San Josemaría, capellán del Patronato de Enfermos

San Josemaría entre los enfermos de Madrid (1927-1931)

Josemaría Escrivá de Balaguer, entonces un joven sacerdote, se trasladó a mediados de abril de 1927 desde Zaragoza a Madrid, y fue nombrado capellán del Patronato de Enfermos en junio. Se explica la rapidez con que esta designación se llevó a cabo si se tiene en cuenta que don Josemaría residía desde el mes de mayo en la Casa Sacerdotal, calle de Larra, n. 3, centro dependiente del Patronato de Enfermos y que tanto el sacerdote como la presidenta del patronato, Luz Rodríguez-Casanova, tenían interés en llegar cuanto antes a este acuerdo.

En febrero de 1926, Rodríguez-Casanova había obtenido en Roma el nihil obstat para la erección diocesana de la Congregación de Damas Apostólicas que había fundado. Una vez recibido este documento, hacia febrero de 1927, decidido el obispo de Madrid-Alcalá a erigir próximamente esta nueva congregación, la autorizó a instalarse con la primera comunidad de las damas en la sede del Patronato de Enfermos de Santa Engracia, n. 13. Luz Rodríguez-Casanova, entre otras medidas, gestionó enseguida el nombramiento de un capellán, el joven sacerdote don Lino Vea-Murguía , pero por estar éste sujeto al servicio militar, desde mayo sólo contaba con el segundo capellán, don Norberto Rodríguez, un sacerdote mayor y celoso que años atrás se había agotado trabajando en el suburbio de Peñagrande.

En ese contexto, se entiende que en alguna de las visitas de Luz Rodríguez- Casanova a la Casa Sacerdotal, erigida por ella misma hacía un año, oyera hablar del celo del joven sacerdote aragonés, Josemaría Escrivá de Balaguer, que se alojaba en aquel lugar. Pudo saber que el nuevo residente se preparaba para obtener el doctorado en derecho y se encontraba necesitado de conseguir cuanto antes un lugar donde ejercer su ministerio sacerdotal, y le ofreció la posibilidad de trabajar en el Patronato de Enfermos.

Tal como nos la describen sus biógrafos, Luz Rodríguez-Casanova, a sus 54 años, tenía un aspecto sumamente venerable. Se reflejaba en ella una gran dignidad, decisión y energía. Realmente, su determinación y ardor contagiaban.

Doña Luz debió de intuir que había encontrado al sacerdote que necesitaba, a la medida del apostolado que se hacía en y desde el patronato. Y don Josemaría debió comprender también que aquella mujer, cuatro años mayor que su madre, muy de Dios y llena de celo apostólico, le abría las puertas de una labor sacerdotal amplia y eficaz. Fue Rodríguez-Casanova quien tramitó personalmente el asunto: consiguió que el 8 de junio dieran a don Josemaría licencias ministeriales completas para que fuese su nuevo capellán10.

Cuando tomó posesión de su cargo, estaba naciendo la nueva congregación. San José María Rubio, que era su director, acababa de predicar unos ejercicios espirituales para ayudar a Luz Rodríguez-Casanova en la formación de las primeras candidatas. Y, finalmente, la víspera de la fiesta del Sagrado Corazón, 23 de junio, unos días después de que don Josemaría comenzara a trabajar como capellán, el obispo mons. Leopoldo Eijo y Garay comunicó a Rodríguez-Casanova que el día siguiente quedaría erigida la Congregación de las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón. Aunque don Josemaría no intervino para nada, ni entonces ni después, en la vida interna de la congregación, era consciente de la riqueza de aquel fenómeno eclesial.

Las primeras postulantes fueron: la fundadora, Luz Rodríguez-Casanova García San Miguel; Adela Ventura Martínez; Dolores Martínez Carrillo de Albornoz; Isabel Urdangarín Carrillo de Albornoz; Asunción Muñoz González; María Onís Giorla; Amparo de Miguel Reina; Pilar García Romanillos; Cristina Gordon Rodríguez-Casanova y Josefa Soler Molins11.