: fidelidad, alegría, y un cariño que —como cantaban— «mientras chupe la savia, no se decae».
