Relaciones con eclesiásticos

Francisco Ponz. MI ENCUENTRO CON EL FUNDADOR DEL OPUS DEI. Madrid, 1939-1944

El Padre sentía gran veneración y cariño por todos los obispos y nos inculcaba ese mismo afecto. Debíamos mantener con ellos un trato lleno de respeto y delicadeza, aunque también muy confiado, sencillo. Solía visitarles en sus viajes para contar con su conformidad antes de iniciar allí la labor o para hablarles de las actividades que se hacían. En bastantes ocasiones ellos le invitaban a almorzar e incluso a que se alojara en su casa, y él trataba de corresponderles animándoles a que vinieran a conocer Diego de León y almorzaran con él. Ese trato fa miliar se extendía a otros eclesiásticos, diocesanos o religiosos. Era frecuente, durante mis años de residencia en aquella casa, que el Padre recibiera muchas de esas visitas, que atendía siempre con cordialidad, aunque a veces se encontrara agotado o enfermo. Con su fe firme, su sentido sobrenatural, su gracejo humano y su habitual alegría, hacía pasar a sus invitados horas muy agradables, les explicaba el espíritu del Opus Dei y quedaban reafirmados en su amor a la Iglesia y en su esperanza, al contemplar los horizontes de santidad y apostolado en el mundo que el Padre ponía ante sus ojos.

Bien sabía el Padre que el contacto vivo con la realidad del Opus Dei enseña a comprender su espíritu más que muchas palabras. Por eso invitaba a estos eclesiásticos a que nos celebraran la misa y a que estuvieran algún rato de tertulia con todos o con algunos de los que allí vivíamos. El Padre nos hacía ver que al obispo sólo le suelen llegar los problemas, las quejas y las malas noticias, y que lo nuestro debía ser contarles cosas positivas, esperanzadoras o divertidas, procurando que pasaran un buen rato. Además, ante las calumnias desatadas por entonces, muchos de ellos querían expresar con su presencia el cariño que sentían por el Padre, la confianza que tenían en el Opus Dei y su cordial apoyo.

Entre los Prelados que vinieron por Diego de León, recuerdo al obispo de Madrid y a su Vicario General y luego obispo Auxiliar; a los obispos de Astorga, Ávila, Burgos, Cuenca, Granada, León, Palencia, Pamplona, Tuy-Vigo, Valencia, Valladolid, Vitoria; pero en ocasiones venían varios a la vez, lo que nos dificultaba saber de dónde eran. El Nuncio, Mons. Cicognani, estuvo varias veces. Don Casimiro Morcillo vino con bastante frecuencia, antes y después de su ordenación episcopal, que tuvo lugar en 1943. Un día en que estuvieron almorzando los obispos de Madrid y de Vitoria, al despedirse quisieron darnos su bendición a la vez, para expresar de ese modo su cariño: "Esto es lo mejor que tenemos", comentaron.

También muchos sacerdotes y religiosos visitaban al Padre y pasaban horas o días en Diego de León. De algunos guardo particular recuerdo. Avanzado mayo de 1942 estuvo Fray Justo Pérez de Urbel, que quiso dejar su autógrafo en una fotografía que representaba el claustro del Monasterio de Silos con el ciprés al que había dedicado un poema. Y comentó: "Hasta ahora mi corazón estaba encerrado entre las cuatro paredes de mi claustro; desde ahora está encerrado allí y también dentro de esta casa". Don Sebastián Cirac, sacerdote de Caspe y catedrático de Latín en la Universidad de Barcelona, venía a Jenner y a Diego de León con bastante frecuencia, celebraba la misa en nuestros centros, asistía a tertulias y tenía gran confianza con el Padre.

Mantenía con el Padre una antigua y profunda amistad el religioso agustino Fray José López Ortiz, catedrático de Historia del Derecho en la Universidad de Madrid, que en 1944 fue designado obispo de Tuy-Vigo; era además uno de los que venían casi todas las semanas para confesar, y con él me estuve confesando yo bastante tiempo. Nuestro trato con él era muy confiado y cariñoso.

En varias ocasiones estuvieron en Diego de León el Padre Manuel Suárez, Rector del Angelicum, de Roma, que fue después Maestro General de la Orden de Predicadores; otros dominicos, como el Padre Maximiliano Canal, profesor de Teología en El Laterano de Roma, y el Padre Severino, profesor de Derecho Canónico del Angelicum de Roma. El Padre Canal pasó unos días de septiembre de 1943, con su hermano Alejandro, viviendo en Diego de León. Al despedirse el día 10, nos decía que si antes sólo nos conocía por los documentos que sobre el Opus Dei había tenido ocasión de estudiar en Roma, desde entonces sabía de la Obra y de nuestra vida por experiencia personal. También venían con frecuencia otro dominico, el Padre Sancho, Rector de la Universidad de Santo Tomás de Manila, y don Pedro Altabella, que era canónigo de San Pedro de Roma, y había atendido allí con mucho afecto a José Orlandis y a Salvador Canals.

Recuerdo la visita del Abad Coadjutor de Montserrat, Aurelio María Escarré. Don Josemaría había mantenido relación con él, a propósito sobre todo de su defensa de la Obra ante los fuertes ataques contra el Opus Dei que desde finales de 1940 habían surgido en algunos ambientes religiosos de Barcelona.